{"id":14904,"date":"2024-05-14T13:14:12","date_gmt":"2024-05-14T20:14:12","guid":{"rendered":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/?p=14904"},"modified":"2024-05-14T13:14:12","modified_gmt":"2024-05-14T20:14:12","slug":"%f0%9d%90%81%f0%9d%90%94%f0%9d%90%8b%f0%9d%90%80-%f0%9d%90%83%f0%9d%90%84-%f0%9d%90%82%f0%9d%90%8e%f0%9d%90%8d%f0%9d%90%95%f0%9d%90%8e%f0%9d%90%82%f0%9d%90%80%f0%9d%90%82%f0%9d%90%88%f0%9d%90%8e","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/%f0%9d%90%81%f0%9d%90%94%f0%9d%90%8b%f0%9d%90%80-%f0%9d%90%83%f0%9d%90%84-%f0%9d%90%82%f0%9d%90%8e%f0%9d%90%8d%f0%9d%90%95%f0%9d%90%8e%f0%9d%90%82%f0%9d%90%80%f0%9d%90%82%f0%9d%90%88%f0%9d%90%8e\/","title":{"rendered":"\ud835\udc01\ud835\udc14\ud835\udc0b\ud835\udc00 \ud835\udc03\ud835\udc04 \ud835\udc02\ud835\udc0e\ud835\udc0d\ud835\udc15\ud835\udc0e\ud835\udc02\ud835\udc00\ud835\udc02\ud835\udc08\ud835\udc0e\u0301\ud835\udc0d \ud835\udc03\ud835\udc04\ud835\udc0b \ud835\udc09\ud835\udc14\ud835\udc01\ud835\udc08\ud835\udc0b\ud835\udc04\ud835\udc0e \ud835\udc03\ud835\udc04\ud835\udc0b \ud835\udc00\ud835\udc0d\u0303\ud835\udc0e \ud835\udfd0\ud835\udfce\ud835\udfd0\ud835\udfd3: \u201c\ud835\udc0b\ud835\udc00 \ud835\udc04\ud835\udc12\ud835\udc0f\ud835\udc04\ud835\udc11\ud835\udc00\ud835\udc0d\ud835\udc19\ud835\udc00 \ud835\udc0d\ud835\udc0e \ud835\udc03\ud835\udc04\ud835\udc05\ud835\udc11\ud835\udc00\ud835\udc14\ud835\udc03\ud835\udc00&#8221;"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong><em>SPES NON CONFUNDIT<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>BULA DE CONVOCACI\u00d3N DEL JUBILEO ORDINARIO<br \/>\nDEL A\u00d1O 2025<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">FRANCISCO<br \/>\nOBISPO DE ROMA<br \/>\nSIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS<br \/>\nA CUANTOS LEAN ESTA CARTA LA ESPERANZA LES COLME EL CORAZ\u00d3N<\/p>\n<ol>\n<li style=\"text-align: justify;\">\u00ab<em>Spes non confundit<\/em>\u00bb, \u00abla esperanzano defrauda\u00bb (<em>Rm<\/em>\u00a05,5). Bajo el signo de la esperanza el ap\u00f3stol Pablo infund\u00eda aliento a la comunidad cristiana de Roma. La esperanza tambi\u00e9n constituye el mensaje central del pr\u00f3ximo Jubileo, que seg\u00fan una antigua tradici\u00f3n el Papa convoca cada veinticinco a\u00f1os. Pienso en todos los\u00a0<em>peregrinos de esperanza\u00a0<\/em>que llegar\u00e1n a Roma para vivir el A\u00f1o Santo y en cuantos, no pudiendo venir a la ciudad de los ap\u00f3stoles Pedro y Pablo, lo celebrar\u00e1n en las Iglesias particulares. Que pueda ser para todos un momento de encuentro vivo y personal con el Se\u00f1or Jes\u00fas, \u00abpuerta\u00bb de salvaci\u00f3n (cf.\u00a0<em>Jn<\/em>\u00a010,7.9); con \u00c9l, a quien la Iglesia tiene la misi\u00f3n de anunciar siempre, en todas partes y a todos como \u00abnuestra esperanza\u00bb (<em>1 Tm<\/em>\u00a01,1).<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos esperan. En el coraz\u00f3n de toda persona anida la esperanza como deseo y expectativa del bien, aun ignorando lo que traer\u00e1 consigo el ma\u00f1ana. Sin embargo, la imprevisibilidad del futuro hace surgir sentimientos a menudo contrapuestos: de la confianza al temor, de la serenidad al desaliento, de la certeza a la duda. Encontramos con frecuencia personas desanimadas, que miran el futuro con escepticismo y pesimismo, como si nada pudiera ofrecerles felicidad. Que el Jubileo sea para todos ocasi\u00f3n de reavivar la esperanza. La Palabra de Dios nos ayuda a encontrar sus razones. Dej\u00e9monos conducir por lo que el ap\u00f3stol Pablo escribi\u00f3 precisamente a los cristianos de Roma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Una Palabra de esperanza<\/em><\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"2\">\n<li>\u00abJustificados, entonces, por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Se\u00f1or Jesucristo. Por \u00e9l hemos alcanzado, mediante la fe, la gracia en la que estamos afianzados, y por \u00e9l nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. [&#8230;] Y la esperanza no quedar\u00e1 defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Esp\u00edritu Santo, que nos ha sido dado\u00bb (<em>Rm<\/em>5,1-2.5). Los puntos de reflexi\u00f3n que aqu\u00ed nos propone san Pablo son m\u00faltiples. Sabemos que la Carta a los Romanos marca un paso decisivo en su actividad de evangelizaci\u00f3n. Hasta ese momento la hab\u00eda realizado en el \u00e1rea oriental del Imperio y ahora lo espera Roma, con todo lo que esta representa a los ojos del mundo: un gran desaf\u00edo, que debe afrontar en nombre del anuncio del Evangelio, el cual no conoce barreras ni confines. La Iglesia de Roma no hab\u00eda sido fundada por Pablo, pero \u00e9l sent\u00eda<strong>\u00a0<\/strong>vivo el deseo de llegar all\u00ed pronto para llevar a todos el Evangelio de Jesucristo, muerto y resucitado, como anuncio de la esperanza que realiza las promesas, conduce a la gloria y, fundamentada en el amor, no defrauda.<\/li>\n<li>La esperanza efectivamente nace del amor y se funda en el amor que brota del Coraz\u00f3n de Jes\u00fas traspasado en la cruz: \u00abPorque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho m\u00e1s ahora que estamos reconciliados, seremos salvados por su vida\u00bb (<em>Rm<\/em>5,10). Y su vida se manifiesta en nuestra vida de fe, que empieza con el Bautismo; se desarrolla en la docilidad a la gracia de Dios y, por tanto, est\u00e1 animada por la esperanza, que se renueva siempre y se hace inquebrantable por la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">En efecto, el Esp\u00edritu Santo, con su presencia perenne en el camino de la Iglesia, es quien irradia en los creyentes la luz de la esperanza. \u00c9l la mantiene encendida como una llama que nunca se apaga, para dar apoyo y vigor a nuestra vida. La esperanza cristiana, de hecho, no enga\u00f1a ni defrauda, porque est\u00e1 fundada en la certeza de que nada ni nadie podr\u00e1 separarnos nunca del amor divino: \u00ab\u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 entonces separarnos del amor de Cristo? \u00bfLas tribulaciones, las angustias, la persecuci\u00f3n, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada? [&#8230;]<sup>\u00a0<\/sup>Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria, gracias a aquel que nos am\u00f3. Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los \u00e1ngeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podr\u00e1 separarnos jam\u00e1s del amor de Dios, manifestado en Cristo Jes\u00fas, nuestro Se\u00f1or\u00bb (<em>Rm<\/em>\u00a08,35.37-39). He aqu\u00ed porqu\u00e9 esta esperanza no cede ante las dificultades: porque se fundamenta en la fe y se nutre de la caridad, y de este modo hace posible que sigamos adelante en la vida. San Agust\u00edn escribe al respecto: \u00abNadie, en efecto, vive en cualquier g\u00e9nero de vida sin estas tres disposiciones del alma: las de creer, esperar, amar\u00bb.<sup>[1]<\/sup><\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"4\">\n<li>San Pablo es muy realista. Sabe que la vida est\u00e1 hecha de alegr\u00edas y dolores, que el amor se pone a prueba cuando aumentan las dificultades y la esperanza parece derrumbarse frente al sufrimiento. Con todo, escribe: \u00abM\u00e1s a\u00fan, nos gloriamos hasta de las mismas tribulaciones, porque sabemos que la tribulaci\u00f3n produce la constancia; la constancia, la virtud probada; la virtud probada, la esperanza\u00bb (<em>Rm<\/em>5,3-4). Para el Ap\u00f3stol, la tribulaci\u00f3n y el sufrimiento son las condiciones propias de los que anuncian el Evangelio en contextos de incomprensi\u00f3n y de persecuci\u00f3n (cf.