{"id":4907,"date":"2016-11-23T14:00:51","date_gmt":"2016-11-23T22:00:51","guid":{"rendered":"http:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/?p=4907"},"modified":"2016-11-23T14:00:51","modified_gmt":"2016-11-23T22:00:51","slug":"carta-apostolica-misericordia-et-misera-del-santo-padre-francisco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/carta-apostolica-misericordia-et-misera-del-santo-padre-francisco\/","title":{"rendered":"Carta Apost\u00f3lica Misericordia et misera del Santo Padre Francisco"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/PapaFranciscoCartaApostolicaMisericordia2.jpeg\" data-rel=\"lightbox-image-0\" data-rl_title=\"\" data-rl_caption=\"\" title=\"\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-4908\" src=\"http:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/PapaFranciscoCartaApostolicaMisericordia2-300x200.jpeg\" alt=\"papafranciscocartaapostolicamisericordia2\" width=\"300\" height=\"200\" srcset=\"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/PapaFranciscoCartaApostolicaMisericordia2-300x200.jpeg 300w, https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/PapaFranciscoCartaApostolicaMisericordia2.jpeg 448w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>CARTA APOST\u00d3LICA<\/p>\n<p><strong><em>Misericordia<br \/>\net misera<\/em><\/strong><\/p>\n<p>DEL SANTO PADRE<br \/>\nFRANCISCO<\/p>\n<p>AL CONCLUIR<br \/>\nEL JUBILEO EXTRAORDINARIO<br \/>\nDE LA MISERICORDIA<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Francisco<br \/>\na cuantos leer\u00e1n esta Carta Apost\u00f3lica<br \/>\nmisericordia y paz<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Misericordia et misera<\/em>\u00a0son las dos palabras que san Agust\u00edn usa para comentar el encuentro entre Jes\u00fas y la ad\u00faltera (cf.\u00a0<em>Jn<\/em>\u00a08,1-11). No pod\u00eda encontrar una expresi\u00f3n m\u00e1s bella y coherente que esta para hacer comprender el misterio del amor de Dios cuando viene al encuentro del pecador: \u00abQuedaron s\u00f3lo ellos dos: la miserable y la misericordia\u00bb<a name=\"_ftnref1\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftn1\">[1]<\/a>. Cu\u00e1nta piedad y justicia divina hay en este episodio. Su ense\u00f1anza viene a iluminar la conclusi\u00f3n del Jubileo Extraordinario de la Misericordia e indica, adem\u00e1s, el camino que estamos llamados a seguir en el futuro.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li>Esta p\u00e1gina del Evangelio puede ser asumida, con todo derecho, como imagen de lo que hemos celebrado en el A\u00f1o Santo, un tiempo rico de misericordia, que pide ser siempre\u00a0<em>celebrada<\/em>y\u00a0<em>vivida<\/em>en nuestras comunidades. En efecto, la misericordia no puede ser un par\u00e9ntesis en la vida de la Iglesia, sino que constituye su misma existencia, que manifiesta y hace tangible la verdad profunda del Evangelio. Todo se revela en la misericordia; todo se resuelve en el amor misericordioso del Padre.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una mujer y Jes\u00fas se encuentran. Ella, ad\u00faltera y, seg\u00fan la Ley, juzgada merecedora de la lapidaci\u00f3n; \u00e9l, que con su predicaci\u00f3n y el don total de s\u00ed mismo, que lo llevar\u00e1 hasta la cruz, ha devuelto la ley mosaica a su genuino prop\u00f3sito originario. En el centro no aparece la ley y la justicia legal, sino el amor de Dios que sabe leer el coraz\u00f3n de cada persona, para comprender su deseo m\u00e1s rec\u00f3ndito, y que debe tener el primado sobre todo. En este relato evang\u00e9lico, sin embargo, no se encuentran el pecado y el juicio en abstracto, sino una pecadora y el Salvador. Jes\u00fas ha mirado a los ojos a aquella mujer y ha le\u00eddo su coraz\u00f3n: all\u00ed ha reconocido su deseo de ser comprendida, perdonada y liberada. La miseria del pecado ha sido revestida por la misericordia del amor. Por parte de Jes\u00fas, no hay ning\u00fan juicio que no est\u00e9 marcado por la piedad y la compasi\u00f3n hacia la condici\u00f3n de la pecadora. A quien quer\u00eda juzgarla y condenarla a muerte, Jes\u00fas responde con un silencio prolongado, que ayuda a que la voz de Dios resuene en las conciencias, tanto de la mujer como de sus acusadores. Estos dejan caer las piedras de sus manos y se van uno a uno (cf.\u00a0<em>Jn<\/em>\u00a08,9). Y despu\u00e9s de ese silencio, Jes\u00fas dice: \u00abMujer, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1n tus acusadores? \u00bfNinguno te ha condenado? [\u2026] Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques m\u00e1s\u00bb (vv. 10-11). De este modo la ayuda a mirar al futuro con esperanza y a estar lista para encaminar nuevamente su vida; de ahora en adelante, si lo querr\u00e1, podr\u00e1 \u00abcaminar en la caridad\u00bb (cf.\u00a0<em>Ef<\/em>\u00a05,2). Una vez que hemos sido revestidos de misericordia, aunque permanezca la condici\u00f3n de debilidad por el pecado, esta debilidad es superada por el amor que permite mirar m\u00e1s all\u00e1 y vivir de otra manera.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"2\">\n<li>Jes\u00fas lo hab\u00eda ense\u00f1ado con claridad en otro momento cuando, invitado a comer por un fariseo, se le hab\u00eda acercado una mujer conocida por todos como pecadora (cf.\u00a0<em>Lc<\/em>7,36-50). Ella hab\u00eda ungido con perfume los pies de Jes\u00fas, los hab\u00eda ba\u00f1ado con sus l\u00e1grimas y secado con sus cabellos (cf. vv. 37-38). A la reacci\u00f3n escandalizada del fariseo, Jes\u00fas responde: \u00abSus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco\u00bb (v. 47).<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">El<em>\u00a0perd\u00f3n\u00a0<\/em>es el signo m\u00e1s visible del amor del Padre, que Jes\u00fas ha querido revelar a lo largo de toda su vida. No existe p\u00e1gina del Evangelio que pueda ser sustra\u00edda a este imperativo del amor que llega hasta el perd\u00f3n. Incluso en el \u00faltimo momento de su vida terrena, mientras estaba siendo crucificado, Jes\u00fas tiene palabras de perd\u00f3n: \u00abPadre, perd\u00f3nalos porque no saben lo que hacen\u00bb (<em>Lc<\/em>23,34).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nada de cuanto un pecador arrepentido coloca delante de la misericordia de Dios queda sin el abrazo de su perd\u00f3n. Por este motivo, ninguno de nosotros puede poner condiciones a la misericordia; ella ser\u00e1 siempre un acto de gratuidad del Padre celeste, un amor incondicionado e inmerecido. No podemos correr el riesgo de oponernos a la plena libertad del amor con el cual Dios entra en la vida de cada persona.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La misericordia es esta acci\u00f3n concreta del amor que, perdonando, transforma y cambia la vida. As\u00ed se manifiesta su misterio divino. Dios es misericordioso (cf.\u00a0<em>Ex\u00a0<\/em>34,6), su misericordia dura por siempre (cf.\u00a0<em>Sal<\/em>\u00a0136), de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n abraza a cada persona que se conf\u00eda a \u00e9l y la transforma, d\u00e1ndole su misma vida.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"3\">\n<li>Cu\u00e1nta alegr\u00eda ha brotado en el coraz\u00f3n de estas dos mujeres, la ad\u00faltera y la pecadora. El perd\u00f3n ha hecho que se sintieran al fin m\u00e1s libres y felices que nunca. Las l\u00e1grimas de verg\u00fcenza y de dolor se han transformado en la sonrisa de quien se sabe amado. La misericordia suscita\u00a0<em>alegr\u00eda<\/em>porque el coraz\u00f3n se abre a la esperanza de una vida nueva. La alegr\u00eda del perd\u00f3n es dif\u00edcil de expresar, pero se trasparenta en nosotros cada vez que la experimentamos. En su origen est\u00e1 el amor con el cual Dios viene a nuestro encuentro, rompiendo el c\u00edrculo del ego\u00edsmo que nos envuelve, para hacernos tambi\u00e9n a nosotros instrumentos de misericordia.