{"id":5065,"date":"2017-01-02T13:01:23","date_gmt":"2017-01-02T21:01:23","guid":{"rendered":"http:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/?p=5065"},"modified":"2017-01-02T13:01:23","modified_gmt":"2017-01-02T21:01:23","slug":"santa-misa-en-la-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/santa-misa-en-la-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios\/","title":{"rendered":"Santa Misa en la solemnidad de Santa Mar\u00eda, madre de Dios"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2017\/01\/PapaFrancisoadorandoalNi\u00f1oDios.jpeg\" data-rel=\"lightbox-image-0\" data-rl_title=\"\" data-rl_caption=\"\" title=\"\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-5066\" src=\"http:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2017\/01\/PapaFrancisoadorandoalNi\u00f1oDios-300x200.jpeg\" alt=\"papafrancisoadorandoalninodios\" width=\"300\" height=\"200\" srcset=\"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2017\/01\/PapaFrancisoadorandoalNi\u00f1oDios-300x200.jpeg 300w, https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2017\/01\/PapaFrancisoadorandoalNi\u00f1oDios.jpeg 448w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>L JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ<\/p>\n<p>CAPILLA PAPAL<\/p>\n<p><strong><em>HOMIL\u00cdA DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>Bas\u00edlica Vaticana<br \/>\nDomingo 1 de enero de 2017<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abMientras tanto, Mar\u00eda conservaba estas cosas y las meditaba en su coraz\u00f3n\u00bb (<em>Lc<\/em>\u00a02, 19). As\u00ed Lucas describe la actitud con la que Mar\u00eda recibe todo lo que estaban viviendo en esos d\u00edas. Lejos de querer entender o adue\u00f1arse de la situaci\u00f3n, Mar\u00eda es la mujer que sabe conservar, es decir proteger,\u00a0<em>custodiar<\/em>\u00a0en su coraz\u00f3n el paso de Dios en la vida de su Pueblo. Desde sus entra\u00f1as aprendi\u00f3 a escuchar el latir del coraz\u00f3n de su Hijo y eso le ense\u00f1\u00f3, a lo largo de toda su vida, a descubrir el palpitar de Dios en la historia. Aprendi\u00f3 a ser madre y, en ese aprendizaje, le regal\u00f3 a Jes\u00fas la hermosa experiencia de saberse Hijo. En Mar\u00eda, el Verbo Eterno no s\u00f3lo se hizo carne sino que aprendi\u00f3 a reconocer la ternura maternal de Dios. Con Mar\u00eda, el Ni\u00f1o-Dios aprendi\u00f3 a escuchar los anhelos, las angustias, los gozos y las esperanzas del Pueblo de la promesa. Con ella se descubri\u00f3 a s\u00ed mismo Hijo del santo Pueblo fiel de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los evangelios Mar\u00eda aparece como mujer de pocas palabras, sin grandes discursos ni protagonismos pero con una mirada atenta que sabe custodiar la vida y la misi\u00f3n de su Hijo y, por tanto, de todo lo amado por \u00c9l. Ha sabido custodiar los albores de la primera comunidad cristiana, y as\u00ed aprendi\u00f3 a ser madre de una multitud. Ella se ha acercado en las situaciones m\u00e1s diversas para sembrar esperanza. Acompa\u00f1\u00f3 las cruces cargadas en el silencio del coraz\u00f3n de sus hijos. Tantas devociones, tantos santuarios y capillas en los lugares m\u00e1s rec\u00f3nditos, tantas im\u00e1genes esparcidas por las casas, nos recuerdan esta gran verdad. Mar\u00eda, nos dio el calor materno, ese que nos cobija en medio de la dificultad; el calor materno que permite que nada ni nadie apague en el seno de la Iglesia la revoluci\u00f3n de la ternura inaugurada por su Hijo. Donde hay madre, hay ternura. Y Mar\u00eda con su maternidad nos muestra que la humildad y la ternura no son virtudes de los d\u00e9biles sino de los fuertes, nos ense\u00f1a que no es necesario maltratar a otros para sentirse importantes (cf. Exhort. ap.