\u00a0<em>2 Co<\/em>\u00a06,3-10). Pero en tales situaciones, en medio de la oscuridad se percibe una luz; se descubre c\u00f3mo lo que sostiene la evangelizaci\u00f3n es la fuerza que brota de la cruz y de la resurrecci\u00f3n de Cristo. Y eso lleva a desarrollar una virtud estrechamente relacionada con la esperanza: la\u00a0<em>paciencia<\/em>. Estamos acostumbrados a quererlo todo y de inmediato, en un mundo donde la prisa se ha convertido en una constante. Ya no se tiene tiempo para encontrarse, y a menudo incluso en las familias se vuelve dif\u00edcil reunirse y conversar con tranquilidad. La paciencia ha sido relegada por la prisa, ocasionando un da\u00f1o grave a las personas. De hecho, ocupan su lugar la intolerancia, el nerviosismo y a veces la violencia gratuita, que provocan insatisfacci\u00f3n y cerraz\u00f3n.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Asimismo, en la era del\u00a0<em>internet<\/em>, donde el espacio y el tiempo son suplantados por el \u201caqu\u00ed y ahora\u201d, la paciencia resulta extra\u00f1a. Si aun fu\u00e9semos capaces de contemplar la creaci\u00f3n con asombro, comprender\u00edamos cu\u00e1n esencial<strong>\u00a0<\/strong>es la paciencia. Aguardar el alternarse de las estaciones con sus frutos; observar la vida de los animales y los ciclos de su desarrollo; tener los ojos sencillos de san Francisco que, en su\u00a0<em>C\u00e1ntico de las criaturas<\/em>, escrito hace 800 a\u00f1os, ve\u00eda la creaci\u00f3n como una gran familia y llamaba al sol \u201chermano\u201d y a la luna \u201chermana\u201d<sup>[2]<\/sup>. Redescubrir la paciencia hace mucho bien a uno mismo y a los dem\u00e1s. San Pablo recurre frecuentemente a la paciencia para subrayar la importancia de la perseverancia y de la confianza en aquello que Dios nos ha prometido, pero sobre todo testimonia que Dios es paciente con nosotros, porque es \u00abel Dios de la constancia y del consuelo\u00bb (<em>Rm<\/em>\u00a015,5). La paciencia, que tambi\u00e9n es fruto del Esp\u00edritu Santo, mantiene viva la esperanza y la consolida como virtud y estilo de vida. Por lo tanto, aprendamos a pedir con frecuencia la gracia de la paciencia, que es hija de la esperanza y al mismo tiempo la sostiene.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Un camino de esperanza<\/em><\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"5\">\n<li>Este entretejido de esperanza y paciencia muestra claramente c\u00f3mo la vida cristiana es\u00a0<em>un camino<\/em>, que tambi\u00e9n necesita\u00a0<em>momentos fuertes<\/em>para alimentar y robustecer la esperanza, compa\u00f1era insustituible que permite vislumbrar la meta: el encuentro con el Se\u00f1or Jes\u00fas. Me agrada pensar que fue justamente un itinerario de gracia, animado por la espiritualidad popular, el que precedi\u00f3 la convocaci\u00f3n del primer Jubileo en el a\u00f1o 1300. De hecho, no podemos olvidar las distintas formas por medio de las cuales la gracia del perd\u00f3n ha sido derramada con abundancia sobre el santo Pueblo fiel de Dios. Recordemos, por ejemplo, el gran \u201cperd\u00f3n\u201d que san Celestino V quiso conceder a cuantos se dirig\u00edan a la Bas\u00edlica Santa Mar\u00eda de Collemaggio, en L\u2019Aquila, durante los d\u00edas 28 y 29 de agosto de 1294, seis a\u00f1os antes de que el Papa Bonifacio VIII instituyese el A\u00f1o Santo. As\u00ed pues, la Iglesia ya experimentaba la gracia jubilar de la misericordia. E incluso antes, en el a\u00f1o 1216, el Papa Honorio III hab\u00eda acogido la s\u00faplica de san Francisco que ped\u00eda la indulgencia para cuantos fuesen a visitar la Porci\u00fancula durante los dos primeros d\u00edas de agosto. Lo mismo se puede afirmar para la peregrinaci\u00f3n a Santiago de Compostela; en efecto, el Papa Calixto II, en 1122, concedi\u00f3 que se celebrara el Jubileo en ese Santuario cada vez que la fiesta del ap\u00f3stol Santiago coincidiese con el domingo. Es bueno que esa modalidad \u201cextendida\u201d de celebraciones jubilares contin\u00fae, de manera que la fuerza del perd\u00f3n de Dios sostenga y acompa\u00f1e el camino de las comunidades y de las personas.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">No es casual que\u00a0<em>la peregrinaci\u00f3n<\/em>\u00a0exprese un elemento fundamental de todo acontecimiento jubilar. Ponerse en camino es un gesto t\u00edpico de quienes buscan el sentido de la vida. La peregrinaci\u00f3n a pie favorece mucho el redescubrimiento del valor del silencio, del esfuerzo, de lo esencial. Tambi\u00e9n el a\u00f1o pr\u00f3ximo los\u00a0<em>peregrinos de esperanza<\/em>\u00a0recorrer\u00e1n caminos antiguos y modernos para vivir intensamente la experiencia jubilar. Adem\u00e1s, en la misma ciudad de Roma habr\u00e1 otros<strong>\u00a0<\/strong>itinerarios de fe que se a\u00f1adir\u00e1n a los ya tradicionales de las catacumbas y las siete iglesias. Transitar de un pa\u00eds a otro, como si se superaran las fronteras, pasar de una ciudad a la otra en la contemplaci\u00f3n de la creaci\u00f3n y de las obras de arte permitir\u00e1 atesorar experiencias y culturas diferentes, para conservar dentro de s\u00ed la belleza que, armonizada por la oraci\u00f3n, conduce a agradecer a Dios por las maravillas que \u00c9l realiza. Las iglesias jubilares, a lo largo de los itinerarios y en la misma Urbe, podr\u00e1n ser oasis de espiritualidad en los cuales revitalizar el camino de la fe y beber de los manantiales de la esperanza, sobre todo acerc\u00e1ndose al sacramento de la Reconciliaci\u00f3n, punto de partida insustituible para un verdadero camino de conversi\u00f3n. Que en las Iglesias particulares se cuide de modo especial la preparaci\u00f3n de los sacerdotes y de los fieles para las confesiones y el acceso al sacramento en su forma individual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A los fieles de las Iglesias orientales, en especial a aquellos que ya est\u00e1n en plena comuni\u00f3n con el Sucesor de Pedro, quiero dirigir una invitaci\u00f3n particular a esta peregrinaci\u00f3n. Ellos, que han sufrido tanto por su fidelidad a Cristo y a la Iglesia, muchas veces hasta la muerte, deben sentirse especialmente bienvenidos a esta Roma que es Madre tambi\u00e9n para ellos y que custodia tantas memorias de su presencia. La Iglesia cat\u00f3lica, que est\u00e1 enriquecida por sus antiqu\u00edsimas liturgias, por la teolog\u00eda y la espiritualidad de los Padres, monjes y te\u00f3logos, quiere expresar simb\u00f3licamente la acogida a ellos y a sus hermanos y hermanas ortodoxos, en una \u00e9poca en la que ya est\u00e1n viviendo la peregrinaci\u00f3n del V\u00eda crucis; con la que frecuentemente son obligados a dejar sus tierras de origen, sus tierras santas, de las que la violencia y la inestabilidad los expulsan hacia pa\u00edses m\u00e1s seguros. Para ellos la experiencia de ser amados por la Iglesia \u2014que no los abandonar\u00e1, sino que los seguir\u00e1 adondequiera que vayan\u2014 hace todav\u00eda m\u00e1s fuerte el signo del Jubileo.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"6\">\n<li>El A\u00f1o Santo 2025 est\u00e1 en continuidad con los acontecimientos de gracia precedentes. En el \u00faltimo Jubileo ordinario se cruz\u00f3 el umbral de los dos mil a\u00f1os del nacimiento de Jesucristo. Luego, el 13 de marzo de 2015, convoqu\u00e9 un Jubileo extraordinario con la finalidad de manifestar y facilitar el encuentro con el \u201cRostro de la misericordia\u201d de Dios<sup>[3]<\/sup>, anuncio central del Evangelio para todas las personas de todos los tiempos. Ahora ha llegado el momento de un nuevo Jubileo, para abrir de par en par la Puerta Santa una vez m\u00e1s y ofrecer la experiencia viva del amor de Dios, que suscita en el coraz\u00f3n la esperanza cierta de la salvaci\u00f3n en Cristo. Al mismo tiempo, este A\u00f1o Santo orientar\u00e1 el camino hacia otro aniversario fundamental para todos los cristianos: en el 2033 se celebrar\u00e1n los dos mil a\u00f1os de la Redenci\u00f3n realizada por medio de la pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or Jes\u00fas. Nos encontramos as\u00ed frente a un itinerario marcado por grandes etapas, en las que la gracia de Dios precede y acompa\u00f1a al pueblo que camina entusiasta en la fe, diligente en la caridad y perseverante en la esperanza (cf.\u00a0<em>1 Ts<\/em>1,3).