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Qu\u00e9 significativas son, tambi\u00e9n para nosotros, las antiguas palabras que guiaban a los primeros cristianos: \u00abRev\u00edstete de alegr\u00eda, que encuentra siempre gracia delante de Dios y siempre le es agradable, y compl\u00e1cete en ella. Porque todo hombre alegre obra el bien, piensa el bien y desprecia la tristeza [&#8230;] Vivir\u00e1n en Dios cuantos alejen de s\u00ed la tristeza y se revistan de toda alegr\u00eda\u00bb<a name=\"_ftnref2\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftn2\">[2]<\/a>. Experimentar la misericordia produce alegr\u00eda. No permitamos que las aflicciones y preocupaciones nos la quiten; que permanezca bien arraigada en nuestro coraz\u00f3n y nos ayude a mirar siempre con serenidad la vida cotidiana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En una cultura frecuentemente dominada por la t\u00e9cnica, se multiplican las formas de tristeza y soledad en las que caen las personas, entre ellas muchos j\u00f3venes. En efecto, el futuro parece estar en manos de la incertidumbre que impide tener estabilidad. De ah\u00ed surgen a menudo sentimientos de melancol\u00eda, tristeza y aburrimiento que lentamente pueden conducir a la desesperaci\u00f3n. Se necesitan testigos de la esperanza y de la verdadera alegr\u00eda para deshacer las quimeras que prometen una felicidad f\u00e1cil con para\u00edsos artificiales. El vac\u00edo profundo de muchos puede ser colmado por la esperanza que llevamos en el coraz\u00f3n y por la alegr\u00eda que brota de ella. Hay mucha necesidad de reconocer la alegr\u00eda que se revela en el coraz\u00f3n que ha sido tocado por la misericordia. Hagamos nuestras, por tanto, las palabras del Ap\u00f3stol: \u00abEstad siempre alegres en el Se\u00f1or\u00bb (<em>Flp<\/em>\u00a04,4; cf.\u00a0<em>1 Ts<\/em>\u00a05,16).<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"4\">\n<li>Hemos celebrado un A\u00f1o intenso, en el que la gracia de la misericordia se nos ha dado en abundancia. Como un viento impetuoso y saludable, la bondad y la misericordia se han esparcido por el mundo entero. Y delante de esta mirada amorosa de Dios, que de manera tan prolongada se ha posado sobre cada uno de nosotros, no podemos permanecer indiferentes, porque ella nos cambia la vida.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sentimos la necesidad, ante todo, de dar gracias al Se\u00f1or y decirle: \u00abHas sido bueno, Se\u00f1or, con tu tierra [\u2026]. Has perdonado la culpa de tu pueblo\u00bb (<em>Sal<\/em>\u00a085,2-3). As\u00ed es: Dios ha destruido nuestras culpas y ha arrojado nuestros pecados a lo hondo del mar (cf.\u00a0<em>Mi<\/em>\u00a07,19); no los recuerda m\u00e1s, se los ha echado a la espalda (cf.\u00a0<em>Is<\/em>\u00a038,17); como dista el oriente del ocaso, as\u00ed aparta de nosotros nuestros pecados (cf.\u00a0<em>Sal<\/em>\u00a0103,12).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este A\u00f1o Santo la Iglesia ha sabido ponerse a la escucha y ha experimentado con gran intensidad la presencia y cercan\u00eda del Padre, que mediante la obra del Esp\u00edritu Santo le ha hecho m\u00e1s evidente el don y el mandato de Jes\u00fas sobre el perd\u00f3n. Ha sido realmente una nueva visita del Se\u00f1or en medio de nosotros. Hemos percibido c\u00f3mo su soplo vital se difund\u00eda por la Iglesia y, una vez m\u00e1s, sus palabras han indicado la misi\u00f3n: \u00abRecibid el Esp\u00edritu Santo, a quienes les perdon\u00e9is los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los reteng\u00e1is, les quedan retenidos\u00bb (<em>Jn\u00a0<\/em>20,22-23).<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"5\">\n<li>Ahora, concluido este Jubileo, es tiempo de mirar hacia adelante y de comprender c\u00f3mo seguir viviendo con fidelidad, alegr\u00eda y entusiasmo la riqueza de la misericordia divina. Nuestras comunidades continuar\u00e1n con vitalidad y dinamismo la obra de la nueva evangelizaci\u00f3n en la medida en que la \u00abconversi\u00f3n pastoral\u00bb<a name=\"_ftnref3\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftn3\">[3]<\/a>, que estamos llamados a vivir, se plasme cada d\u00eda, gracias a la fuerza renovadora de la misericordia. No limitemos su acci\u00f3n; no hagamos entristecer al Esp\u00edritu, que siempre indica nuevos senderos para recorrer y llevar a todos el Evangelio que salva.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">En primer lugar estamos llamados a\u00a0<em>celebrar<\/em>\u00a0la misericordia. Cu\u00e1nta riqueza contiene la oraci\u00f3n de la Iglesia cuando invoca a Dios como Padre misericordioso. En la liturgia, la misericordia no s\u00f3lo se evoca con frecuencia, sino que se recibe y se vive. Desde el inicio hasta el final de la\u00a0<em>celebraci\u00f3n eucar\u00edstica<\/em>, la misericordia aparece varias veces en el di\u00e1logo entre la asamblea orante y el coraz\u00f3n del Padre, que se alegra cada vez que puede derramar su amor misericordioso. Despu\u00e9s de la s\u00faplica inicial de perd\u00f3n, con la invocaci\u00f3n \u00abSe\u00f1or, ten piedad\u00bb, somos inmediatamente confortados: \u00abDios omnipotente tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna\u00bb. Con esta confianza la comunidad se re\u00fane en la presencia del Se\u00f1or, especialmente en el d\u00eda santo de la resurrecci\u00f3n. Muchas oraciones \u00abcolectas\u00bb se refieren al gran don de la misericordia. En el periodo de Cuaresma, por ejemplo, oramos diciendo: \u00abSe\u00f1or, Padre de misericordia y origen de todo bien, que aceptas el ayuno, la oraci\u00f3n y la limosna como remedio de nuestros pecados; mira con amor a tu pueblo penitente y restaura con tu misericordia a los que estamos hundidos bajo el peso de las culpas\u00bb<a name=\"_ftnref4\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftn4\">[4]<\/a>. Despu\u00e9s nos sumergimos en la gran plegaria eucar\u00edstica con el prefacio que proclama: \u00abPorque tu amor al mundo fue tan misericordioso que no s\u00f3lo nos enviaste como redentor a tu propio Hijo, sino que en todo lo quisiste semejante al hombre, menos en el pecado\u00bb<a name=\"_ftnref5\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftn5\">[5]<\/a>. Adem\u00e1s, la plegaria eucar\u00edstica cuarta es un himno a la misericordia de Dios: \u00abCompadecido, tendiste la mano a todos, para que te encuentre el que te busca\u00bb. \u00abTen misericordia de todos nosotros\u00bb<a name=\"_ftnref6\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftn6\">[6]<\/a>, es la s\u00faplica apremiante que realiza el sacerdote, para implorar la participaci\u00f3n en la vida eterna. Despu\u00e9s del Padrenuestro, el sacerdote prolonga la plegaria invocando la paz y la liberaci\u00f3n del pecado gracias a la \u00abayuda de su misericordia\u00bb. Y antes del signo de la paz, que se da como expresi\u00f3n de fraternidad y de amor rec\u00edproco a la luz del perd\u00f3n recibido, \u00e9l ora de nuevo diciendo: \u00abNo tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia\u00bb<a name=\"_ftnref7\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftn7\">[7]<\/a>. Mediante estas palabras, pedimos con humilde confianza el don de la unidad y de la paz para la santa Madre Iglesia. La celebraci\u00f3n de la misericordia divina culmina en el Sacrificio eucar\u00edstico, memorial del misterio pascual de Cristo, del que brota la salvaci\u00f3n para cada ser humano, para la historia y para el mundo entero. En resumen, cada momento de la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica est\u00e1 referido a la misericordia de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En toda la vida sacramental la misericordia se nos da en abundancia. Es muy relevante el hecho