\u00a0<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_exhortations\/documents\/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html#Mar\u00eda,_la_Madre_de_la_evangelizaci\u00f3n\">Evangelii gaudium<\/a><\/em>, 288). Y desde siempre el santo Pueblo fiel de Dios la ha reconocido y saludado como la Santa Madre de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Celebrar la maternidad de Mar\u00eda como Madre de Dios y madre nuestra, al comenzar un nuevo a\u00f1o, significa recordar una certeza que acompa\u00f1ar\u00e1 nuestros d\u00edas: somos un pueblo con Madre, no somos hu\u00e9rfanos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las madres son el ant\u00eddoto m\u00e1s fuerte ante nuestras tendencias individualistas y ego\u00edstas, ante nuestros encierros y apat\u00edas. Una sociedad sin madres no ser\u00eda solamente una sociedad fr\u00eda sino una sociedad que ha perdido el coraz\u00f3n, que ha perdido el \u00absabor a hogar\u00bb. Una sociedad sin madres ser\u00eda una sociedad sin piedad que ha dejado lugar s\u00f3lo al c\u00e1lculo y a la especulaci\u00f3n. Porque las madres, incluso en los peores momentos, saben dar testimonio de la ternura, de la entrega incondicional, de la fuerza de la esperanza. He aprendido mucho de esas madres que teniendo a sus hijos presos, o postrados en la cama de un hospital, o sometidos por la esclavitud de la droga, con frio o calor, lluvia o sequ\u00eda, no se dan por vencidas y siguen peleando para darles a ellos lo mejor. O esas madres que en los campos de refugiados, o incluso en medio de la guerra, logran abrazar y sostener sin desfallecer el sufrimiento de sus hijos. Madres que dejan literalmente la vida para que ninguno de sus hijos se pierda. Donde est\u00e1 la madre hay unidad, hay pertenencia, pertenencia de hijos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Comenzar el a\u00f1o haciendo memoria de la bondad de Dios en el rostro maternal de Mar\u00eda, en el rostro maternal de la Iglesia, en los rostros de nuestras madres, nos protege de la corrosiva enfermedad de \u00abla orfandad espiritual\u00bb, esa orfandad que vive el alma cuando se siente sin madre y le falta la ternura de Dios. Esa orfandad que vivimos cuando se nos va apagando el sentido de pertenencia a una familia, a un pueblo, a una tierra, a nuestro Dios. Esa orfandad que gana espacio en el coraz\u00f3n narcisista que s\u00f3lo sabe mirarse a s\u00ed mismo y a los propios intereses y que crece cuando nos olvidamos que la vida ha sido un regalo \u2014que se la debemos a otros\u2014 y que estamos invitados a compartirla en esta casa com\u00fan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tal orfandad autorreferencial fue la que llev\u00f3 a Ca\u00edn a decir: \u00ab\u00bfAcaso soy yo el guardi\u00e1n de mi hermano?\u00bb (<em>Gn\u00a0<\/em>4,9), como afirmando: \u00e9l no me pertenece, no lo reconozco. Tal actitud de orfandad espiritual es un c\u00e1ncer que silenciosamente corroe y degrada el alma. Y as\u00ed nos vamos degradando ya que, entonces, nadie nos pertenece y no pertenecemos a nadie: degrado la tierra, porque no me pertenece, degrado a los otros, porque no me pertenecen, degrado a Dios porque no le pertenezco, y finalmente termina degrad\u00e1ndonos a nosotros mismos porque nos olvidamos qui\u00e9nes somos, qu\u00e9 \u00abapellido\u00bb divino tenemos. La p\u00e9rdida de los lazos que nos unen, t\u00edpica de nuestra cultura fragmentada y dividida, hace que crezca ese sentimiento de orfandad y, por tanto, de gran vac\u00edo y soledad. La falta de contacto f\u00edsico (y no virtual) va cauterizando nuestros corazones (cf. Carta enc.