<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Apoyado en esta larga tradici\u00f3n y con la certeza de que este A\u00f1o jubilar ser\u00e1 para toda la Iglesia una intensa experiencia de gracia y de esperanza, dispongo que la Puerta Santa de la Bas\u00edlica de San Pedro, en el Vaticano, se abra a partir del 24 de diciembre del corriente a\u00f1o 2024, dando inicio as\u00ed al Jubileo ordinario. El domingo sucesivo, 29 de diciembre de 2024, abrir\u00e9 la Puerta Santa de la Catedral de San Juan de Letr\u00e1n, que el 9 de noviembre de este a\u00f1o celebrar\u00e1 los 1700 a\u00f1os de su dedicaci\u00f3n. A continuaci\u00f3n, el 1 de enero de 2025, solemnidad de Santa Mar\u00eda, Madre de Dios, se abrir\u00e1 la Puerta Santa de la Bas\u00edlica papal de Santa Mar\u00eda la Mayor. Y, por \u00faltimo, el domingo 5 de enero se abrir\u00e1 la Puerta Santa de la Bas\u00edlica papal de San Pablo extramuros. Estas \u00faltimas tres Puertas Santas se cerrar\u00e1n el domingo 28 de diciembre del mismo a\u00f1o.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Establezco adem\u00e1s que el domingo 29 de diciembre de 2024, en todas las catedrales y concatedrales, los obispos diocesanos celebren la Eucarist\u00eda como apertura solemne del A\u00f1o jubilar, seg\u00fan el Ritual que se preparar\u00e1 para la ocasi\u00f3n. En el caso de la celebraci\u00f3n en una iglesia concatedral el obispo podr\u00e1 ser sustituido por un delegado designado expresamente para ello. Que la peregrinaci\u00f3n desde una iglesia elegida para la\u00a0<em>collectio<\/em>, hacia la catedral, sea el signo del camino de esperanza que, iluminado por la Palabra de Dios, une a los creyentes. Que en ella se lean algunos pasajes del presente Documento y se anuncie al pueblo la indulgencia jubilar, que podr\u00e1 obtenerse seg\u00fan las prescripciones contenidas en el mismo Ritual para la celebraci\u00f3n del Jubileo en las Iglesias particulares. Durante el A\u00f1o Santo, que en las Iglesias particulares finalizar\u00e1 el domingo 28 de diciembre de 2025, ha de procurarse que el Pueblo de Dios acoja, con plena participaci\u00f3n, tanto el anuncio de esperanza de la gracia de Dios como los signos que atestiguan su eficacia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Jubileo ordinario se clausurar\u00e1 con el cierre de la Puerta Santa de la Bas\u00edlica papal de San Pedro en el Vaticano el 6 de enero de 2026, Epifan\u00eda del Se\u00f1or. Que la luz de la esperanza cristiana pueda llegar a todas las personas, como mensaje del amor de Dios que se dirige a todos. Y que la Iglesia sea testigo fiel de este anuncio en todas partes del mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Signos de esperanza<\/em><\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"7\">\n<li>Adem\u00e1s de alcanzar la esperanza que nos da la gracia de Dios, tambi\u00e9n estamos llamados a redescubrirla en los\u00a0<em>signos de los tiempos<\/em>que el Se\u00f1or nos ofrece. Como afirma el Concilio Vaticano II, \u00abes deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la \u00e9poca e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomod\u00e1ndose a cada generaci\u00f3n, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relaci\u00f3n de ambas\u00bb.<sup>[4]<\/sup>\u00a0Por ello, es necesario poner atenci\u00f3n a todo lo bueno que hay en el mundo para no caer en la tentaci\u00f3n de considernos superados por el mal y la violencia. En este sentido, los signos de los tiempos, que contienen el anhelo del coraz\u00f3n humano, necesitado de la presencia salv\u00edfica de Dios, requieren ser transformados en signos de esperanza.<\/li>\n<li>Que el primer signo de esperanza se traduzca en\u00a0<em>paz\u00a0<\/em>para el mundo, el cual vuelve a encontrarse sumergido en la tragedia de la\u00a0<em>guerra<\/em>. La humanidad, desmemoriada de los dramas del pasado, est\u00e1 sometida a una prueba nueva y dif\u00edcil cuando ve a muchas poblaciones oprimidas por la brutalidad de la violencia. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s les queda a estos pueblos que no hayan sufrido ya? \u00bfC\u00f3mo es posible que su grito desesperado de auxilio no impulse a los responsables de las Naciones a querer poner fin a los numerosos conflictos regionales, conscientes de las consecuencias que puedan derivarse a nivel mundial? \u00bfEs demasiado so\u00f1ar que las armas callen y dejen de causar destrucci\u00f3n y muerte? Dejemos que el Jubileo nos recuerde que los que \u00abtrabajan por la paz\u00bb podr\u00e1n ser \u00abllamados hijos de Dios\u00bb (<em>Mt<\/em>5,9). La exigencia de paz nos interpela a todos y urge que se lleven a cabo proyectos concretos. Que no falte el compromiso de la diplomacia por construir con valent\u00eda y creatividad espacios de negociaci\u00f3n orientados a una paz duradera.<\/li>\n<li>Mirar el futuro con esperanza tambi\u00e9n equivale a tener una visi\u00f3n de la vida llena de entusiasmo para compartir con los dem\u00e1s. Sin embargo, debemos constatar con tristeza que en muchas situaciones falta esta perspectiva. La primera consecuencia de ello es la\u00a0<em>p\u00e9rdida del deseo de transmitir la vida<\/em>. A causa de los ritmos fren\u00e9ticos de la vida, de los temores ante el futuro, de la falta de garant\u00edas laborales y tutelas sociales adecuadas, de modelos sociales cuya agenda est\u00e1 dictada por la b\u00fasqueda de beneficios m\u00e1s que por el cuidado de las relaciones, se asiste en varios pa\u00edses a una preocupante\u00a0<em>disminuci\u00f3n de la natalidad<\/em>. Por el contrario, en otros contextos, \u00abculpar al aumento de la poblaci\u00f3n y no al consumismo extremo y selectivo de algunos es un modo de no enfrentar los problemas\u00bb.<sup>[5]<\/sup><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">La apertura a la vida con una maternidad y paternidad responsables es el proyecto que el Creador ha inscrito en el coraz\u00f3n y en el cuerpo de los hombres y las mujeres, una misi\u00f3n que el Se\u00f1or conf\u00eda a los esposos y a su amor. Es urgente que, adem\u00e1s del compromiso legislativo de los estados, haya un apoyo convencido por parte de las comunidades creyentes y de la comunidad civil tanto en su conjunto como en cada uno de sus miembros, porque\u00a0<em>el deseo de los j\u00f3venes de engendrar nuevos hijos e hijas<\/em>, como fruto de la fecundidad de su amor, da una perspectiva de futuro a toda sociedad y es un motivo de esperanza: porque depende de la esperanza y produce esperanza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La comunidad cristiana, por tanto, no se puede quedar atr\u00e1s en su apoyo a la necesidad de\u00a0<em>una alianza social para la esperanza<\/em>, que sea inclusiva y no ideol\u00f3gica, y que trabaje por un porvenir que se caracterice por la sonrisa de muchos ni\u00f1os y ni\u00f1as que vendr\u00e1n a llenar las tantas cunas vac\u00edas que ya hay en numerosas partes del mundo. Pero todos, en realidad, necesitamos recuperar la alegr\u00eda de vivir, porque el ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios (cf.\u00a0<em>Gn<\/em>\u00a01,26), no puede conformarse con sobrevivir o subsistir mediocremente, amold\u00e1ndose al momento presente y dej\u00e1ndose satisfacer solamente por realidades materiales. Eso nos encierra en el individualismo y corroe la esperanza, generando una tristeza que se anida en el coraz\u00f3n, volvi\u00e9ndonos desagradables e intolerantes.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"10\">\n<li>En el A\u00f1o jubilar estamos llamados a ser signos tangibles de esperanza para tantos hermanos y hermanas que viven en condiciones de penuria. Pienso en los\u00a0<em>presos<\/em>que, privados de la libertad, experimentan cada d\u00eda \u2014adem\u00e1s de la dureza de la reclusi\u00f3n\u2014 el vac\u00edo afectivo, las restricciones impuestas y, en bastantes casos, la falta de respeto. Propongo a los gobiernos del mundo que en el A\u00f1o del Jubileo se asuman iniciativas que devuelvan la esperanza; formas de amnist\u00eda o de condonaci\u00f3n de la pena orientadas a ayudar a las personas para que recuperen la confianza en s\u00ed mismas y en la sociedad; itinerarios de reinserci\u00f3n en la comunidad a los que corresponda un compromiso concreto en la observancia de las leyes.