de que la Iglesia haya querido mencionar expl\u00edcitamente la misericordia en la f\u00f3rmula de los dos sacramentos llamados \u00abde sanaci\u00f3n\u00bb, es decir, la<em>\u00a0Reconciliaci\u00f3n<\/em>\u00a0y la\u00a0<em>Unci\u00f3n de los enfermos<\/em>. La f\u00f3rmula de la absoluci\u00f3n dice: \u00abDios, Padre misericordioso, que reconcili\u00f3 consigo al mundo por la muerte y la resurrecci\u00f3n de su Hijo y derram\u00f3 el Esp\u00edritu Santo para la remisi\u00f3n de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perd\u00f3n y la paz\u00bb<a name=\"_ftnref8\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftn8\">[8]<\/a>; y la de la Unci\u00f3n reza: \u00abPor esta santa Unci\u00f3n y por su bondadosa misericordia, te ayude el Se\u00f1or con la gracia del Esp\u00edritu Santo\u00bb<a name=\"_ftnref9\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftn9\">[9]<\/a>. As\u00ed, en la oraci\u00f3n de la Iglesia la referencia a la misericordia, lejos de ser solamente paren\u00e9tica, es altamente\u00a0<em>performativa<\/em>, es decir que, mientras la invocamos con fe, nos viene concedida; mientras la confesamos viva y real, nos transforma verdaderamente. Este es un aspecto fundamental de nuestra fe, que debemos conservar en toda su originalidad: antes que el pecado, tenemos la revelaci\u00f3n del amor con el que Dios ha creado el mundo y los seres humanos. El amor es el primer acto con el que Dios se da a conocer y viene a nuestro encuentro. Por tanto, abramos el coraz\u00f3n a la confianza de ser amados por Dios. Su amor nos precede siempre, nos acompa\u00f1a y permanece junto a nosotros a pesar de nuestros pecados.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"6\">\n<li>En este contexto, la\u00a0<em>escucha de la Palabra de Dios<\/em>asume tambi\u00e9n un significado particular. Cada domingo, la Palabra de Dios es proclamada en la comunidad cristiana para que el d\u00eda del Se\u00f1or se ilumine con la luz que proviene del misterio pascual<a name=\"_ftnref10\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftn10\">[10]<\/a>. En la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica asistimos a un verdadero di\u00e1logo entre Dios y su pueblo. En la proclamaci\u00f3n de las lecturas b\u00edblicas, se recorre la historia de nuestra salvaci\u00f3n como una incesante obra de misericordia que se nos anuncia. Dios sigue hablando hoy con nosotros como sus amigos, se \u00abentretiene\u00bb con nosotros<a name=\"_ftnref11\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftn11\">[11]<\/a>, para ofrecernos su compa\u00f1\u00eda y mostrarnos el sendero de la vida. Su Palabra se hace int\u00e9rprete de nuestras peticiones y preocupaciones, y es tambi\u00e9n respuesta fecunda para que podamos experimentar concretamente su cercan\u00eda. Qu\u00e9 importante es la\u00a0<em>homil\u00eda<\/em>, en la que \u00abla verdad va de la mano de la belleza y del bien\u00bb<a name=\"_ftnref12\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftn12\">[12]<\/a>, para que el coraz\u00f3n de los creyentes vibre ante la grandeza de la misericordia. Recomiendo mucho la preparaci\u00f3n de la homil\u00eda y el cuidado de la predicaci\u00f3n. Ella ser\u00e1 tanto m\u00e1s fructuosa, cuanto m\u00e1s haya experimentado el sacerdote en s\u00ed mismo la bondad misericordiosa del Se\u00f1or. Comunicar la certeza de que Dios nos ama no es un ejercicio ret\u00f3rico, sino condici\u00f3n de credibilidad del propio sacerdocio. Vivir la misericordia es el camino seguro para que ella llegue a ser verdadero anuncio de consolaci\u00f3n y de conversi\u00f3n en la vida pastoral. La homil\u00eda, como tambi\u00e9n la catequesis, ha de estar siempre sostenida por este coraz\u00f3n palpitante de la vida cristiana.<\/li>\n<li>La\u00a0<em>Biblia<\/em>es la gran historia que narra las maravillas de la misericordia de Dios. Cada una de sus p\u00e1ginas est\u00e1 impregnada del amor del Padre que desde la creaci\u00f3n ha querido imprimir en el universo los signos de su amor. El Esp\u00edritu Santo, a trav\u00e9s de las palabras de los profetas y de los escritos sapienciales, ha modelado la historia de Israel con el reconocimiento de la ternura y de la cercan\u00eda de Dios, a pesar de la infidelidad del pueblo. La vida de Jes\u00fas y su predicaci\u00f3n marcan de manera decisiva la historia de la comunidad cristiana, que entiende la propia misi\u00f3n como respuesta al mandato de Cristo de ser instrumento permanente de su misericordia y de su perd\u00f3n (cf.\u00a0<em>Jn\u00a0<\/em>20,23). Por medio de la Sagrada Escritura, que se mantiene viva gracias a la fe de la Iglesia, el Se\u00f1or contin\u00faa hablando a su Esposa y le indica los caminos a seguir, para que el Evangelio de la salvaci\u00f3n llegue a todos. Deseo vivamente que la Palabra de Dios se celebre, se conozca y se difunda cada vez m\u00e1s, para que nos ayude a comprender mejor el misterio del amor que brota de esta fuente de misericordia. Lo recuerda claramente el Ap\u00f3stol: \u00abToda Escritura es inspirada por Dios y adem\u00e1s \u00fatil para ense\u00f1ar, para arg\u00fcir, para corregir, para educar en la justicia\u00bb (<em>2 Tm\u00a0<\/em>3,16).<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ser\u00eda oportuno que cada comunidad, en un domingo del A\u00f1o lit\u00fargico, renovase su compromiso en favor de la difusi\u00f3n, el conocimiento y la profundizaci\u00f3n de la Sagrada Escritura: un domingo dedicado enteramente a la Palabra de Dios para comprender la inagotable riqueza que proviene de ese di\u00e1logo constante de Dios con su pueblo. Habr\u00eda que enriquecer ese momento con iniciativas creativas, que animen a los creyentes a ser instrumentos vivos de la transmisi\u00f3n de la Palabra. Ciertamente, entre esas iniciativas tendr\u00e1 que estar la difusi\u00f3n m\u00e1s amplia de la\u00a0<em>lectio divina<\/em>, para que, a trav\u00e9s de la lectura orante del texto sagrado, la vida espiritual se fortalezca y crezca. La\u00a0<em>lectio divina<\/em>\u00a0sobre los temas de la misericordia permitir\u00e1 comprobar cu\u00e1nta riqueza hay en el texto sagrado, que le\u00eddo a la luz de la entera tradici\u00f3n espiritual de la Iglesia, desembocar\u00e1 necesariamente en gestos y obras concretas de caridad<a name=\"_ftnref13\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftn13\">[13]<\/a>.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"8\">\n<li>La celebraci\u00f3n de la misericordia tiene lugar de modo especial en el\u00a0<em>Sacramento de la Reconciliaci\u00f3n.\u00a0<\/em>Es el momento en el que sentimos el abrazo del Padre que sale a nuestro encuentro para restituirnos de nuevo la gracia de ser sus hijos. Somos pecadores y cargamos con el peso de la contradicci\u00f3n entre lo que queremos hacer y lo que, en cambio, hacemos (cf.\u00a0<em>Rm<\/em>7,14-21); la gracia, sin embargo, nos precede siempre y adopta el rostro de la misericordia que se realiza eficazmente con la reconciliaci\u00f3n y el perd\u00f3n. Dios hace que comprendamos su inmenso amor justamente ante nuestra condici\u00f3n de pecadores. La gracia es m\u00e1s fuerte y supera cualquier posible resistencia, porque el amor todo lo puede (cf.\u00a0<em>1 Co<\/em>13,7).<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el Sacramento del Perd\u00f3n, Dios muestra la v\u00eda de la conversi\u00f3n hacia \u00e9l, y nos invita a experimentar de nuevo su cercan\u00eda. Es un perd\u00f3n que se obtiene, ante todo, empezando por\u00a0<em>vivir la caridad<\/em>. Lo recuerda tambi\u00e9n el ap\u00f3stol Pedro cuando escribe que \u00abel amor cubre la multitud de los pecados\u00bb (<em>1<\/em>\u00a0<em>P<\/em>\u00a04,8). S\u00f3lo Dios perdona los pecados, pero quiere que tambi\u00e9n nosotros estemos dispuestos a perdonar a los dem\u00e1s, como \u00e9l perdona nuestras faltas: \u00abPerdona nuestras ofensas, como tambi\u00e9n nosotros perdonamos a los que nos ofenden\u00bb (<em>Mt<\/em>\u00a06,12). Qu\u00e9 tristeza cada vez que nos quedamos encerrados en nosotros mismos, incapaces de perdonar. Triunfa el rencor, la rabia, la venganza; la vida se vuelve infeliz y se anula el alegre compromiso por la misericordia.