{"id":4813,"date":"2016-11-07T18:30:06","date_gmt":"2016-11-08T02:30:06","guid":{"rendered":"http:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/presos\/"},"modified":"2016-11-07T18:30:06","modified_gmt":"2016-11-08T02:30:06","slug":"presos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/presos\/","title":{"rendered":"Jubileo de los presos"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\" class=\"MsoNoSpacing\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: Arial, sans-serif\">JUBILEO EXTRAORDINARIO DE LA MISERICORDIA<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\" class=\"MsoNoSpacing\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\" class=\"MsoNoSpacing\">&nbsp;<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-3847\" src=\"http:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2015\/05\/papafranciscoconcrucifijo.jpg\" alt=\"\" width=\"336\" height=\"355\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\" class=\"MsoNoSpacing\">&nbsp;<\/p>\n<p class=\"MsoNoSpacing\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: Arial, sans-serif\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNoSpacing\">&nbsp;<\/p>\n<p class=\"MsoNoSpacing\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: Arial, sans-serif\">Bas&iacute;lica Vaticana<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNoSpacing\">&nbsp;<\/p>\n<p class=\"MsoNoSpacing\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: Arial, sans-serif\">Domingo 6 de noviembre de 2016<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNoSpacing\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: Arial, sans-serif\"><br \/> El mensaje que la Palabra de Dios quiere comunicarnos hoy es ciertamente de esperanza, de esa esperanza que no defrauda. Uno de los siete hermanos condenados a muerte por el rey Ant&iacute;oco Ep&iacute;fanes dice: &laquo;Dios mismo nos resucitar&aacute;&raquo; (2M7,14). Estas palabras manifiestan la fe de aquellos m&aacute;rtires que, no obstante los sufrimientos y las torturas, tienen la fuerza para mirar m&aacute;s all&aacute;. Una fe que, mientras reconoce en Dios la fuente de la esperanza, muestra el deseo de alcanzar una vida nueva.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNoSpacing\">&nbsp;<\/p>\n<p class=\"MsoNoSpacing\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: Arial, sans-serif\">Del mismo modo, en el Evangelio, hemos escuchado c&oacute;mo Jes&uacute;s con una respuesta sencilla pero perfecta elimina toda la casu&iacute;stica banal que los saduceos le hab&iacute;an presentado. Su expresi&oacute;n: &laquo;No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para &eacute;l todos est&aacute;n vivos&raquo; (Lc 20,38), revela el verdadero rostro del Padre, que desea s&oacute;lo la vida de todos sus hijos. La esperanza de renacer a una vida nueva, por tanto, es lo que estamos llamados a asumir para ser fieles a la ense&ntilde;anza de Jes&uacute;s.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNoSpacing\">&nbsp;<\/p>\n<p class=\"MsoNoSpacing\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: Arial, sans-serif\">La esperanza es don de Dios. Debemos pedirla. Est&aacute; ubicada en lo m&aacute;s profundo del coraz&oacute;n de cada persona para que pueda iluminar con su luz el presente, muchas veces turbado y ofuscado por tantas situaciones que conllevan tristeza y dolor. Tenemos necesidad de fortalecer cada vez m&aacute;s las ra&iacute;ces de nuestra esperanza, para que puedan dar fruto. En primer lugar, la certeza de la presencia y de la compasi&oacute;n de Dios, no obstante el mal que hemos cometido. No existe lugar en nuestro coraz&oacute;n que no pueda ser alcanzado por el amor de Dios. Donde hay una persona que se ha equivocado, all&iacute; se hace presente con m&aacute;s fuerza la misericordia del Padre, para suscitar arrepentimiento, perd&oacute;n, reconciliaci&oacute;n, paz.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNoSpacing\">&nbsp;<\/p>\n<p class=\"MsoNoSpacing\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: Arial, sans-serif\">Hoy celebramos el Jubileo de la Misericordia para vosotros y con vosotros, hermanos y hermanas reclusos. Y es con esta expresi&oacute;n de amor de Dios, la misericordia, que sentimos la necesidad de confrontarnos. Ciertamente, la falta de respeto por la ley conlleva la condena, y la privaci&oacute;n de libertad es la forma m&aacute;s dura de descontar una pena, porque toca la persona en su n&uacute;cleo m&aacute;s &iacute;ntimo. Y todav&iacute;a as&iacute;, la esperanza no puede perderse. Una cosa es lo que merecemos por el mal que hicimos, y otra cosa distinta es el &laquo;respiro&raquo; de la esperanza, que no puede sofocarlo nada ni nadie. Nuestro coraz&oacute;n siempre espera el bien; se lo debemos a la misericordia con la que Dios nos sale al encuentro sin abandonarnos jam&aacute;s (cf. san Agust&iacute;n, Sermo 254,1).<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNoSpacing\">&nbsp;<\/p>\n<p class=\"MsoNoSpacing\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: Arial, sans-serif\">En la carta a los Romanos, el ap&oacute;stol Pablo habla de Dios como del &laquo;Dios de la esperanza&raquo; (Rm 15,13). Es como si nos quisiera decir tambi&eacute;n a nosotros que tambi&eacute;n Dios espera; y por parad&oacute;jico que pueda parecer, es as&iacute;: Dios espera. Su misericordia no lo deja tranquilo. Es como el Padre de la par&aacute;bola, que espera siempre el regreso del hijo que se ha equivocado (cf. Lc 15,11-32). No existe tregua ni reposo para Dios hasta que no ha encontrado la oveja descarriada (cf. Lc 15,5). Por tanto, si Dios espera, entonces la esperanza no se le puede quitar a nadie, porque es la fuerza para seguir adelante; la tensi&oacute;n hacia el futuro para transformar la vida; el est&iacute;mulo para el ma&ntilde;ana, de modo que el amor con el que, a pesar de todo, nos ama, pueda ser un nuevo camino&hellip; En definitiva, la esperanza es la prueba interior de la fuerza de la misericordia de Dios, que nos pide mirar hacia adelante y vencer la atracci&oacute;n hacia el mal y el pecado con la fe y la confianza en &eacute;l.