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es una exhortaci\u00f3n antigua, que surge de la Palabra de Dios y permanece con todo su valor sapiencial cuando se convoca a tener actos de clemencia y de liberaci\u00f3n que permitan volver a empezar: \u00abAs\u00ed santificar\u00e1n el quincuag\u00e9simo a\u00f1o, y proclamar\u00e1n una liberaci\u00f3n para todos los habitantes del pa\u00eds\u00bb (<em>Lv<\/em>\u00a025,10). El profeta Isa\u00edas retoma lo establecido por la Ley mosaica: el Se\u00f1or \u00abme envi\u00f3 a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberaci\u00f3n a los cautivos y la libertad a los prisioneros, a proclamar un a\u00f1o de gracia del Se\u00f1or\u00bb (<em>Is<\/em>\u00a061,1-2). Estas son las palabras que Jes\u00fas hizo suyas al comienzo de su ministerio, declarando que \u00e9l mismo era el cumplimiento del \u201ca\u00f1o de gracia del Se\u00f1or\u201d (cf.\u00a0<em>Lc<\/em>\u00a04,18-19). Que en cada rinc\u00f3n de la tierra, los creyentes, especialmente los pastores, se hagan int\u00e9rpretes de tales peticiones, formando una sola voz que reclame con valent\u00eda condiciones dignas para los reclusos, respeto de los derechos humanos y sobre todo la abolici\u00f3n de la pena de muerte, recurso que para la fe cristiana es inadmisible y aniquila toda esperanza de perd\u00f3n y de renovaci\u00f3n.<sup>[6]<\/sup>\u00a0Para ofrecer a los presos un signo concreto de cercan\u00eda, deseo abrir yo mismo una Puerta Santa en una c\u00e1rcel, a fin de que sea para ellos un s\u00edmbolo que invita a mirar al futuro con esperanza y con un renovado compromiso de vida.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"11\">\n<li>Que se ofrezcan signos de esperanza a los\u00a0<em>enfermos<\/em>que est\u00e1n en sus casas o en los hospitales. Que sus sufrimientos puedan ser aliviados con la cercan\u00eda de las personas que los visitan y el afecto que reciben. Las obras de misericordia son igualmente obras de esperanza, que despiertan en los corazones sentimientos de gratitud. Que esa gratitud llegue tambi\u00e9n<strong>\u00a0<\/strong>a todos los agentes sanitarios que, en condiciones no pocas veces dif\u00edciles, ejercitan su misi\u00f3n con cuidado sol\u00edcito hacia las personas enfermas y m\u00e1s fr\u00e1giles.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Que no falte una atenci\u00f3n inclusiva hacia cuantos hall\u00e1ndose en condiciones de vida particularmente dif\u00edciles experimentan la propia debilidad, especialmente a los afectados por patolog\u00edas o discapacidades que limitan notablemente la autonom\u00eda personal. Cuidar de ellos es un himno a la dignidad humana, un canto de esperanza que requiere acciones concertadas por toda la sociedad.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"12\">\n<li>Tambi\u00e9n necesitan signos de esperanza aquellos que en s\u00ed mismos la representan: los\u00a0<em>j\u00f3venes<\/em>. Ellos, lamentablemente, con frecuencia ven que sus sue\u00f1os se derrumban. No podemos decepcionarlos; en su entusiasmo se fundamenta el porvenir. Es hermoso verlos liberar energ\u00edas, por ejemplo cuando se entregan con tes\u00f3n y se comprometen voluntariamente en las situaciones de cat\u00e1strofe o de inestabilidad social. Sin embargo, resulta triste ver j\u00f3venes sin esperanza. Por otra parte, cuando el futuro se vuelve incierto e impermeable a los sue\u00f1os; cuando los estudios no ofrecen oportunidades y la falta de trabajo o de una ocupaci\u00f3n suficientemente estable amenazan con destruir los deseos, entonceses inevitable que el presente se viva en la melancol\u00eda y el aburrimiento. La ilusi\u00f3n de las drogas, el riesgo de caer en la delincuencia y la b\u00fasqueda de lo ef\u00edmero crean en ellos, m\u00e1s que en otros, confusi\u00f3n y oscurecen la belleza y el sentido de la vida, abati\u00e9ndolos en abismos oscuros e induci\u00e9ndolos a cometer gestos autodestructivos. Por eso, que el Jubileo sea en la Iglesia una ocasi\u00f3n para estimularlos. Ocup\u00e9monos con ardor renovado de los j\u00f3venes, los estudiantes, los novios, las nuevas generaciones. \u00a1Que haya cercan\u00eda a los j\u00f3venes, que son la<strong>\u00a0<\/strong>alegr\u00eda y la esperanza de la Iglesia y del mundo!<\/li>\n<li>No pueden faltar signos de esperanza hacia los\u00a0<em>migrantes<\/em>, que abandonan su tierra en busca de una vida mejor para ellos y sus familias. Que sus esperanzas no se vean frustradas por prejuicios y cerrazones; que la acogida, que abre los brazos a cada uno en raz\u00f3n de su dignidad, vaya acompa\u00f1ada por la responsabilidad, para que a nadie se le niegue el derecho a construir un futuro mejor. Que a los numerosos\u00a0<em>exiliados, desplazados y refugiados<\/em>, a quienes los conflictivos sucesos internacionales obligan a huir para evitar guerras, violencia y discriminaciones, se les garantice la seguridad, el acceso al trabajo y a la instrucci\u00f3n, instrumentos necesarios para su inserci\u00f3n en el nuevo contexto social.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Que la comunidad cristiana est\u00e9 siempre dispuesta a defender el derecho de los m\u00e1s d\u00e9biles. Que generosamente abra de par en par sus acogedoras puertas, para que a nadie le falte nunca la esperanza de una vida mejor. Que resuene en nuestros corazones la Palabra del Se\u00f1or que, en la par\u00e1bola del juicio final, dijo: \u00abestaba de paso, y me alojaron\u00bb, porque \u00abcada vez que lo hicieron con el m\u00e1s peque\u00f1o de mis hermanos, lo hicieron conmigo\u00bb (<em>Mt<\/em>\u00a025,35.40).<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"14\">\n<li>Signos de esperanza merecen los\u00a0<em>ancianos<\/em>, que a menudo experimentan soledad y sentimientos de abandono. Valorar el tesoro que son, sus experiencias de vida, la sabidur\u00eda que tienen y el aporte que son capaces de ofrecer, es un compromiso para la comunidad cristiana y para la sociedad civil, llamadas a trabajar juntas por la alianza entre las generaciones.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dirijo un recuerdo particular\u00a0<em>a los abuelos y a las abuelas<\/em>, que representan la transmisi\u00f3n de la fe y la sabidur\u00eda de la vida a las generaciones m\u00e1s j\u00f3venes. Que sean sostenidos por la gratitud de los hijos y el amor de los nietos, que encuentran en ellos arraigo, comprensi\u00f3n y aliento.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"15\">\n<li>Imploro, de manera apremiante, esperanza para los millares de\u00a0<em>pobres<\/em>, que carecen con frecuencia de lo necesario para vivir. Frente a la sucesi\u00f3n de oleadas de pobreza siempre nuevas, existe el riesgo de acostumbrarse y resignarse. Pero no podemos apartar la mirada de situaciones tan dram\u00e1ticas, que hoy se constatan en todas partes y no s\u00f3lo en determinadas zonas del mundo. Encontramos cada d\u00eda personas pobres o empobrecidas que a veces pueden ser nuestros vecinos. A menudo no tienen una vivienda, ni la comida suficiente para cada jornada. Sufren la exclusi\u00f3n y la indiferencia de muchos. Es escandaloso que, en un mundo dotado de enormes recursos, destinados en gran parte a los armamentos, los pobres sean \u00abla mayor parte [\u2026], miles de millones de personas. Hoy est\u00e1n presentes en los debates pol\u00edticos y econ\u00f3micos internacionales, pero frecuentemente parece que sus problemas se plantean como un ap\u00e9ndice, como una cuesti\u00f3n que se a\u00f1ade casi por obligaci\u00f3n o de manera perif\u00e9rica, si es que no se los considera un mero da\u00f1o colateral. De hecho, a la hora de la actuaci\u00f3n concreta, quedan frecuentemente en el \u00faltimo lugar\u00bb.