\u00a0<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#49\"><em>Laudato si\u2019<\/em>, 49<\/a>) haci\u00e9ndolos perder la capacidad de la ternura y del asombro, de la piedad y de la compasi\u00f3n. La orfandad espiritual nos hace perder la memoria de lo que significa ser hijos, ser nietos, ser padres, ser abuelos, ser amigos, ser creyentes. Nos hace perder la memoria del valor del juego, del canto, de la risa, del descanso, de la gratuidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Celebrar la fiesta de la Santa Madre de Dios nos vuelve a dibujar en el rostro la sonrisa de sentirnos pueblo, de sentir que nos pertenecemos; de saber que solamente dentro de una comunidad, de una familia, las personas podemos encontrar \u00abel clima\u00bb, \u00abel calor\u00bb que nos permita aprender a crecer humanamente y no como meros objetos invitados a \u00abconsumir y ser consumidos\u00bb. Celebrar la fiesta de la Santa Madre de Dios nos recuerda que no somos mercanc\u00eda intercambiable o terminales receptoras de informaci\u00f3n. Somos hijos, somos familia, somos Pueblo de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Celebrar a la Santa Madre de Dios nos impulsa a generar y cuidar lugares comunes que nos den sentido de pertenencia, de arraigo, de hacernos sentir en casa dentro de nuestras ciudades, en comunidades que nos unan y nos ayudan (cf. Carta enc.\u00a0<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#151\"><em>Laudato si\u2019<\/em>, 151<\/a>).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jesucristo en el momento de mayor entrega de su vida, en la cruz, no quiso guardarse nada para s\u00ed y entregando su vida nos entreg\u00f3 tambi\u00e9n a su Madre. Le dijo a Mar\u00eda: aqu\u00ed est\u00e1 tu Hijo, aqu\u00ed est\u00e1n tus hijos. Y nosotros queremos recibirla en nuestras casas, en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestros pueblos. Queremos encontrarnos con su mirada maternal. Esa mirada que nos libra de la orfandad; esa mirada que nos recuerda que somos hermanos: que yo te pertenezco, que t\u00fa me perteneces, que somos de la misma carne. Esa mirada que nos ense\u00f1a que tenemos que aprender a cuidar la vida de la misma manera y con la misma ternura con la que ella la ha cuidado: sembrando esperanza, sembrando pertenencia, sembrando fraternidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Celebrar a la Santa Madre de Dios nos recuerda que tenemos Madre; no somos hu\u00e9rfanos, tenemos una Madre. Confesemos juntos esta verdad. Y los invito a aclamarla de pie (<em>todos se alzan<\/em>) tres veces como lo hicieron los fieles de \u00c9feso: Santa Madre de Dios, Santa Madre de Dios, Santa Madre de Dios.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2017\/01\/PapaFranciscoylaVirgenMar\u00eda.jpeg\" data-rel=\"lightbox-image-1\" data-rl_title=\"\" data-rl_caption=\"\" title=\"\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-5067\" src=\"http:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2017\/01\/PapaFranciscoylaVirgenMar\u00eda-300x200.jpeg\" alt=\"papafranciscoylavirgenmaria\" width=\"300\" height=\"200\" srcset=\"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2017\/01\/PapaFranciscoylaVirgenMar\u00eda-300x200.jpeg 300w, https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2017\/01\/PapaFranciscoylaVirgenMar\u00eda.jpeg 448w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>L JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ CAPILLA PAPAL HOMIL\u00cdA DEL SANTO PADRE FRANCISCO Bas\u00edlica Vaticana Domingo 1 de enero de 2017 &nbsp; \u00abMientras tanto, Mar\u00eda conservaba estas cosas y las meditaba en su coraz\u00f3n\u00bb&#46;&#46;&#46;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":5067,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"class_list":["post-5065","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ultimas-noticias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5065","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5065"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5065\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5068,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5065\/revisions\/5068"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5067"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5065"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5065"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5065"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}