Historia Arquidiócesis

“¡Qué hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que traen buenas noticias!” (Rom. 10,15).

Invaluable fue la labor de los misioneros que recorrieron mares, sierras y desiertos para traer el anuncio de Cristo, Señor de la historia, que con su entrega y testimonio han marcado nuestro rostro religioso y anhelos pastorales. Con el establecimiento de las misiones se emprendía la ardua tarea de inculturar a los indígenas la cual consistía, además de las enseñanzas religiosas y sociales, en la capacitación para mejores formas de vida y sustento, con quehaceres como la agricultura, la ganadería, la construcción de chozas y prendas de vestir (I Plan Diocesano de Pastoral 1989-1994, n. 054 ).

La conquista espiritual se logró, desde el inicio, por el amor y el celo pastoral de los padres Jesuitas, llegando al corazón de los que habitaban estas tierras (pericués, guaicuras y cochimíes). El gran apóstol mariano Juan María de Salvatierra, el 25 de octubre de 1697, entra en procesión con la Virgen de Loreto quien bajo su amparo y patrocinio en comendó la obra evangelizadora, llamándola conquistadora de estas tierras, “vive María, reina María, vence María”.

Los padres Jesuitas fueron expulsados de la Península en febrero de 1768, y el primero de abril del mismo año llegaron los misioneros franciscanos cuyo superior era Fray Junípero Serra, ahora beato, quien partió hacia la Alta California, dejando como superior al padre Francisco Palou; éste, a su vez, entregó las misiones a los Padres Dominicos el 12 de mayo de 1773, al padre Vicente Mora, quienes duraron hasta la consumación de la Independencia en 1821. Posteriormente se llevó a cabo la secularización de las misiones en 1833.

Al mismo tiempo que se detecta una riqueza espiritual y cultural con la presencia de los Padres Jesuitas, Franciscanos y Dominicos, se advierte por otra parte un período de ausencia pastoral por falta de sacerdotes y medios económicos hasta 1939. A pesar de estas adversidades el pueblo se mantuvo fiel.

La lejanía, la separación y la naturaleza agreste e inhóspita de esta tierra sólo pudo ser conquistada por la Cruz, la Virgen María y la audacia de los misioneros. Nuestra cultura tiene sus raíces en la obra social y cultural de los misioneros.

Después de largos años de ausencia sacerdotal, el papa Pío XII encomendó a los Padres Misioneros del Espíritu Santo la obra evangelizadora; y después fue confiada la administración del Vicariato a Mons. Felipe Torres Hurtado, tomando posesión el 12 de diciembre de 1939. Pastor celoso, sensible a los cambios y con visión pastoral trasladó la sede del Vicariato de La Paz, B.C.S. a Ensenada, B.C., en diciembre de 1940.

Con espíritu misionero impulsó las vocaciones sacerdotales, suplió la escasez sacerdotal con el apoyo de las congregaciones femeninas y la Tercera Orden de los Hermanos Franciscanos; además abrió hospitales, escuelas, orfanatorios; pero sobre todo fundó el Seminario. Con esta nueva etapa de evangelización en Baja California comenzó “La Segunda Conquista Espiritual”.

Don Alfredo Galindo y Mendoza es nombrado por el papa Pío XII Vicario Apostólico de Baja California el 9 de diciembre de 1948. El 28 de enero de 1949 tomó posesión. Da continuidad a las obras de evangelización de su antecesor. Al mismo tiempo nace el Vicariato de La Paz, B.C.S., encomendada a los Padres Combonianos.

La Iglesia misionera nacida en Pentecostés (Cfr. Hech 2, 1- 4), infundió en los Apóstoles su fuerza para proclamar a Cristo muerto y resucitado. Es el mismo Espíritu que desciende en el nacimiento de nuestra Iglesia diocesana el 24 de enero de 1964 por la bula Pro Apostolico Munere de su SS. Paulo VI por la que quedaba erigida la Diócesis de Tijuana con Mons. Alfredo Galindo y Mendoza como su primer Obispo. Impulsó la educación de la niñez y jóvenes abriendo colegios; construyó capillas, hospitales y se preocupó por la formación de los futuros sacerdotes. La Virgen de Loreto recibe el título de Conquistadora y Patrona de las Californias como lo decretó el Papa Pablo VI en la Bula del 4 de Marzo de 1967.

El 14 de junio de 1970 fue ordenado como II Obispo de Tijuana Mons. Juan Jesús Posadas Ocampo. Hombre alegre, sencillo, amable y atento. Gran apóstol, misionero y de intensa labor apostólica. Desde su llegada emprendió el reto de organizar la pastoral diocesana en una espiritualidad de comunión. Impulsó la pastoral juvenil, vocacional, familiar. Coordinó los movimientos apostólicos y laicales. Estructuró los consejos presbiteral y pastoral. Dividió la diócesis en decanatos. Fue nombrado Obispo de la diócesis de Cuernavaca, después Arzobispo Cardenal de Guadalajara, y muerto mártir en el año 1993.

El 25 de julio de 1983, fue ordenado como III Obispo de Tijuana Mons. Emilio Carlos Berlie Belaunzarán, actual Arzobispo de Yucatán. Personaliza la actitud en las formas, métodos y técnicas de la Iglesia postconciliar. Generó una activa presencia de todos los fieles en las actividades pastorales. Realizó el I Plan de Pastoral 1989- 1994, con el apoyo invaluable de Mons. Jorge Jiménez, actual Arzobispo de Cartagena, Colombia. Se camina hacia una pastoral planificada donde “El pueblo de Dios, de esta Iglesia particular de Tijuana, se constituirá en Asamblea Eclesial Diocesana la semana del lunes 17 al viernes 21 del próximo mes de octubre” (Carta circular, 20 de septiembre de 1988). Se vive el primer Jubileo con la celebración de los 25 años de la Diócesis, impulsó la formación sacerdotal y contribuyó para que la beata madre Teresa de Calcuta fundara en Tijuana una Casa de los Misioneros de la Caridad.

El 24 de febrero de 1996, Mons. Rafael Romo Muñoz, fue ordenado IV Obispo de esta Iglesia particular. Desde su llegada a esta diócesis ha cosechado los frutos que sus antecesores sembraron, por eso su compromiso de responder a los retos pastorales que se viven cada día, especialmente las vocaciones, la formación de los presbíteros y de los laicos. Al igual se agradece al santo Padre en elevar a sede Metropolitana esta Diócesis el 25 de noviembre de 2006, y a su obispo como primer Arzobispo, tal acontecimiento lo se hizó oficial el 29 de enero de 2007 con una magna celebración Eucarística con todo el pueblo de Dios. El caminar de nuestra historia como Iglesia, se fortalece por el impulso del Espíritu Santo que la guía y la sostiene, por ello fue de gran alegría el nacimiento de la Diócesis de Ensenada el 25 de abril de 2007. Además de nuestro presbiterio han salido tres Obispos diocesanos y un religioso al servicio de nuestra Iglesia en México.