<sup>[7]<\/sup>No lo olvidemos: los pobres, casi siempre, son v\u00edctimas, no culpables.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Llamamientos a la esperanza<\/em><\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"16\">\n<li>Haciendo eco a la palabra antigua de los profetas, el Jubileo nos recuerda que<em>los bienes de la tierra\u00a0<\/em>no est\u00e1n destinados a unos pocos privilegiados, sino a todos. Es necesario que cuantos poseen riquezas sean generosos, reconociendo el rostro de los hermanos que pasan necesidad. Pienso de modo particular en aquellos que carecen de agua y de alimento. El hambre es un flagelo escandaloso en el cuerpo de nuestra humanidad y nos invita a todos a sentir remordimiento de conciencia. Renuevo el llamamiento a fin de que \u00abcon el dinero que se usa en armas y otros gastos militares, constituyamos un Fondo mundial, para acabar de una vez con el hambre y para el desarrollo de los pa\u00edses m\u00e1s pobres, de tal modo que sus habitantes no acudan a soluciones violentas o enga\u00f1osas ni necesiten abandonar sus pa\u00edses para buscar una vida m\u00e1s digna\u00bb.<sup>[8]<\/sup><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay otra invitaci\u00f3n apremiante que deseo dirigir en vista del A\u00f1o jubilar; va dirigida a las naciones m\u00e1s ricas, para que reconozcan la gravedad de tantas decisiones tomadas y determinen\u00a0<em>condonar las deudas<\/em>\u00a0de los pa\u00edses que nunca podr\u00e1n saldarlas. Antes que tratarse de<strong>\u00a0<\/strong>magnanimidad es una cuesti\u00f3n de justicia, agravada hoy por una nueva forma de iniquidad de la que hemos tomado conciencia: \u00abPorque hay una verdadera \u201cdeuda ecol\u00f3gica\u201d, particularmente entre el Norte y el Sur, relacionada con desequilibrios comerciales con consecuencias en el \u00e1mbito ecol\u00f3gico, as\u00ed como con el uso desproporcionado de los recursos naturales llevado a cabo hist\u00f3ricamente por algunos pa\u00edses\u00bb.<sup>[9]<\/sup>\u00a0Como ense\u00f1a la Sagrada Escritura, la tierra pertenece a Dios y todos nosotros habitamos en ella como \u00abextranjeros y hu\u00e9spedes\u00bb (<em>Lv<\/em>\u00a025,23). Si verdaderamente queremos preparar en el mundo el camino de la paz, esforc\u00e9monos por remediar las causas que originan las injusticias, cancelemos las deudas injustas e insolutas y saciemos a los hambrientos.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"17\">\n<li>Durante el pr\u00f3ximo Jubileo se conmemorar\u00e1 un aniversario muy significativo para todos los cristianos. Se cumplir\u00e1n, en efecto,\u00a0<em>1700 a\u00f1os de la celebraci\u00f3n del primer gran Concilio ecum\u00e9nico de Nicea<\/em>. Conviene recordar que, desde los tiempos apost\u00f3licos, los pastores se han reunido en asambleas en diversas ocasiones con el fin de tratar tem\u00e1ticas doctrinales y cuestiones disciplinares. En los primeros siglos de la fe los s\u00ednodos se multiplicaron tanto en el Oriente como en el Occidente cristianos, mostrando cu\u00e1nto fuese importante custodiar la unidad del Pueblo de Dios y el anuncio fiel del Evangelio. El A\u00f1o jubilar podr\u00e1 ser una oportunidad significativa para dar concreci\u00f3n a esta forma sinodal, que la comunidad cristiana advierte hoy como expresi\u00f3n cada vez m\u00e1s necesaria para corresponder mejor a la urgencia de la evangelizaci\u00f3n: que todos los bautizados, cada uno con su propio carisma y ministerio, sean corresponsables, para que por la multiplicidadde signos de esperanza testimonien la presencia de Dios en el mundo.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Concilio de Nicea tuvo la tarea de preservar la unidad, seriamente amenazada por la negaci\u00f3n de la plena<strong>\u00a0<\/strong>divinidad de Jesucristo y de su misma naturaleza con el Padre. Estuvieron presentes alrededor de trescientos obispos, que se reunieron en el palacio imperial el 20 de mayo del a\u00f1o 325, convocados por iniciativa del emperador Constantino. Despu\u00e9s de diversos debates, todos ellos, movidos por la gracia del Esp\u00edritu, se identificaron en el S\u00edmbolo de la fe que todav\u00eda hoy profesamos en la Celebraci\u00f3n eucar\u00edstica dominical. Los padres conciliares quisieron comenzar ese S\u00edmbolo utilizando por primera vez la expresi\u00f3n \u00abCreemos\u00bb[10], como testimonio de que en ese \u201cnosotros\u201d todas las Iglesias se reconoc\u00edan en comuni\u00f3n, y todos los cristianos profesaban la misma fe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Concilio de Nicea marc\u00f3 un hito en la historia de la Iglesia. La conmemoraci\u00f3n de esa fecha invita a los cristianos a unirse en la alabanza y el agradecimiento a la Sant\u00edsima Trinidad y en particular a Jesucristo, el Hijo de Dios, \u00abde la misma naturaleza del Padre\u00bb[11], que nos ha revelado semejante misterio de amor. Pero Nicea tambi\u00e9n representa una invitaci\u00f3n a todas las Iglesias y comunidades eclesiales a seguir avanzando en el camino hacia la unidad visible, a no cansarse de buscar formas adecuadas para corresponder plenamente a la oraci\u00f3n de Jes\u00fas: \u00abQue todos sean uno: como t\u00fa, Padre, est\u00e1s en m\u00ed y yo en ti, que tambi\u00e9n ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que t\u00fa me enviaste\u00bb (<em>Jn<\/em>\u00a017,21).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el Concilio de Nicea se trat\u00f3 adem\u00e1s el tema de la fecha de la Pascua. A este respecto, todav\u00eda hoy existen diferentes posturas, que impiden celebrar el mismo d\u00eda el acontecimiento fundamental de la fe. Por una circunstancia providencial, esto tendr\u00e1 lugar precisamente en el A\u00f1o 2025. Que este acontecimiento sea una llamada para todos los cristianos de Oriente y de Occidente a realizar un paso decisivo hacia la unidad en torno a una fecha com\u00fan para la Pascua. Muchos, es bueno recordarlo, ya no tienen conocimiento de las disputas del pasado y no comprenden c\u00f3mo puedan subsistir divisiones al respecto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Anclados en la esperanza<\/em><\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"18\">\n<li>La esperanza, junto con la fe y la caridad, forman el tr\u00edptico de las \u201cvirtudes teologales\u201d, que expresan la esencia de la vida cristiana (cf.\u00a0<em>1 Co<\/em>13,13;\u00a0<em>1 Ts<\/em>\u00a01,3). En su dinamismo inseparable, la esperanza es la que, por as\u00ed decirlo, se\u00f1ala la orientaci\u00f3n, indica la direcci\u00f3n y la finalidad de la existencia cristiana. Por eso el ap\u00f3stol Pablo nos invita a \u201calegrarnos en la esperanza, a ser pacientes en la tribulaci\u00f3n y perseverantes en la oraci\u00f3n\u201d (cf.\u00a0<em>Rm<\/em>\u00a012,12). S\u00ed, necesitamos que \u201csobreabunde la esperanza\u201d (cf.\u00a0<em>Rm<\/em>\u00a015,13) para testimoniar de manera cre\u00edble y atrayente la fe y el amor que llevamos en el coraz\u00f3n; para que la fe sea gozosa y la caridad entusiasta; para que cada uno sea capaz de dar aunque sea una sonrisa, un gesto de amistad, una mirada fraterna, una escucha sincera, un servicio gratuito, sabiendo que, en el Esp\u00edritu de Jes\u00fas, esto puede convertirse en una semilla fecunda de esperanza para quien lo recibe. Pero, \u00bfcu\u00e1l es el fundamento de nuestra espera? Para comprenderlo es bueno que nos detengamos en las razones de nuestra esperanza (cf.\u00a0<em>1 P<\/em>\u00a03,15).<\/li>\n<li>\u00abCreo en la\u00a0<em>vida eterna<\/em>\u00bb[12]: as\u00ed lo profesa nuestra fe y la esperanza cristiana encuentra en estas palabras una base fundamental. La esperanza, en efecto, \u00abes la virtud teologal por la que aspiramos [\u2026] a la vida eterna como felicidad nuestra\u00bb.