{"id":5701,"date":"2017-06-13T12:38:03","date_gmt":"2017-06-13T19:38:03","guid":{"rendered":"http:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/?p=5701"},"modified":"2017-06-13T12:38:03","modified_gmt":"2017-06-13T19:38:03","slug":"mensaje-del-santo-padre-francisco-de-la-i-jornada-mundial-de-los-pobres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/mensaje-del-santo-padre-francisco-de-la-i-jornada-mundial-de-los-pobres\/","title":{"rendered":"Mensaje del Santo Padre Francisco de la I Jornada Mundial de los Pobres"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/Papa-Francisco-con-personas-pobres.jpg\" data-rel=\"lightbox-image-0\" data-rl_title=\"\" data-rl_caption=\"\" title=\"\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-5702\" src=\"http:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/Papa-Francisco-con-personas-pobres-300x198.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"198\" srcset=\"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/Papa-Francisco-con-personas-pobres-300x198.jpg 300w, https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/Papa-Francisco-con-personas-pobres-768x508.jpg 768w, https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/Papa-Francisco-con-personas-pobres-1024x677.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p><em>Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario<br \/>\n19 de noviembre de 2017<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em>No amemos de palabra sino con obras<\/em><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol>\n<li style=\"text-align: justify;\">\u00abHijos m\u00edos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras\u00bb (<em>1<\/em><em>Jn<\/em>3,18). Estas palabras del ap\u00f3stol Juan expresan un imperativo que ning\u00fan cristiano puede ignorar. La seriedad con la que el \u00abdisc\u00edpulo amado\u00bb ha transmitido hasta nuestros d\u00edas el mandamiento de Jes\u00fas se hace m\u00e1s intensa debido al contraste que percibe entre las\u00a0<em>palabras vac\u00edas<\/em>\u00a0presentes a menudo en nuestros labios y los\u00a0<em>hechos concretos<\/em>\u00a0con los que tenemos que enfrentarnos. El amor no admite excusas: el que quiere amar como Jes\u00fas am\u00f3, ha de hacer suyo su ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres. Por otro lado, el modo de amar del Hijo de Dios lo conocemos bien, y Juan lo recuerda con claridad. Se basa en dos pilares: Dios nos am\u00f3 primero (cf.\u00a0<em>1 Jn<\/em>\u00a04,10.19); y nos am\u00f3 dando todo, incluso su propia vida (cf.\u00a0<em>1 Jn<\/em>\u00a03,16).<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un amor as\u00ed no puede quedar sin respuesta. Aunque se dio de manera unilateral, es decir, sin pedir nada a cambio, sin embargo inflama de tal manera el coraz\u00f3n que cualquier persona se siente impulsada a corresponder, a pesar de sus limitaciones y pecados. Y esto es posible en la medida en que acogemos en nuestro coraz\u00f3n la gracia de Dios, su caridad misericordiosa, de tal manera que mueva nuestra voluntad e incluso nuestros afectos a amar a Dios mismo y al pr\u00f3jimo. As\u00ed, la misericordia que, por as\u00ed decirlo, brota del coraz\u00f3n de la Trinidad puede llegar a mover nuestras vidas y generar compasi\u00f3n y obras de misericordia en favor de nuestros hermanos y hermanas que se encuentran necesitados.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"2\">\n<li>\u00abSi el afligido invoca al Se\u00f1or, \u00e9l lo escucha\u00bb (<em>Sal<\/em>34,7). La Iglesia desde siempre ha comprendido la importancia de esa invocaci\u00f3n. Est\u00e1 muy atestiguada ya desde las primeras p\u00e1ginas de los Hechos de los Ap\u00f3stoles, donde Pedro pide que se elijan a siete hombres \u00abllenos de esp\u00edritu y de sabidur\u00eda\u00bb (6,3) para que se encarguen de la asistencia a los pobres. Este es sin duda uno de los primeros signos con los que la comunidad cristiana se present\u00f3 en la escena del mundo: el servicio a los m\u00e1s pobres. Esto fue posible porque comprendi\u00f3 que la vida de los disc\u00edpulos de Jes\u00fas se ten\u00eda que manifestar en una fraternidad y solidaridad que correspondiese a la ense\u00f1anza principal del Maestro, que proclam\u00f3 a los pobres como<em>bienaventurados<\/em>\u00a0y\u00a0<em>herederos<\/em>\u00a0del Reino de los cielos (cf.\u00a0<em>Mt<\/em>\u00a05,3).<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abVend\u00edan posesiones y bienes y los repart\u00edan entre todos, seg\u00fan la necesidad de cada uno\u00bb (<em>Hch<\/em>\u00a02,45). Estas palabras muestran claramente la profunda preocupaci\u00f3n de los primeros cristianos. El evangelista Lucas, el autor sagrado que m\u00e1s espacio ha dedicado a la misericordia, describe sin ret\u00f3rica la comuni\u00f3n de bienes en la primera comunidad. Con ello desea dirigirse a los creyentes de cualquier generaci\u00f3n, y por lo tanto tambi\u00e9n a nosotros, para sostenernos en el testimonio y animarnos a actuar en favor de los m\u00e1s necesitados. El ap\u00f3stol Santiago manifiesta esta misma ense\u00f1anza en su carta con igual convicci\u00f3n, utilizando palabras fuertes e incisivas: \u00abQueridos hermanos, escuchad: \u00bfAcaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometi\u00f3 a los que le aman? Vosotros, en cambio, hab\u00e9is afrentado al pobre. Y sin embargo, \u00bfno son los ricos los que os tratan con despotismo y los que os arrastran a los tribunales? [&#8230;] \u00bfDe qu\u00e9 le sirve a uno, hermanos m\u00edos, decir que tiene fe, si no tiene obras? \u00bfEs que esa fe lo podr\u00e1 salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: \u201cDios os ampare; abrigaos y llenaos el est\u00f3mago\u201d, y no les dais lo necesario para el cuerpo; \u00bfde qu\u00e9 sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por s\u00ed sola est\u00e1 muerta\u00bb (2,5-6.14-17).