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"9\">\n<li>Una experiencia de gracia que la Iglesia ha vivido con mucho fruto a lo largo del A\u00f1o jubilar ha sido ciertamente el servicio de los\u00a0<em>Misioneros de la Misericordia<\/em>. Su acci\u00f3n pastoral ha querido evidenciar que Dios no pone ning\u00fan l\u00edmite a cuantos lo buscan con coraz\u00f3n contrito, porque sale al encuentro de todos, como un Padre. He recibido muchos testimonios de alegr\u00eda por el renovado encuentro con el Se\u00f1or en el Sacramento de la Confesi\u00f3n. No perdamos la oportunidad de vivir tambi\u00e9n la fe como una experiencia de reconciliaci\u00f3n. \u00abReconciliaos con Dios\u00bb (<em>2 Co\u00a0<\/em>5,20), esta es la invitaci\u00f3n que el Ap\u00f3stol dirige tambi\u00e9n hoy a cada creyente, para que descubra la potencia del amor que transforma en una \u00abcriatura nueva\u00bb (<em>2 Co<\/em>5,17).<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Doy las gracias a cada Misionero de la Misericordia por este inestimable servicio de hacer fructificar la gracia del perd\u00f3n. Este ministerio extraordinario, sin embargo, no cesar\u00e1 con la clausura de la Puerta Santa. Deseo que se prolongue todav\u00eda, hasta nueva disposici\u00f3n, como signo concreto de que la gracia del Jubileo siga siendo viva y eficaz, a lo largo y ancho del mundo. Ser\u00e1 tarea del Pontificio Consejo para la Promoci\u00f3n de la Nueva Evangelizaci\u00f3n acompa\u00f1ar durante este periodo a los Misioneros de la Misericordia, como expresi\u00f3n directa de mi solicitud y cercan\u00eda, y encontrar las formas m\u00e1s coherentes para el ejercicio de este precioso ministerio.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"10\">\n<li>A los sacerdotes renuevo la invitaci\u00f3n a prepararse con mucho esmero para el ministerio de la Confesi\u00f3n, que es una verdadera misi\u00f3n sacerdotal. Os agradezco de coraz\u00f3n vuestro servicio y os pido que se\u00e1is\u00a0<em>acogedores\u00a0<\/em>con todos;<em>testigos\u00a0<\/em>de la ternura paterna, a pesar de la gravedad del pecado;\u00a0<em>sol\u00edcitos\u00a0<\/em>en ayudar a reflexionar sobre el mal cometido;\u00a0<em>claros\u00a0<\/em>a la hora de presentar los principios morales;\u00a0<em>disponibles<\/em>para acompa\u00f1ar a los fieles en el camino penitencial, siguiendo el paso de cada uno con paciencia;\u00a0<em>prudentes<\/em>\u00a0en el discernimiento de cada caso concreto;\u00a0<em>generosos\u00a0<\/em>en el momento de dispensar el perd\u00f3n de Dios. As\u00ed como Jes\u00fas ante la mujer ad\u00faltera opt\u00f3 por permanecer en silencio para salvarla de su condena a muerte, del mismo modo el sacerdote en el confesionario debe tener tambi\u00e9n un coraz\u00f3n magn\u00e1nimo, recordando que cada penitente lo remite a su propia condici\u00f3n personal: pecador, pero ministro de la misericordia.<\/li>\n<li>Me gustar\u00eda que todos medit\u00e1ramos las palabras del Ap\u00f3stol, escritas hacia el final de su vida, en las que confiesa a Timoteo de haber sido el primero de los pecadores, \u00abpor esto precisamente se compadeci\u00f3 de m\u00ed\u00bb (<em>1 Tm<\/em>1,16). Sus palabras tienen una fuerza arrebatadora para hacer que tambi\u00e9n nosotros reflexionemos sobre nuestra existencia y para que veamos c\u00f3mo la misericordia de Dios act\u00faa para cambiar, convertir y transformar nuestro coraz\u00f3n: \u00abDoy gracias a Cristo Jes\u00fas, Se\u00f1or nuestro, que me hizo capaz, se fio de m\u00ed y me confi\u00f3 este ministerio, a m\u00ed, que antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero Dios tuvo compasi\u00f3n de m\u00ed\u00bb (<em>1 Tm<\/em>1,12-13).<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por tanto, recordemos siempre con renovada pasi\u00f3n pastoral las palabras del Ap\u00f3stol: \u00abDios nos reconcili\u00f3 consigo por medio de Cristo y nos encarg\u00f3 el ministerio de la reconciliaci\u00f3n\u00bb (<em>2 Co<\/em>\u00a05,18). Con vistas a este ministerio, nosotros hemos sido los primeros en ser perdonados; hemos sido testigos en primera persona de la universalidad del perd\u00f3n. No existe ley ni precepto que pueda impedir a Dios volver a abrazar al hijo que regresa a \u00e9l reconociendo que se ha equivocado, pero decidido a recomenzar desde el principio. Quedarse solamente en la ley equivale a banalizar la fe y la misericordia divina. Hay un valor proped\u00e9utico en la ley (cf.\u00a0<em>Ga<\/em>3,24), cuyo fin es la caridad (cf.\u00a0<em>1 Tm<\/em>\u00a01,5). El cristiano est\u00e1 llamado a vivir la novedad del Evangelio, \u00abla ley del Esp\u00edritu que da la vida en Cristo Jes\u00fas\u00bb (<em>Rm<\/em>\u00a08,2). Incluso en los casos m\u00e1s complejos, en los que se siente la tentaci\u00f3n de hacer prevalecer una justicia que deriva s\u00f3lo de las normas, se debe creer en la fuerza que brota de la gracia divina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nosotros, confesores, somos testigos de tantas conversiones que suceden delante de nuestros ojos. Sentimos la responsabilidad que nuestros gestos y palabras toquen lo m\u00e1s profundo del coraz\u00f3n del penitente, para que descubra la cercan\u00eda y ternura del Padre que perdona. No arruinemos esas ocasiones con comportamientos que contradigan la experiencia de la misericordia que se busca. Ayudemos, m\u00e1s bien, a iluminar el \u00e1mbito de la conciencia personal con el amor infinito de Dios (cf.\u00a0<em>1 Jn<\/em>\u00a03,20).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Sacramento de la Reconciliaci\u00f3n necesita volver a encontrar su puesto central en la vida cristiana; por esto se requieren sacerdotes que pongan su vida al servicio del \u00abministerio de la reconciliaci\u00f3n\u00bb (<em>2 Co<\/em>\u00a05,18), para que a nadie que se haya arrepentido sinceramente se le impida acceder al amor del Padre, que espera su retorno, y a todos se les ofrezca la posibilidad de experimentar la fuerza liberadora del perd\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una ocasi\u00f3n propicia puede ser la celebraci\u00f3n de la iniciativa\u00a0<em>24 horas para el Se\u00f1or<\/em>\u00a0en la proximidad del IV Domingo de Cuaresma, que ha encontrado un buen consenso en las di\u00f3cesis y sigue siendo como una fuerte llamada pastoral para vivir intensamente el Sacramento de la Confesi\u00f3n.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"12\">\n<li>En virtud de esta exigencia, para que ning\u00fan obst\u00e1culo se interponga entre la petici\u00f3n de reconciliaci\u00f3n y el perd\u00f3n de Dios, de ahora en adelante concedo a todos los sacerdotes, en raz\u00f3n de su ministerio, la facultad de absolver a quienes hayan procurado el pecado del aborto. Cuanto hab\u00eda concedido de modo limitado para el per\u00edodo jubilar<a name=\"_ftnref14\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftn14\">[14]<\/a>, lo extiendo ahora en el tiempo, no obstante cualquier cosa en contrario. Quiero enfatizar con todas mis fuerzas que el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente. Con la misma fuerza, sin embargo, puedo y debo afirmar que no existe ning\u00fan pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir, all\u00ed donde encuentra un coraz\u00f3n arrepentido que pide reconciliarse con el Padre. Por tanto, que cada sacerdote sea gu\u00eda, apoyo y alivio a la hora de acompa\u00f1ar a los penitentes en este camino de reconciliaci\u00f3n especial.