[13] El Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II afirma: \u00abCuando [\u2026] faltan ese fundamento divino y esa esperanza de la vida eterna, la dignidad humana sufre lesiones grav\u00edsimas \u2014es lo que hoy con frecuencia sucede\u2014, y los enigmas de la vida y de la muerte, de la culpa y del dolor, quedan sin solucionar, llevando no raramente al hombre a la desesperaci\u00f3n\u00bb.[14] Nosotros, en cambio, en virtud de la esperanza en la que hemos sido salvados, mirando al tiempo que pasa, tenemos la certeza de que la historia de la humanidad y la de cada uno de nosotros no se dirigen hacia un punto ciego o un abismo oscuro, sino que se orientan al encuentro con el Se\u00f1or de la gloria. Vivamos por tanto en la espera de su venida y en la esperanza de vivir para siempre en \u00c9l. Es con este esp\u00edritu que hacemos nuestra la ardiente invocaci\u00f3n de los primeros cristianos, con la que termina la Sagrada Escritura: \u00ab\u00a1Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas!\u00bb (<em>Ap<\/em>22,20).<\/li>\n<li>Jes\u00fas muerto y resucitado es el centro de nuestra fe. San Pablo, al enunciar en pocas palabras este contenido \u2014utiliza s\u00f3lo cuatro verbos\u2014, nos transmite el \u201cn\u00facleo\u201d de nuestra esperanza: \u00abLes he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recib\u00ed: Cristo muri\u00f3 por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucit\u00f3 al tercer d\u00eda, de acuerdo con la Escritura. Se apareci\u00f3 a Pedro y despu\u00e9s a los Doce\u00bb (<em>1 Co<\/em>15,3-5). Cristo\u00a0<em>muri\u00f3<\/em>,\u00a0<em>fue sepultado<\/em>,\u00a0<em>resucit\u00f3<\/em>,\u00a0<em>se apareci\u00f3<\/em>. Por nosotros atraves\u00f3 el drama de la muerte. El amor del Padre lo resucit\u00f3 con la fuerza del Esp\u00edritu, haciendo de su humanidad la primicia de la eternidad para nuestra salvaci\u00f3n. La esperanza cristiana consiste precisamente en esto: ante la muerte, donde parece que todo acaba, se recibe la certeza de que, gracias a Cristo, a su gracia, que nos ha sido comunicada en el Bautismo, \u00abla vida no termina, sino que se transforma\u00bb<sup>[15]<\/sup>\u00a0para siempre. En el Bautismo, en efecto, sepultados con Cristo, recibimos en \u00c9l resucitado el don de una vida nueva, que derriba el muro de la muerte, haciendo de ella un pasaje hacia la eternidad.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y si bien, frente a la\u00a0<em>muerte<\/em>\u00a0\u2014dolorosa separaci\u00f3n que nos obliga a dejar a nuestros seres m\u00e1s queridos\u2014 no cabe discurso alguno, el Jubileo nos ofrecer\u00e1 la oportunidad de redescubrir, con inmensa gratitud, el don de esa vida nueva recibida en el Bautismo, capaz de transfigurar su dramaticidad. En el contexto jubilar, es significativo reflexionar sobre c\u00f3mo se ha comprendido este misterio desde los primeros siglos de nuestra fe. Por ejemplo, los cristianos, durante mucho tiempo construyeron la pila bautismal de forma octogonal, y todav\u00eda hoy podemos admirar muchos bautisterios antiguos que conservan dicha forma, como en San Juan de Letr\u00e1n en Roma. Esto indica que en la fuente baustismal se inaugura el octavo d\u00eda, es decir, el de la resurrecci\u00f3n, el d\u00eda que va m\u00e1s all\u00e1 del tiempo habitual, marcado por la sucesi\u00f3n de las semanas, abriendo as\u00ed el ciclo del tiempo a la dimensi\u00f3n de la eternidad, a la vida que dura para siempre. Esta es la meta a la que tendemos en nuestra peregrinaci\u00f3n terrena (cf.\u00a0<em>Rm<\/em>\u00a06,22).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El testimonio m\u00e1s convincente de esta esperanza nos lo ofrecen los\u00a0<em>m\u00e1rtires<\/em>, que, firmes en la fe en Cristo resucitado, supieron renunciar a la vida terrena con tal de no traicionar a su Se\u00f1or. Ellos est\u00e1n presentes en todas las \u00e9pocas y son numerosos, quiz\u00e1s m\u00e1s que nunca en nuestros d\u00edas, como confesores de la vida que no tiene fin. Necesitamos conservar su testimonio para hacer fecunda nuestra esperanza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos m\u00e1rtires, pertenecientes a las diversas tradiciones cristianas, son tambi\u00e9n semillas de unidad porque expresan el ecumenismo de la sangre. Durante el Jubileo, por lo tanto, mi vivo deseo es que haya una celebraci\u00f3n ecum\u00e9nica donde se ponga de manifiesto la riqueza del testimonio de estos m\u00e1rtires.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"21\">\n<li>\u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 de nosotros, entonces, despu\u00e9s de la muerte? M\u00e1s all\u00e1 de este umbral est\u00e1 la vida eterna con Jes\u00fas, que consiste en la plena comuni\u00f3n con Dios, en la contemplaci\u00f3n y participaci\u00f3n de su amor infinito. Lo que ahora vivimos en la esperanza, despu\u00e9s lo veremos en la realidad. San Agust\u00edn escrib\u00eda al respecto: \u00abCuando me haya unido a Ti con todo mi ser, nada ser\u00e1 para m\u00ed dolor ni pena. Ser\u00e1 verdadera vida mi vida, llena de Ti\u00bb.<sup>[16]\u00a0<\/sup>\u00bfQu\u00e9 caracteriza, por tanto, esta comuni\u00f3n plena? El ser felices.\u00a0<em>La felicidad<\/em>es la vocaci\u00f3n del ser humano, una meta que ata\u00f1e a todos.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero, \u00bfqu\u00e9 es la felicidad? \u00bfQu\u00e9 felicidad esperamos y deseamos? No se trata de una alegr\u00eda pasajera, de una satisfacci\u00f3n ef\u00edmera que, una vez alcanzada, sigue pidiendo siempre m\u00e1s, en una espiral de avidez donde el esp\u00edritu humano nunca est\u00e1 satisfecho, sino que m\u00e1s bien siempre est\u00e1 m\u00e1s vac\u00edo. Necesitamos una felicidad que se realice definitivamente en aquello que nos plenifica, es decir, en el amor, para poder exclamar, ya desde ahora: Soy amado, luego existo; y existir\u00e9 por siempre en el Amor que no defrauda y del que nada ni nadie podr\u00e1 separarme jam\u00e1s. Recordemos una vez m\u00e1s las palabras del Ap\u00f3stol: \u00abPorque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los \u00e1ngeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podr\u00e1 separarnos jam\u00e1s del amor de Dios, manifestado en Cristo Jes\u00fas, nuestro Se\u00f1or\u00bb (<em>Rm<\/em>\u00a08,38-39).<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"22\">\n<li>Otra realidad vinculada con la vida eterna es el\u00a0<em>juicio de Dios<\/em>, que tiene lugar tanto al culminar nuestra existencia terrena como al final de los tiempos. Con frecuencia, el arte ha intentado representarlo \u2014pensemos en la obra maestra de Miguel \u00c1ngel en la Capilla Sixtina\u2014 acogiendo la concepci\u00f3n teol\u00f3gica de su tiempo y transmitiendo a quien observa un sentimiento de temor. Aunque es justo disponernos con gran conciencia y seriedad al momento que recapitula la existencia, al mismo tiempo es necesario hacerlo siempre desde la dimensi\u00f3n de la esperanza, virtud teologal que sostiene la vida y hace posible que no caigamos en el miedo. El juicio de Dios, que es amor (cf.\u00a0<em>1 Jn<\/em>4,8.16), no podr\u00e1 basarse m\u00e1s que en el amor, de manera especial en c\u00f3mo lo hayamos ejercitado respecto a los m\u00e1s necesitados, en los que Cristo, el mismo Juez, est\u00e1 presente (cf.\u00a0<em>Mt\u00a0<\/em>25,31-46). Se trata, por lo tanto, de un juicio diferente al de los hombres y los tribunales terrenales; debe entenderse como una relaci\u00f3n en la verdad con Dios amor y con uno mismo en el coraz\u00f3n del misterio insondable de la misericordia divina. En este sentido, la Sagrada Escritura afirma: \u00abT\u00fa ense\u00f1aste a tu pueblo que el justo debe ser amigo de los hombres y colmaste a tus hijos de una feliz esperanza, porque, despu\u00e9s del pecado, das lugar al arrepentimiento [\u2026] y, al ser juzgados, contamos con tu misericordia\u00bb (<em>Sb<\/em>\u00a012,19.22). Como escrib\u00eda Benedicto XVI, \u00aben el momento del Juicio experimentamos y acogemos este predominio de su amor sobre todo el mal en el mundo y en nosotros. El dolor del amor se convierte en nuestra salvaci\u00f3n y nuestra alegr\u00eda<sup>\u00bb.