¿Quiénes son nuestros líderes?

En una sociedad rural, como la de Jesús, la del Pastor era una imagen próxima, conocida y asimilable. Hoy, la figura del pastor queda lejana. Apenas se cruza con nosotros cuando recorremos las carreteras y nos parece un vestigio pasado. No tenemos pastores. Quizás hoy habría que hablar de los líderes. ¿Cuales son hoy los líderes que acaparan nuestra atención y que nos marcan el camino? Ante todo son los políticos. Pues la política tiene una importancia decisiva en la vida de la comunidad. No se puede vivir en sociedad sin estar bien organizados y la más importante de las organizaciones sociales, es, sin duda, el Estado a cuyo frente se encuentran los políticos. Hay otros líderes: los triunfadores en el mundo del arte, de los medios y los negocios. Aquellos que dominan en los poderes fácticos, los que ocupan las portadas de las revistas especializadas, los que imponen las leyes del mercado que están lejos de las "ovejas" y que, por supuesto, ni las conocen.En tiempos de Jesús también habría líderes de esta clase. Ninguno de ellos conocía a las "ovejas", ninguno vivía con ellas, ninguno estaba dispuesto a arriesgar su vida para salvarlas de un peligro.Pero surgió otro líder. Un líder poderoso, auténtico, veraz, valiente. De pronto en aquella insignificante región del mundo entonces conocido, se oyó la voz de un líder que decía cosas nuevas. Un líder que no tenía dónde reclinar su cabeza pero al que no le importaba acudir a las fiestas de un hombre "poderoso", para llenar de gracia y de sentido común su casa. De repente surgió un líder cuya voz, cuyo eco sigue resonando y golpeando conciencias.Pero el problema es que nuestros líderes apenas merecen la pena. Nos falta una figura que viva lo que dice, que esté cerca de sus hermanos, que se adentre con ellos por los difíciles y angustiosos caminos de la vida y que esté dispuesto a recorrerlos palmo a palmo sin desfallecer.Cada cristiano debería ser un líder capaz de captar la atención del mundo y de recordar que los hombres pueden vivir, respirar y sentirse creadores. 

Monseñor Salvador Cisneros

Parroquia Santa Teresa de Ávila 

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