Quiero, queda limpio

Viernes

Evangelio: Mateo 8,1-4

Cuando Jesús bajó del monte, le siguió mucha gente. Entonces se le acercó un leproso y se postró ante él, diciendo: -Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano, le tocó y le dijo: -Quiero, queda limpio. Y al instante quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: -No se lo digas a nadie, pero ve, preséntate al sacerdote y lleva la ofrenda prescrita por Moisés, para que tengan constancia de tu curación.

ORATIO
Te contemplo presente y operante en mí, oh Señor, ahora que te he recibido en la comunión. Me postro en adoración ante ti y te doy, huésped divino, aquel beso que esperaste en vano de Simón el fariseo, que te había invitado a comer en su casa (cf. Lc 7,45). Pienso en mis llagas y digo, con todo el arrebato de mi fe: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Secundo tu acción, dado que el contacto que has establecido con mi cuerpo en la comunión va mucho más allá que el de un simple toque, aunque sea taumatúrgico. Tú que vives en mí haz pasar a mis miembros el fruto de tu pasión y de tu resurrección.

 

Mons. Salvador Cisneros

Parroquia Santa Teresa de Ávila

 

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