[17]<\/sup><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Juicio, entonces, se refiere a la salvaci\u00f3n que esperamos y que Jes\u00fas nos ha obtenido con su muerte y resurrecci\u00f3n. Por lo tanto, est\u00e1 dirigido a abrirnos al encuentro definitivo con \u00c9l. Y dado que no es posible pensar en ese contexto que el mal realizado quede escondido, este necesita ser\u00a0<em>purificado<\/em>, para permitirnos el paso definitivo al amor de Dios. Se comprende en este sentido la necesidad de rezar por quienes han finalizado su camino terreno; solidariz\u00e1ndose en la intercesi\u00f3n orante que encuentra su propia eficacia en la comuni\u00f3n de los santos, en el v\u00ednculo com\u00fan que nos une con Cristo, primog\u00e9nito de la creaci\u00f3n. De esta manera la indulgencia jubilar, en virtud de la oraci\u00f3n, est\u00e1 destinada en particular a los que nos han precedido, para que obtengan plena misericordia.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"23\">\n<li>La\u00a0<em>indulgencia<\/em>, en efecto, permite descubrir cu\u00e1n ilimitada es la misericordia de Dios. No sin raz\u00f3n en la antig\u00fcedad el t\u00e9rmino \u201cmisericordia\u201d era intercambiable con el de \u201cindulgencia\u201d, precisamente porque pretende expresar la plenitud del perd\u00f3n de Dios que no conoce l\u00edmites.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">El\u00a0<em>sacramento de la Penitencia<\/em>\u00a0nos asegura que Dios quita nuestros pecados. Resuenan con su carga de consuelo las palabras del Salmo: \u00ab\u00c9l perdona todas tus culpas y cura todas tus dolencias; rescata tu vida del sepulcro, te corona de amor y de ternura. [\u2026] El Se\u00f1or es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia; [\u2026] no nos trata seg\u00fan nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras culpas. Cuanto se alza el cielo sobre la tierra, as\u00ed de inmenso es su amor por los que lo temen; cuanto dista el oriente del occidente, as\u00ed aparta de nosotros nuestros pecados\u00bb (<em>Sal<\/em>\u00a0103,3-4.8.10-12). La Reconciliaci\u00f3n sacramental no es s\u00f3lo una hermosa oportunidad espiritual, sino que representa un paso decisivo, esencial e irrenunciable para el camino de fe de cada uno. En ella permitimos que Se\u00f1or destruya nuestros pecados, que sane nuestros corazones, que nos levante y nos abrace, que nos muestre su rostro tierno y compasivo. No hay mejor manera de conocer a Dios que dej\u00e1ndonos reconciliar con \u00c9l (cf.\u00a0<em>2 Co<\/em>\u00a05,20), experimentando su perd\u00f3n. Por eso, no renunciemos a la Confesi\u00f3n, sino redescubramos la belleza del sacramento de la sanaci\u00f3n y la alegr\u00eda, la belleza del perd\u00f3n de los pecados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, como sabemos por experiencia personal, el pecado \u201cdeja huella\u201d, lleva consigo unas consecuencias; no s\u00f3lo exteriores, en cuanto consecuencias del mal cometido, sino tambi\u00e9n interiores, en cuanto \u00abtodo pecado, incluso venial, entra\u00f1a apego desordenado a las criaturas que es necesario purificar, sea aqu\u00ed abajo, sea despu\u00e9s de la muerte, en el estado que se llama Purgatorio\u00bb.<sup>[18]<\/sup>\u00a0Por lo tanto, en nuestra humanidad d\u00e9bil y atra\u00edda por el mal, permanecen los \u201cefectos residuales del pecado\u201d. Estos son removidos por la indulgencia, siempre por la gracia de Cristo, el cual, como escribi\u00f3 san Pablo VI, es \u00abnuestra \u201cindulgencia\u201d\u00bb.<sup>[19]<\/sup>\u00a0La Penitenciar\u00eda Apost\u00f3lica se encargar\u00e1 de emanar las disposiciones para poder obtener y hacer efectiva la pr\u00e1ctica de la indulgencia jubilar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esa experiencia colma de perd\u00f3n no puede sino abrir el coraz\u00f3n y la mente a\u00a0<em>perdonar<\/em>. Perdonar no cambia el pasado, no puede modificar lo que ya sucedi\u00f3; y, sin embargo, el perd\u00f3n puede permitir que cambie el futuro y se viva de una manera diferente, sin rencor, sin ira ni venganza. El futuro iluminado por el perd\u00f3n hace posible que el pasado se lea con otros ojos, m\u00e1s serenos, aunque est\u00e9n a\u00fan surcados por las l\u00e1grimas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante el \u00faltimo Jubileo extraordinario institu\u00ed los\u00a0<em>Misioneros de la Misericordia<\/em>, que siguen realizando una misi\u00f3n importante. Que durante el pr\u00f3ximo Jubileo tambi\u00e9n ejerciten su ministerio, devolviendo la esperanza y perdonando cada vez que un pecador se dirige a ellos con coraz\u00f3n abierto y esp\u00edritu arrepentido. Que sigan siendo instrumentos de reconciliaci\u00f3n y ayuden a mirar el futuro con la esperanza del coraz\u00f3n que proviene de la misericordia del Padre. Quisiera que los obispos aprovecharan su valioso servicio, envi\u00e1ndolos especialmente all\u00ed donde la esperanza se pone a dura prueba, como las c\u00e1rceles, los hospitales y los lugares donde la dignidad de la persona es pisoteada; en las situaciones m\u00e1s precarias y en los contextos de mayor degradaci\u00f3n, para que nadie se vea privado de la posibilidad de recibir el perd\u00f3n y el consuelo de Dios.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"24\">\n<li>La esperanza encuentra en la\u00a0<em>Madre de Dios<\/em>su testimonio m\u00e1s alto. En ella vemos que la esperanza no es un f\u00fatil optimismo, sino un don de gracia en el realismo de la vida. Como toda madre, cada vez que Mar\u00eda miraba a su Hijo pensaba en el futuro, y ciertamente en su coraz\u00f3n permanec\u00edan grabadas esas palabras que Sime\u00f3n le hab\u00eda dirigido en el templo: \u00abEste ni\u00f1o ser\u00e1 causa de ca\u00edda y de elevaci\u00f3n para muchos en Israel; ser\u00e1 signo de contradicci\u00f3n, y a ti misma una espada te atravesar\u00e1 el coraz\u00f3n\u00bb. (<em>Lc<\/em>\u00a02,34-35). Por eso, al pie de la cruz, mientras ve\u00eda a Jes\u00fas inocente sufrir y morir, aun atravesada por un dolor desgarrador, repet\u00eda su \u201cs\u00ed\u201d, sin perder la esperanza y la confianza en el Se\u00f1or. De ese modo ella cooperaba por nosotros en el cumplimiento de lo que hab\u00eda dicho su Hijo, anunciando que \u00abdeb\u00eda sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que deb\u00eda ser condenado a muerte y resucitar despu\u00e9s de tres d\u00edas\u00bb (<em>Mc<\/em>\u00a08,31), y en el tormento de ese dolor ofrecido por amor se convert\u00eda en nuestra Madre, Madre de la esperanza. No es casual que la piedad popular siga invocando a la Sant\u00edsima Virgen como\u00a0<em>Stella maris<\/em>, un t\u00edtulo expresivo de la esperanza cierta de que, en los borrascosos acontecimientos de la vida, la Madre de Dios viene en nuestro auxilio, nos sostiene y nos invita a confiar y a seguir esperando.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">A este respecto, me es grato recordar que el Santuario de Nuestra Se\u00f1ora de Guadalupe en la Ciudad de M\u00e9xico se est\u00e1 preparando para celebrar, en el 2031, los 500 a\u00f1os de la primera aparici\u00f3n de la Virgen. Por medio de Juan Diego, la Madre de Dios hac\u00eda llegar un revolucionario mensaje de esperanza que a\u00fan hoy repite a todos los peregrinos y a los fieles: \u00ab\u00bfAcaso no estoy yo aqu\u00ed, que soy tu madre?\u00bb.<sup>[20]<\/sup>\u00a0Un mensaje similar se graba en los corazones en tantos santuarios marianos esparcidos por el mundo, metas de numerosos peregrinos, que conf\u00edan a la Madre de Dios sus preocupaciones, sus dolores y sus esperanzas. Que en este A\u00f1o jubilar los santuarios sean lugares santos de acogida y espacios privilegiados para generar esperanza. Invito a los peregrinos que vendr\u00e1n a Roma a detenerse a rezar en los santuarios marianos de la ciudad para venerar a la Virgen Mar\u00eda e invocar su protecci\u00f3n. Conf\u00edo en que todos, especialmente los que sufren y est\u00e1n atribulados, puedan experimentar la cercan\u00eda de la m\u00e1s afectuosa de las madres que nunca abandona a sus hijos; ella que para el santo Pueblo de Dios es \u00absigno de esperanza cierta y de consuelo\u00bb.