El mandamiento del amor

Las lecturas de hoy nos han centrado claramente en la consigna del amor como el programa prioritario de los cristianos. La carta y el evangelio de san Juan nos proponen el tema del amor con una "lógica" que nos podría parecer un poco extraña.

Ante todo, nos asegura que Dios es amor. No somos nosotros los que amamos primero. Es él el que nos ha amado, anticipándose a nosotros. Y lo ha demostrado en toda la historia, sobre todo en su momento central, cuando hace ahora dos mil años nos envió a Cristo su Hijo.

La mejor prueba del amor de Dios la tenemos precisamente en la Pascua que estamos celebrando desde hace cinco semanas: ha resucitado a Jesús y en él a todos nosotros, comunicándonos su vida. De Dios podemos resaltar su inmenso poder, su sabiduría, su santidad. Pero hoy hemos escuchado una definición sorprendente: Dios es amor. Y ahí está el punto de partida de todo.

Un segundo paso es constatar que Cristo Jesús es la personificación perfecta de ese amor: "Como el Padre me ha amado, así os he amado yo". En Cristo vemos el amor de Dios en acción. Cristo nos muestra su amor: "Ya no os llamo siervos, os llamo amigos". Y lo puede decir con pleno derecho, porque es el que mejor ha hecho realidad esa palabra: "Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos".

El Cristo de la Pascua, el entregado a la muerte y resucitado a la vida, es el que puede hablar de amor. En la misma escena en que dice estas palabras -su cena de despedida- hará con sus discípulos un adelanto simbólico de su entrega en la cruz: se ciñe la toalla y les lava los pies. El amor del que sirve, del que se entrega hasta el final, del que no se busca a sí mismo.

Y ahora viene la conclusión. Amaos unos a otros: Es el tercer momento de esta propuesta del amor. Una conclusión que parece como que rompe la lógica, porque se podría suponer que acabara de otro modo: si Dios os ama, si yo os he demostrado mi amor, responded vosotros con vuestro amor a Dios y a mí. Y sin embargo, la conclusión de Jesús es otra: "Amaos unos a otros". Es una lógica sorprendente, pero que Juan subraya una y otra vez. Sólo el que ama a los demás "ha nacido de Dios", sólo el que ama "conoce a Dios".

 

Mons. Salvador Cisneros G.

Parroquia Santa Teresa de Ávila

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