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el A\u00f1o del Jubileo hab\u00eda concedido a los fieles, que por diversos motivos frecuentan las iglesias donde celebran los sacerdotes de la Fraternidad San P\u00edo X, la posibilidad de recibir v\u00e1lida y l\u00edcitamente la absoluci\u00f3n sacramental de sus pecados<a name=\"_ftnref15\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftn15\">[15]<\/a>. Por el bien pastoral de estos fieles, y confiando en la buena voluntad de sus sacerdotes, para que se pueda recuperar con la ayuda de Dios la plena comuni\u00f3n con la Iglesia Cat\u00f3lica, establezco por decisi\u00f3n personal que esta facultad se extienda m\u00e1s all\u00e1 del per\u00edodo jubilar, hasta nueva disposici\u00f3n, de modo que a nadie le falte el signo sacramental de la reconciliaci\u00f3n a trav\u00e9s del perd\u00f3n de la Iglesia.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"13\">\n<li>La misericordia tiene tambi\u00e9n el rostro de la\u00a0<em>consolaci\u00f3n<\/em>. \u00abConsolad, consolad a mi pueblo\u00bb (<em>Is<\/em>40,1), son las sentidas palabras que el profeta pronuncia tambi\u00e9n hoy, para que llegue una palabra de esperanza a cuantos sufren y padecen. No nos dejemos robar nunca la esperanza que proviene de la fe en el Se\u00f1or resucitado. Es cierto, a menudo pasamos por duras pruebas, pero jam\u00e1s debe decaer la certeza de que el Se\u00f1or nos ama. Su misericordia se expresa tambi\u00e9n en la cercan\u00eda, en el afecto y en el apoyo que muchos hermanos y hermanas nos ofrecen cuando sobrevienen los d\u00edas de tristeza y aflicci\u00f3n. Enjugar las l\u00e1grimas es una acci\u00f3n concreta que rompe el c\u00edrculo de la soledad en el que con frecuencia terminamos encerrados.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos tenemos necesidad de consuelo, porque ninguno es inmune al sufrimiento, al dolor y a la incomprensi\u00f3n. Cu\u00e1nto dolor puede causar una palabra rencorosa, fruto de la envidia, de los celos y de la rabia. Cu\u00e1nto sufrimiento provoca la experiencia de la traici\u00f3n, de la violencia y del abandono; cu\u00e1nta amargura ante la muerte de los seres queridos. Sin embargo, Dios nunca permanece distante cuando se viven estos dramas. Una palabra que da \u00e1nimo, un abrazo que te hace sentir comprendido, una caricia que hace percibir el amor, una oraci\u00f3n que permite ser m\u00e1s fuerte\u2026, son todas expresiones de la cercan\u00eda de Dios a trav\u00e9s del consuelo ofrecido por los hermanos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A veces tambi\u00e9n el\u00a0<em>silencio<\/em>\u00a0es de gran ayuda; porque en algunos momentos no existen palabras para responder a los interrogantes del que sufre. La falta de palabras, sin embargo, se puede suplir por la compasi\u00f3n del que est\u00e1 presente y cercano, del que ama y tiende la mano. No es cierto que el silencio sea un acto de rendici\u00f3n, al contrario, es un momento de fuerza y de amor. El silencio tambi\u00e9n pertenece al lenguaje de la consolaci\u00f3n, porque se transforma en una obra concreta de solidaridad y uni\u00f3n con el sufrimiento del hermano.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"14\">\n<li>En un momento particular como el nuestro, caracterizado por la crisis de la familia, entre otras, es importante que llegue una palabra de consuelo a nuestras familias. El don del matrimonio es una gran vocaci\u00f3n a la que, con la gracia de Cristo, hay que corresponder con al amor generoso, fiel y paciente. La belleza de la familia permanece inmutable, a pesar de numerosas sombras y propuestas alternativas: \u00abEl gozo del amor que se vive en las familias es tambi\u00e9n el j\u00fabilo de la Iglesia\u00bb<a name=\"_ftnref16\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftn16\">[16]<\/a>. El sendero de la vida, que lleva a que un hombre y una mujer se encuentren, se amen y se prometan fidelidad por siempre delante de Dios, a menudo se interrumpe por el sufrimiento, la traici\u00f3n y la soledad. La alegr\u00eda de los padres por el don de los hijos no es inmune a las preocupaciones con respecto a su crecimiento y formaci\u00f3n, y para que tengan un futuro digno de ser vivido con intensidad.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">La gracia del Sacramento del Matrimonio no s\u00f3lo fortalece a la familia para que sea un lugar privilegiado en el que se viva la misericordia, sino que compromete a la comunidad cristiana, y con ella a toda la acci\u00f3n pastoral, para que se resalte el gran valor propositivo de la familia. De todas formas, este A\u00f1o jubilar nos ha de ayudar a reconocer la complejidad de la realidad familiar actual. La experiencia de la misericordia nos hace capaces de mirar todas las dificultades humanas con la actitud del amor de Dios, que no se cansa de acoger y acompa\u00f1ar<a name=\"_ftnref17\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftn17\">[17]<\/a>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No podemos olvidar que cada uno lleva consigo el peso de la propia historia que lo distingue de cualquier otra persona. Nuestra vida, con sus alegr\u00edas y dolores, es algo \u00fanico e irrepetible, que se desenvuelve bajo la mirada misericordiosa de Dios. Esto exige, sobre todo de parte del sacerdote, un discernimiento espiritual atento, profundo y prudente para que cada uno, sin excluir a nadie, sin importar la situaci\u00f3n que viva, pueda sentirse acogido concretamente por Dios, participar activamente en la vida de la comunidad y ser admitido en ese Pueblo de Dios que, sin descanso, camina hacia la plenitud del reino de Dios, reino de justicia, de amor, de perd\u00f3n y de misericordia.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"15\">\n<li><em>El momento de la<\/em><em>muerte<\/em>\u00a0reviste una importancia particular. La Iglesia siempre ha vivido este dram\u00e1tico tr\u00e1nsito a la luz de la resurrecci\u00f3n de Jesucristo, que ha abierto el camino de la certeza en la vida futura. Tenemos un gran reto que afrontar, sobre todo en la cultura contempor\u00e1nea que, a menudo, tiende a banalizar la muerte hasta el punto de esconderla o considerarla una simple ficci\u00f3n. La muerte en cambio se ha de afrontar y preparar como un paso doloroso e ineludible, pero lleno de sentido: como el acto de amor extremo hacia las personas que dejamos y hacia Dios, a cuyo encuentro nos dirigimos. En todas las religiones el momento de la muerte, as\u00ed como el del nacimiento, est\u00e1 acompa\u00f1ado de una presencia religiosa. Nosotros vivimos la experiencia de las\u00a0<em>exequias<\/em>\u00a0como una plegaria llena de esperanza por el alma del difunto y como una ocasi\u00f3n para ofrecer consuelo a cuantos sufren por la ausencia de la persona amada.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estoy convencido de la necesidad de que, en la acci\u00f3n pastoral animada por la fe viva, los signos lit\u00fargicos y nuestras oraciones sean expresi\u00f3n de la misericordia del Se\u00f1or. Es \u00e9l mismo quien nos da palabras de esperanza, porque nada ni nadie podr\u00e1n jam\u00e1s separarnos de su amor (cf.\u00a0<em>Rm<\/em>\u00a08,35). La participaci\u00f3n del sacerdote en este momento significa un acompa\u00f1amiento importante, porque ayuda a sentir la cercan\u00eda de la comunidad cristiana en los momentos de debilidad, soledad, incertidumbre y llanto.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"16\">\n<li>Termina el Jubileo y se cierra la Puerta Santa. Pero la puerta de la misericordia de nuestro coraz\u00f3n permanece siempre abierta, de par en par. Hemos aprendido que Dios se inclina hacia nosotros (cf.