<sup>[21]<\/sup><\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"25\">\n<li>Mientras nos acercamos al Jubileo, volvamos a la Sagrada Escritura y sintamos dirigidas a nosotros estas palabras: \u00abNosotros, los que acudimos a \u00e9l, nos sentimos poderosamente estimulados a aferrarnos a la esperanza que se nos ofrece. Esta esperanza que nosotros tenemos es como\u00a0<em>un ancla<\/em>del alma,\u00a0<em>s\u00f3lida y firme<\/em>, que penetra m\u00e1s all\u00e1 del velo, all\u00ed mismo donde Jes\u00fas entr\u00f3 por nosotros, como precursor\u00bb (<em>Hb<\/em>\u00a06,18-20). Es una invitaci\u00f3n fuerte a no perder nunca la esperanza que nos ha sido dada, a abrazarla encontrando refugio en Dios.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">La imagen del ancla es sugestiva para comprender la estabilidad y la seguridad que poseemos si nos encomendamos al Se\u00f1or Jes\u00fas, aun en medio de las aguas agitadas de la vida. Las tempestades nunca podr\u00e1n prevalecer, porque estamos anclados en la esperanza de la gracia, que nos hace capaces de vivir en Cristo superando el pecado, el miedo y la muerte. Esta esperanza, mucho m\u00e1s grande que las satisfacciones de cada d\u00eda y que las mejoras de las condiciones de vida, nos transporta m\u00e1s all\u00e1 de las pruebas y nos exhorta a caminar sin perder de vista la grandeza de la meta a la que hemos sido llamados, el cielo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El pr\u00f3ximo Jubileo, por tanto, ser\u00e1 un A\u00f1o Santo caracterizado por la esperanza que no declina, la esperanza en Dios. Que nos ayude tambi\u00e9n a recuperar la confianza necesaria \u2014tanto en la Iglesia como en la sociedad\u2014 en los v\u00ednculos interpersonales, en las relaciones internacionales, en la promoci\u00f3n de la dignidad de toda persona y en el respeto de la creaci\u00f3n. Que el testimonio creyente pueda ser en el mundo levadura de genuina esperanza, anuncio de cielos nuevos y tierra nueva (cf.\u00a0<em>2 P<\/em>\u00a03,13), donde habite la justicia y la concordia entre los pueblos, orientados hacia el cumplimiento de la promesa del Se\u00f1or.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dej\u00e9monos atraer desde ahora por la esperanza y permitamos que a trav\u00e9s de nosotros sea contagiosa para cuantos la desean. Que nuestra vida pueda decirles: \u00abEspera en el Se\u00f1or y s\u00e9 fuerte; ten valor y espera en el Se\u00f1or\u00bb (<em>Sal<\/em>\u00a027,14). Que la fuerza de esa esperanza pueda colmar nuestro presente en la espera confiada de la venida de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, a quien sea la alabanza y la gloria ahora y por los siglos futuros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Dado en Roma, en San Juan de Letr\u00e1n, el 9 de mayo, Solemnidad de la Ascensi\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, del a\u00f1o 2024, duod\u00e9cimo de Pontificado.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>FRANCISCO<\/strong><\/p>\n<p>_______________<\/p>\n<p><em><sup>[1]<\/sup><\/em><em>\u00a0Serm\u00f3n\u00a0198, 2.<\/em><\/p>\n<p><em><sup>[2]<\/sup><\/em><em>\u00a0Cf.\u00a0Fuentes Franciscanas, n. 263, 6.10.<\/em><\/p>\n<p><em><sup>[3]<\/sup><\/em><em>\u00a0Cf.\u00a0Misericordiae Vultus,\u00a0Bula de convocaci\u00f3n del Jubileo Extraordinario de la Misericordia,\u00a0nn. 1-3.<\/em><\/p>\n<p><em><sup>[4]<\/sup><\/em><em>\u00a0Const. past.\u00a0Gaudium et spes, n. 4.<\/em><\/p>\n<p><em><sup>[5]<\/sup><\/em><em>\u00a0Carta enc.\u00a0Laudato si\u2019, n. 50.<\/em><\/p>\n<p><em><sup>[6]<\/sup><\/em><em>\u00a0Cf.\u00a0Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, n. 2267.<\/em><\/p>\n<p><em><sup>[7]<\/sup><\/em><em>\u00a0Carta enc.\u00a0Laudato si\u2019, n. 49.<\/em><\/p>\n<p><em><sup>[8]<\/sup><\/em><em>\u00a0Carta enc.\u00a0Fratelli tutti, n. 262.<\/em><\/p>\n<p><em><sup>[9]<\/sup><\/em><em>\u00a0Carta enc.\u00a0Laudato si\u2019, n. 51.<\/em><\/p>\n<p><em><sup>[10]<\/sup><\/em><em>\u00a0S\u00edmbolo niceno: H. Denzinger \u2013 A. Sch\u00f6nmetzer,\u00a0Enchiridion Symbolorum definitionum et declarationum de rebus fidei et morum, n. 125.<\/em><\/p>\n<p><em><sup>[11]<\/sup><\/em><em>\u00a0Ib\u00edd.<\/em><\/p>\n<p><em><sup>[12]<\/sup><\/em><em>\u00a0S\u00edmbolo de los Ap\u00f3stoles: H. Denzinger \u2013 A. Sch\u00f6nmetzer,\u00a0Enchiridion Symbolorum definitionum et declarationum de rebus fidei et morum, n. 30.<\/em><\/p>\n<p><em><sup>[13]<\/sup><\/em><em>\u00a0Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, n. 1817.<\/em><\/p>\n<p><em><sup>[14]<\/sup><\/em><em>\u00a0Const. past.\u00a0Gaudium et spes, n. 21.<\/em><\/p>\n<p><em><sup>[15]<\/sup><\/em><em>\u00a0Misal Romano,\u00a0Prefacio de difuntos I.<\/em><\/p>\n<p><em><sup>[16]<\/sup><\/em><em>\u00a0Confesiones\u00a0X, 28.<\/em><\/p>\n<p><em><sup>[17]<\/sup><\/em><em>\u00a0Carta enc.\u00a0Spe salvi, n. 47.<\/em><\/p>\n<p><em><sup>[18]<\/sup><\/em><em>\u00a0Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, n. 1472.<\/em><\/p>\n<p><em><sup>[19]<\/sup><\/em><em>\u00a0Carta ap.\u00a0Apostolorum limina\u00a0(23 mayo 1974), II.<\/em><\/p>\n<p><em><sup>[20]<\/sup><\/em><em>\u00a0Nican Mopohua, n. 119.<\/em><\/p>\n<p><em><sup>[21]<\/sup><\/em><em>\u00a0Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm.\u00a0Lumen gentium, n. 68.<\/em><\/p>\n<p><em>[00781-ES.01] [Texto original: Espa\u00f1ol]<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/Imagen-de-WhatsApp-2024-05-14-a-las-09.17.17_5fe45df6.jpg\" data-rel=\"lightbox-image-0\" data-rl_title=\"\" data-rl_caption=\"\" title=\"\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-14905\" src=\"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/Imagen-de-WhatsApp-2024-05-14-a-las-09.17.17_5fe45df6.jpg\" alt=\"\" width=\"1600\" height=\"1236\" srcset=\"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/Imagen-de-WhatsApp-2024-05-14-a-las-09.17.17_5fe45df6.jpg 1600w, https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/Imagen-de-WhatsApp-2024-05-14-a-las-09.17.17_5fe45df6-300x232.jpg 300w, https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/Imagen-de-WhatsApp-2024-05-14-a-las-09.17.17_5fe45df6-1024x791.jpg 1024w, https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/Imagen-de-WhatsApp-2024-05-14-a-las-09.17.17_5fe45df6-768x593.jpg 768w, https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/Imagen-de-WhatsApp-2024-05-14-a-las-09.17.17_5fe45df6-1536x1187.jpg 1536w\" sizes=\"auto, (max-width: 1600px) 100vw, 1600px\" \/><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SPES NON CONFUNDIT BULA DE CONVOCACI\u00d3N DEL JUBILEO ORDINARIO DEL A\u00d1O 2025 FRANCISCO OBISPO DE ROMA SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS A CUANTOS LEAN ESTA CARTA LA ESPERANZA LES COLME EL CORAZ\u00d3N \u00abSpes&#46;&#46;&#46;<\/p>\n","protected":false},"author":101012,"featured_media":14905,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[20,14],"tags":[],"class_list":["post-14904","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-evangelio-del-dia","category-ultimas-noticias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14904","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/users\/101012"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14904"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14904\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14906,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14904\/revisions\/14906"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14905"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14904"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14904"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14904"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}