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNoSpacing\">&nbsp;<\/p>\n<p class=\"MsoNoSpacing\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: Arial, sans-serif\">Queridos reclusos, es el d&iacute;a de vuestro Jubileo. Que hoy, ante el Se&ntilde;or, vuestra esperanza se encienda. El Jubileo, por su misma naturaleza, lleva consigo el anuncio de la liberaci&oacute;n (cf. Lv 25,39-46). No depende de m&iacute; poderla conceder, pero suscitar el deseo de la verdadera libertad en cada uno de vosotros es una tarea a la que la Iglesia no puede renunciar. A veces, una cierta hipocres&iacute;a lleva a ver s&oacute;lo en vosotros personas que se han equivocado, para las que el &uacute;nico camino es la c&aacute;rcel. Os digo: cada vez que entro en una c&aacute;rcel, me pregunto: &laquo;&iquest;Por qu&eacute; ellos y no yo?&raquo;. Todos tenemos la posibilidad de equivocarnos: todos. De una manera u otra, nos hemos equivocado. Y la hipocres&iacute;a hace que no se piense en la posibilidad de cambiar de vida, hay poca confianza en la rehabilitaci&oacute;n, en la reinserci&oacute;n en la sociedad. Pero de este modo se olvida que todos somos pecadores y, muchas veces, somos prisioneros sin darnos cuenta. Cuando se permanece encerrados en los propios prejuicios, o se es esclavo de los &iacute;dolos de un falso bienestar, cuando uno se mueve dentro de esquemas ideol&oacute;gicos o absolutiza leyes de mercado que aplastan a las personas, en realidad no se hace otra cosa que estar entre las estrechas paredes de la celda del individualismo y de la autosuficiencia, privados de la verdad que genera la libertad. Y se&ntilde;alar con el dedo a quien se ha equivocado no puede ser una excusa para esconder las propias contradicciones.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNoSpacing\">&nbsp;<\/p>\n<p class=\"MsoNoSpacing\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: Arial, sans-serif\">Sabemos que ante Dios nadie puede considerarse justo (cf. Rm 2,1-11). Pero nadie puede vivir sin la certeza de encontrar el perd&oacute;n. El ladr&oacute;n arrepentido, crucificado junto a Jes&uacute;s, lo ha acompa&ntilde;ado en el para&iacute;so (cf. Lc 23,43). Ninguno de vosotros, por tanto, se encierre en el pasado. La historia pasada, aunque lo quisi&eacute;ramos, no puede ser escrita de nuevo. Pero la historia que inicia hoy, y que mira al futuro, est&aacute; todav&iacute;a sin escribir, con la gracia de Dios y con vuestra responsabilidad personal. Aprendiendo de los errores del pasado, se puede abrir un nuevo cap&iacute;tulo de la vida. No caigamos en la tentaci&oacute;n de pensar que no podemos ser perdonados. Ante cualquier cosa, peque&ntilde;a o grande, que nos reproche el coraz&oacute;n, s&oacute;lo debemos poner nuestra confianza en su misericordia, pues &laquo;Dios es mayor que nuestro coraz&oacute;n&raquo; (1Jn 3,20).<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNoSpacing\">&nbsp;<\/p>\n<p class=\"MsoNoSpacing\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: Arial, sans-serif\">La fe, incluso si es peque&ntilde;a como un grano de mostaza, es capaz de mover monta&ntilde;as (cf. Mt 17,20). Cuantas veces la fuerza de la fe ha permitido pronunciar la palabra perd&oacute;n en condiciones humanamente imposibles. Personas que han padecido violencias o abusos en s&iacute; mismas o en sus seres queridos o en sus bienes. S&oacute;lo la fuerza de Dios, la misericordia, puede curar ciertas heridas. Y donde se responde a la violencia con el perd&oacute;n, all&iacute; tambi&eacute;n el amor que derrota toda forma de mal puede conquistar el coraz&oacute;n de quien se ha equivocado. Y as&iacute;, entre las v&iacute;ctimas y entre los culpables, Dios suscita aut&eacute;nticos testimonios y obreros de la misericordia.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNoSpacing\">&nbsp;<\/p>\n<p class=\"MsoNoSpacing\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: Arial, sans-serif\">Hoy veneramos a la Virgen Mar&iacute;a en esta imagen que la representa como una Madre que tiene en sus brazos a Jes&uacute;s con una cadena rota, las cadenas de la esclavitud y de la prisi&oacute;n. Que ella dirija a cada uno de vosotros su mirada materna, haga surgir de vuestro coraz&oacute;n la fuerza de la esperanza para vivir una vida nueva y digna en plena libertad y en el servicio del pr&oacute;jimo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\" class=\"MsoNoSpacing\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: Arial, sans-serif\">&nbsp;<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUBILEO EXTRAORDINARIO DE LA MISERICORDIA &nbsp; &nbsp; &nbsp; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO &nbsp; Bas&iacute;lica Vaticana &nbsp; Domingo 6 de noviembre de 2016 El mensaje que la Palabra de Dios quiere comunicarnos hoy es&#46;&#46;&#46;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":3847,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"class_list":["post-4813","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ultimas-noticias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4813","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4813"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4813\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3847"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4813"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4813"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4813"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}