\u00a0<em>Os<\/em>11,4) para que tambi\u00e9n nosotros podamos imitarlo inclin\u00e1ndonos hacia los hermanos. La nostalgia que muchos sienten de volver a la casa del Padre, que est\u00e1 esperando su regreso, est\u00e1 provocada tambi\u00e9n por el testimonio sincero y generoso que algunos dan de la ternura divina. La Puerta Santa que hemos atravesado en este A\u00f1o jubilar nos ha situado en la\u00a0<em>v\u00eda de la caridad,\u00a0<\/em>que estamos llamados a recorrer cada d\u00eda con fidelidad y alegr\u00eda. El camino de la misericordia es el que nos hace encontrar a tantos hermanos y hermanas que tienden la mano esperando que alguien la aferre y poder as\u00ed caminar juntos.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Querer acercarse a Jes\u00fas implica hacerse pr\u00f3jimo de los hermanos, porque nada es m\u00e1s agradable al Padre que un signo concreto de misericordia. Por su misma naturaleza, la misericordia se hace visible y tangible en una acci\u00f3n concreta y din\u00e1mica. Una vez que se la ha experimentado en su verdad, no se puede volver atr\u00e1s: crece continuamente y transforma la vida. Es verdaderamente una nueva creaci\u00f3n que obra un coraz\u00f3n nuevo, capaz de amar en plenitud, y purifica los ojos para que sepan ver las necesidades m\u00e1s ocultas. Qu\u00e9 verdaderas son las palabras con las que la Iglesia ora en la Vigilia Pascual, despu\u00e9s de la lectura que narra la creaci\u00f3n: \u00abOh Dios, que con acci\u00f3n maravillosa creaste al hombre y con mayor maravilla lo redimiste\u00bb<a name=\"_ftnref18\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftn18\">[18]<\/a>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La misericordia\u00a0<em>renueva<\/em>\u00a0y\u00a0<em>redime<\/em>, porque es el encuentro de dos corazones: el de Dios, que sale al encuentro, y el del hombre. Mientras este se va encendiendo, aquel lo va sanando: el coraz\u00f3n de piedra es transformado en coraz\u00f3n de carne (cf.\u00a0<em>Ez<\/em>\u00a036,26), capaz de amar a pesar de su pecado. Es aqu\u00ed donde se descubre que es realmente una \u00abnueva creatura\u00bb (cf.\u00a0<em>Ga\u00a0<\/em>6,15): soy amado, luego existo; he sido perdonado, entonces renazco a una vida nueva; he sido \u00abmisericordiado\u00bb, entonces me convierto en instrumento de misericordia.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"17\">\n<li>Durante el A\u00f1o Santo, especialmente en los \u00ab<em>viernes de la misericordia<\/em>\u00bb, he podido darme cuenta de cu\u00e1nto bien hay en el mundo. Con frecuencia no es conocido porque se realiza cotidianamente de manera discreta y silenciosa. Aunque no llega a ser noticia, existen sin embargo tantos signos concretos de bondad y ternura dirigidos a los m\u00e1s peque\u00f1os e indefensos, a los que est\u00e1n m\u00e1s solos y abandonados. Existen personas que encarnan realmente la caridad y que llevan continuamente la solidaridad a los m\u00e1s pobres e infelices. Agradezcamos al Se\u00f1or el don valioso de estas personas que, ante la debilidad de la humanidad herida, son como una invitaci\u00f3n para descubrir la alegr\u00eda de hacerse pr\u00f3jimo. Con gratitud pienso en los numerosos voluntarios que con su entrega de cada d\u00eda dedican su tiempo a mostrar la presencia y cercan\u00eda de Dios. Su servicio es una genuina obra de misericordia y hace que muchas personas se acerquen a la Iglesia.<\/li>\n<li>Es el momento de dejar paso a la fantas\u00eda de la misericordia para dar vida a tantas iniciativas nuevas, fruto de la gracia. La Iglesia necesita anunciar hoy esos \u00abmuchos otros signos\u00bb que Jes\u00fas realiz\u00f3 y que \u00abno est\u00e1n escritos\u00bb (<em>Jn\u00a0<\/em>20,30), de modo que sean expresi\u00f3n elocuente de la fecundidad del amor de Cristo y de la comunidad que vive de \u00e9l. Han pasado m\u00e1s de dos mil a\u00f1os y, sin embargo, las obras de misericordia siguen haciendo visible la bondad de Dios.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todav\u00eda hay poblaciones enteras que sufren hoy el hambre y la sed, y despiertan una gran preocupaci\u00f3n las im\u00e1genes de ni\u00f1os que no tienen nada para comer. Grandes masas de personas siguen emigrando de un pa\u00eds a otro en busca de alimento, trabajo, casa y paz. La enfermedad, en sus m\u00faltiples formas, es una causa permanente de sufrimiento que reclama socorro, ayuda y consuelo. Las c\u00e1rceles son lugares en los que, con frecuencia, las condiciones de vida inhumana causan sufrimientos, en ocasiones graves, que se a\u00f1aden a las penas restrictivas. El analfabetismo est\u00e1 todav\u00eda muy extendido, impidiendo que ni\u00f1os y ni\u00f1as se formen, exponi\u00e9ndolos a nuevas formas de esclavitud. La cultura del individualismo exasperado, sobre todo en Occidente, hace que se pierda el sentido de la solidaridad y la responsabilidad hacia los dem\u00e1s. Dios mismo sigue siendo hoy un desconocido para muchos; esto representa la m\u00e1s grande de las pobrezas y el mayor obst\u00e1culo para el reconocimiento de la dignidad inviolable de la vida humana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con todo, las obras de misericordia corporales y espirituales constituyen hasta nuestros d\u00edas una prueba de la incidencia importante y positiva de la misericordia como\u00a0<em>valor social<\/em>. Ella nos impulsa a ponernos manos a la obra para restituir la dignidad a millones de personas que son nuestros hermanos y hermanas, llamados a construir con nosotros una \u00abciudad fiable\u00bb<a name=\"_ftnref19\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftn19\">[19]<\/a>.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"19\">\n<li>En este A\u00f1o Santo se han realizado muchos signos concretos de misericordia. Comunidades, familias y personas creyentes han vuelto a descubrir la alegr\u00eda de compartir y la belleza de la solidaridad. Y aun as\u00ed, no basta. El mundo sigue generando nuevas formas de pobreza espiritual y material que atentan contra la dignidad de las personas. Por este motivo, la Iglesia debe estar siempre atenta y dispuesta a descubrir nuevas obras de misericordia y realizarlas con generosidad y entusiasmo.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esforc\u00e9monos entonces en concretar la caridad y, al mismo tiempo, en iluminar con inteligencia la pr\u00e1ctica de las obras de misericordia. Esta posee un dinamismo inclusivo mediante el cual se extiende en todas las direcciones, sin l\u00edmites. En este sentido, estamos llamados a darle un rostro nuevo a las obras de misericordia que conocemos de siempre. En efecto, la misericordia se excede; siempre va m\u00e1s all\u00e1, es fecunda. Es como la levadura que hace fermentar la masa (cf.\u00a0<em>Mt<\/em>\u00a013,33) y como un granito de mostaza que se convierte en un \u00e1rbol (cf.\u00a0<em>Lc<\/em>\u00a013,19).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pensemos solamente, a modo de ejemplo, en la obra de misericordia corporal de\u00a0<em>vestir al desnudo<\/em>\u00a0(cf.\u00a0<em>Mt<\/em>\u00a025,36.38.43.44). Ella nos transporta a los or\u00edgenes, al jard\u00edn del Ed\u00e9n, cuando Ad\u00e1n y Eva se dieron cuenta de que estaban desnudos y, sintiendo que el Se\u00f1or se acercaba, les dio verg\u00fcenza y se escondieron (cf.\u00a0<em>Gn<\/em>\u00a03,7-8). Sabemos que el Se\u00f1or los castig\u00f3; sin embargo, \u00e9l \u00abhizo t\u00fanicas de piel para Ad\u00e1n y su mujer, y los visti\u00f3\u00bb (<em>Gn<\/em>\u00a03,21). La verg\u00fcenza qued\u00f3 superada y la dignidad fue restablecida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Miremos fijamente tambi\u00e9n a Jes\u00fas en el G\u00f3lgota. El Hijo de Dios est\u00e1 desnudo en la cruz; su t\u00fanica ha sido echada a suerte por los soldados y est\u00e1 en sus manos (cf.