Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña

Lectura

Evangelio según San Mateo 21,33-34.45-46.

Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos. Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos. Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta.

 

ORATIO

Padre Santo, viñador celestial, queremos cantar tu inconcebible amor por la viña que tu mano plantó y que confiaste a viñadores infieles y hostiles; nos reconocemos también entre ellos, por ignorancia, por superficialidad.

También queremos cantar tu amor por tu Hijo predilecto, que has enviado en el momento oportuno, diciendo: A mi hijo lo respetarán”. Era justo, bueno, manso. Lo vieron aquellos viñadores y le odiaron. ¡Qué gran vendimia en este tiempo de gracia! Y nosotros estábamos allá mirando y ninguno le defendió…

Padre, ¡qué infinito amor te llevó a entregar a tu Hijo, el Amado, como precio altísimo por el rescate de tu viña, la amada infiel! ¡Qué locura de amor te mueve hoy, Padre bueno, a entregar a tu Hijo en nuestras manos, sabiendo que son capaces de ejercer violencia!

 

Mons. Salvador Cisneros

Parroquia Santa Teresa de Ávila