\u00a0<em>Jn\u00a0<\/em>19,23-24); \u00e9l ya no tiene nada. En la cruz se revela de manera extrema la solidaridad de Jes\u00fas con todos los que han perdido la dignidad porque no cuentan con lo necesario. Si la Iglesia est\u00e1 llamada a ser la \u00abt\u00fanica de Cristo\u00bb<a name=\"_ftnref20\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftn20\">[20]<\/a>\u00a0para revestir a su Se\u00f1or, del mismo modo ha de empe\u00f1arse en ser solidaria con aquellos que han sido despojados, para que recobren la dignidad que les ha sido arrebatada. \u00abEstuve desnudo y me vestisteis\u00bb (<em>Mt<\/em>\u00a025,36) implica, por tanto, no mirar para otro lado ante las nuevas formas de pobreza y marginaci\u00f3n que impiden a las personas vivir dignamente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No tener trabajo y no recibir un salario justo; no tener una casa o una tierra donde habitar; ser discriminados por la fe, la raza, la condici\u00f3n social\u2026: estas, y muchas otras, son situaciones que atentan contra la dignidad de la persona, frente a las cuales la acci\u00f3n misericordiosa de los cristianos responde ante todo con la vigilancia y la solidaridad. Cu\u00e1ntas son las situaciones en las que podemos restituir la dignidad a las personas para que tengan una vida m\u00e1s humana. Pensemos solamente en los ni\u00f1os y ni\u00f1as que sufren violencias de todo tipo, violencias que les roban la alegr\u00eda de la vida. Sus rostros tristes y desorientados est\u00e1n impresos en mi mente; piden que les ayudemos a liberarse de las esclavitudes del mundo contempor\u00e1neo. Estos ni\u00f1os son los j\u00f3venes del ma\u00f1ana; \u00bfc\u00f3mo los estamos preparando para que vivan con dignidad y responsabilidad? \u00bfCon qu\u00e9 esperanza pueden afrontar su presente y su futuro?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El\u00a0<em>car\u00e1cter social<\/em>\u00a0de la misericordia obliga a no quedarse inm\u00f3viles y a desterrar la indiferencia y la hipocres\u00eda, de modo que los planes y proyectos no queden s\u00f3lo en letra muerta. Que el Esp\u00edritu Santo nos ayude a estar siempre dispuestos a contribuir de manera concreta y desinteresada, para que la justicia y una vida digna no sean s\u00f3lo palabras bonitas, sino que constituyan el compromiso concreto de todo el que quiere testimoniar la presencia del reino de Dios.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"20\">\n<li>Estamos llamados a hacer que crezca una\u00a0<em>cultura de la misericordia<\/em>, basada en el redescubrimiento del encuentro con los dem\u00e1s: una cultura en la que ninguno mire al otro con indiferencia ni aparte la mirada cuando vea el sufrimiento de los hermanos.\u00a0<em>Las obras de misericordia son \u00abartesanales\u00bb<\/em>: ninguna de ellas es igual a otra; nuestras manos las pueden modelar de mil modos, y aunque sea \u00fanico el Dios que las inspira y \u00fanica la \u00abmateria\u00bb de la que est\u00e1n hechas, es decir la misericordia misma, cada una adquiere una forma diversa.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las obras de misericordia tocan todos los aspectos de la vida de una persona. Podemos llevar a cabo una verdadera revoluci\u00f3n cultural a partir de la simplicidad de esos gestos que saben tocar el cuerpo y el esp\u00edritu, es decir la vida de las personas. Es una tarea que la comunidad cristiana puede hacer suya, consciente de que la Palabra del Se\u00f1or la llama a salir siempre de la indiferencia y del individualismo, en el que se corre el riesgo de caer para llevar una existencia c\u00f3moda y sin problemas. \u00abA los pobres los ten\u00e9is siempre con vosotros\u00bb (<em>Jn\u00a0<\/em>12,8), dice Jes\u00fas a sus disc\u00edpulos. No hay excusas que puedan justificar una falta de compromiso cuando sabemos que \u00e9l se ha identificado con cada uno de ellos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La cultura de la misericordia se va plasmando con la oraci\u00f3n asidua, con la d\u00f3cil apertura a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, la familiaridad con la vida de los santos y la cercan\u00eda concreta a los pobres. Es una invitaci\u00f3n apremiante a tener claro d\u00f3nde tenemos que comprometernos necesariamente. La tentaci\u00f3n de quedarse en la \u00abteor\u00eda sobre la misericordia\u00bb se supera en la medida que esta se convierte en vida cotidiana de participaci\u00f3n y colaboraci\u00f3n. Por otra parte, no deber\u00edamos olvidar las palabras con las que el ap\u00f3stol Pablo, narrando su encuentro con Pedro, Santiago y Juan, despu\u00e9s de su conversi\u00f3n, se refiere a un aspecto esencial de su misi\u00f3n y de toda la vida cristiana: \u00abNos pidieron que nos acord\u00e1ramos de los pobres, lo cual he procurado cumplir\u00bb (<em>Ga\u00a0<\/em>2,10). No podemos olvidarnos de los pobres: es una invitaci\u00f3n m\u00e1s actual hoy que nunca, que se impone en raz\u00f3n de su evidencia evang\u00e9lica.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"21\">\n<li>Que la experiencia del Jubileo grabe en nosotros las palabras del ap\u00f3stol Pedro: \u00abLos que antes erais no compadecidos, ahora sois objeto de compasi\u00f3n\u00bb (<em>1 P\u00a0<\/em>2,10). No guardemos s\u00f3lo para nosotros cuanto hemos recibido; sepamos compartirlo con los hermanos que sufren, para que sean sostenidos por la fuerza de la misericordia del Padre. Que nuestras comunidades se abran hasta alcanzar a todos los que viven en su territorio, para que llegue a todos, a trav\u00e9s del testimonio de los creyentes, la caricia de Dios.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Este es el tiempo de la misericordia<\/em>. Cada d\u00eda de nuestra vida est\u00e1 marcado por la presencia de Dios, que gu\u00eda nuestros pasos con el poder de la gracia que el Esp\u00edritu infunde en el coraz\u00f3n para plasmarlo y hacerlo capaz de amar.\u00a0<em>Es el tiempo de la misericordia<\/em>para todos y cada uno, para que nadie piense que est\u00e1 fuera de la cercan\u00eda de Dios y de la potencia de su ternura.\u00a0<em>Es el tiempo de la misericordia,\u00a0<\/em>para que los d\u00e9biles e indefensos, los que est\u00e1n lejos y solos sientan la presencia de hermanos y hermanas que los sostienen en sus necesidades.\u00a0<em>Es el tiempo de la misericordia,\u00a0<\/em>para que los pobres sientan la mirada de respeto y atenci\u00f3n de aquellos que, venciendo la indiferencia, han descubierto lo que es fundamental en la vida.\u00a0<em>Es el tiempo de la misericordia,\u00a0<\/em>para que cada pecador no deje de pedir perd\u00f3n y de sentir la mano del Padre que acoge y abraza siempre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la luz del \u00abJubileo de las personas socialmente excluidas\u00bb, mientras en todas las catedrales y santuarios del mundo se cerraban las Puertas de la Misericordia, intu\u00ed que, como otro signo concreto de este A\u00f1o Santo extraordinario, se debe celebrar en toda la Iglesia, en el XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario, la\u00a0<em>Jornada mundial de los pobres<\/em>. Ser\u00e1 la preparaci\u00f3n m\u00e1s adecuada para vivir la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el cual se ha identificado con los peque\u00f1os y los pobres, y nos juzgar\u00e1 a partir de las obras de misericordia (cf.\u00a0<em>Mt<\/em>\u00a025,31-46). Ser\u00e1 una Jornada que ayudar\u00e1 a las comunidades y a cada bautizado a reflexionar c\u00f3mo la pobreza est\u00e1 en el coraz\u00f3n del Evangelio y sobre el hecho que, mientras L\u00e1zaro est\u00e9 echado a la puerta de nuestra casa (cf.\u00a0<em>Lc<\/em>16,19-21), no podr\u00e1 haber justicia ni paz social. Esta Jornada constituir\u00e1 tambi\u00e9n una genuina forma de nueva evangelizaci\u00f3n (cf.\u00a0<em>Mt<\/em>\u00a011,5), con la que se renueve el rostro de la Iglesia en su acci\u00f3n perenne de conversi\u00f3n pastoral, para ser testimonio de la misericordia.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"22\">\n<li>Que los ojos misericordiosos de la Santa Madre de Dios est\u00e9n siempre vueltos hacia nosotros. Ella es la primera en abrir camino y nos acompa\u00f1a cuando damos testimonio del amor. La Madre de Misericordia acoge a todos bajo la protecci\u00f3n de su manto, tal y como el arte la ha representado a menudo. Confiemos en su ayuda materna y sigamos su constante indicaci\u00f3n de volver los ojos a Jes\u00fas, rostro radiante de la misericordia de Dios.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Dado en Roma, junto a San Pedro, el 20 de noviembre, solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, del A\u00f1o del Se\u00f1or 2016, cuarto de mi pontificado.<\/em><\/p>\n<p><strong>\u00a0<a href=\"http:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/PapaFranciscoCartaApostolicaMisericordia.jpeg\" data-rel=\"lightbox-image-1\" data-rl_title=\"\" data-rl_caption=\"\" title=\"\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-4909\" src=\"http:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/PapaFranciscoCartaApostolicaMisericordia-300x200.jpeg\" alt=\"papafranciscocartaapostolicamisericordia\" width=\"300\" height=\"200\" srcset=\"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/PapaFranciscoCartaApostolicaMisericordia-300x200.jpeg 300w, https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/PapaFranciscoCartaApostolicaMisericordia.jpeg 448w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong>Francisco<\/strong><\/p>\n<p><a name=\"_ftn1\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftnref1\">[1]<\/a>\u00a0<em>In Io. Ev. tract.<\/em>\u00a033,5.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn2\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftnref2\">[2]<\/a>\u00a0Pastor de Hermas, 42, 1-4.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn3\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftnref3\">[3]<\/a>\u00a0Cf. Exhort. ap.\u00a0<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_exhortations\/documents\/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html\">Evangelii gaudium<\/a>,\u00a0<\/em>24 noviembre 2013, 27:\u00a0<em>AAS<\/em>\u00a0105 (2013), 1031.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn4\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftnref4\">[4]<\/a><em>\u00a0Misal Romano<\/em>, III Domingo de Cuaresma.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn5\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftnref5\">[5]<\/a><em>\u00a0Ib\u00edd.<\/em>, Prefacio VII dominical del Tiempo Ordinario.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn6\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftnref6\">[6]<\/a><em>\u00a0Ib\u00edd.<\/em>, Plegaria eucar\u00edstica II.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn7\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftnref7\">[7]<\/a>\u00a0<em>Ib\u00edd.<\/em>, Rito de la comuni\u00f3n.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn8\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftnref8\">[8]<\/a><em>\u00a0Ritual de la Penitencia<\/em>, 102.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn9\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftnref9\">[9]<\/a>\u00a0<em>Ritual de la Unci\u00f3n y de la pastoral de enfermos<\/em>, 143.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn10\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftnref10\">[10]<\/a>\u00a0Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const.\u00a0<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html\">Sacrosanctum Concilium<\/a><\/em><em>m<\/em>,<strong>\u00a0<\/strong>106.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn11\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftnref11\">[11]<\/a>\u00a0Cf. Id<em>.<\/em>\u00a0Const. dogm.\u00a0<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html\">Dei Verbum<\/a><\/em>, 2.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn12\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftnref12\">[12]<\/a>\u00a0Exhort. ap.\u00a0<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_exhortations\/documents\/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html\">Evangelii gaudium<\/a><\/em>, 24 noviembre 2013, 142:\u00a0<em>AAS<\/em>\u00a0105 (2013), 1079.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn13\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftnref13\">[13]<\/a>\u00a0Cf. Benedicto XVI, Exhort. ap. postsin.\u00a0<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20100930_verbum-domini.html\">Verbum Domini<\/a>,<\/em>\u00a030 septiembre 2010, 86-87:\u00a0<em>AAS<\/em>\u00a0102 (2010), 757-760.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn14\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftnref14\">[14]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/letters\/2015\/documents\/papa-francesco_20150901_lettera-indulgenza-giubileo-misericordia.html\">Carta con la que se concede la indulgencia con<strong>\u00a0<\/strong>ocasi\u00f3n del Jubileo Extraordinario de la Misericordia<\/a><\/em>, 1 septiembre 2015:\u00a0<em>L\u2019Osservatore Romano<\/em>\u00a0ed. semanal en lengua espa\u00f1ola, 4 de septiembre de 2015, 3-4.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn15\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftnref15\">[15]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<em>ib\u00edd.<\/em><\/p>\n<p><a name=\"_ftn16\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftnref16\">[16]<\/a>\u00a0Exhort. ap. postsin.\u00a0<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_exhortations\/documents\/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html\">Amoris laetitia<\/a><\/em>, 19 marzo 2016, 1.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn17\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftnref17\">[17]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<em>ib\u00edd<\/em>., 291-300.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn18\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftnref18\">[18]<\/a><em>\u00a0Misal Romano<\/em>, Vigilia Pascual, Oraci\u00f3n despu\u00e9s de la Primera Lectura.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn19\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftnref19\">[19]<\/a>\u00a0Carta. enc.\u00a0<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei.html\">Lumen fidei<\/a><\/em>, 29 junio 2013, 50:\u00a0<em>AAS<\/em>\u00a0105 (2013), 589.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn20\"><\/a><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html#_ftnref20\">[20]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0Cipriano,\u00a0<em>La unidad de la Iglesia cat\u00f3lica<\/em>, 7.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CARTA APOST\u00d3LICA Misericordia et misera DEL SANTO PADRE FRANCISCO AL CONCLUIR EL JUBILEO EXTRAORDINARIO DE LA MISERICORDIA &nbsp; Francisco a cuantos leer\u00e1n esta Carta Apost\u00f3lica misericordia y paz &nbsp; Misericordia et misera\u00a0son las dos&#46;&#46;&#46;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":4909,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"class_list":["post-4907","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ultimas-noticias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4907","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4907"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4907\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4910,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4907\/revisions\/4910"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4909"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4907"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4907"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4907"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}