<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"3\">\n<li>Ha habido ocasiones, sin embargo, en que los cristianos no han escuchado completamente este llamamiento, dej\u00e1ndose contaminar por la mentalidad mundana. Pero el Esp\u00edritu Santo no ha dejado de exhortarlos a fijar la mirada en lo esencial. Ha suscitado, en efecto, hombres y mujeres que de muchas maneras han dado su vida en servicio de los pobres. Cu\u00e1ntas p\u00e1ginas de la historia, en estos dos mil a\u00f1os, han sido escritas por cristianos que con toda sencillez y humildad, y con el generoso ingenio de la caridad, han servido a sus hermanos m\u00e1s pobres.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre ellos destaca el ejemplo de Francisco de As\u00eds, al que han seguido muchos santos a lo largo de los siglos. \u00c9l no se conform\u00f3 con\u00a0<em>abrazar<\/em>\u00a0y dar\u00a0<em>limosna<\/em>\u00a0a los leprosos, sino que decidi\u00f3 ir a Gubbio para\u00a0<em>estar<\/em>\u00a0con ellos. \u00c9l mismo vio en ese encuentro el punto de inflexi\u00f3n de su conversi\u00f3n: \u00abCuando viv\u00eda en el pecado me parec\u00eda algo muy amargo ver a los leprosos, y el mismo Se\u00f1or me condujo entre ellos, y los trat\u00e9 con misericordia. Y alej\u00e1ndome de ellos, lo que me parec\u00eda amargo se me convirti\u00f3 en dulzura del alma y del cuerpo\u00bb (<em>Test<\/em>\u00a01-3;\u00a0<em>FF<\/em>\u00a0110). Este testimonio muestra el poder transformador de la caridad y el estilo de vida de los cristianos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No pensemos s\u00f3lo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos a\u00fan de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia. Estas experiencias, aunque son v\u00e1lidas y \u00fatiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo las provocan, deber\u00edan introducirnos a un verdadero\u00a0<em>encuentro<\/em>\u00a0con los pobres y dar lugar a un\u00a0<em>compartir<\/em>\u00a0que se convierta en un estilo de vida. En efecto, la oraci\u00f3n, el camino del discipulado y la conversi\u00f3n encuentran en la caridad, que se transforma en compartir, la prueba de su autenticidad evang\u00e9lica. Y esta forma de vida produce alegr\u00eda y serenidad espiritual, porque se toca con la mano la\u00a0<em>carne de Cristo<\/em>. Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmaci\u00f3n de la comuni\u00f3n sacramental recibida en la Eucarist\u00eda. El Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los hermanos y hermanas m\u00e1s d\u00e9biles. Son siempre actuales las palabras del santo Obispo Cris\u00f3stomo: \u00abSi quer\u00e9is honrar el cuerpo de Cristo, no lo despreci\u00e9is cuando est\u00e1 desnudo; no honr\u00e9is al Cristo eucar\u00edstico con ornamentos de seda, mientras que fuera del templo descuid\u00e1is a ese otro Cristo que sufre por fr\u00edo y desnudez\u00bb (<em>Hom. in Matthaeum<\/em>, 50,3:<em>\u00a0<\/em><em>PG\u00a0<\/em>58).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el c\u00edrculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es tambi\u00e9n una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en s\u00ed misma.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"4\">\n<li>No olvidemos que para los disc\u00edpulos de Cristo, la pobreza es ante todo<em>vocaci\u00f3n para seguir a Jes\u00fas pobre<\/em>. Es un caminar detr\u00e1s de \u00e9l y con \u00e9l, un camino que lleva a la felicidad del reino de los cielos (cf.<em>Mt<\/em>\u00a05,3;\u00a0<em>Lc<\/em>\u00a06,20). La pobreza significa un coraz\u00f3n humilde que sabe aceptar la propia condici\u00f3n de criatura limitada y pecadora para superar la tentaci\u00f3n de omnipotencia, que nos enga\u00f1a haciendo que nos creamos inmortales. La pobreza es una actitud del coraz\u00f3n que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condici\u00f3n para la felicidad. Es la pobreza, m\u00e1s bien, la que crea las condiciones para que nos hagamos cargo libremente de nuestras responsabilidades personales y sociales, a pesar de nuestras limitaciones, confiando en la cercan\u00eda de Dios y sostenidos por su gracia. La pobreza, as\u00ed entendida, es la medida que permite valorar el uso adecuado de los bienes materiales, y tambi\u00e9n vivir los v\u00ednculos y los afectos de modo generoso y desprendido (cf.\u00a0<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/catechism_sp\/index_sp.html\">Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/a><\/em>, nn. 25-45).<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sigamos, pues, el ejemplo de san Francisco, testigo de la aut\u00e9ntica pobreza. \u00c9l, precisamente porque mantuvo los ojos fijos en Cristo, fue capaz de reconocerlo y servirlo en los pobres. Si deseamos ofrecer nuestra aportaci\u00f3n efectiva al cambio de la historia, generando un desarrollo real, es necesario que escuchemos el grito de los pobres y nos comprometamos a sacarlos de su situaci\u00f3n de marginaci\u00f3n. Al mismo tiempo, a los pobres que viven en nuestras ciudades y en nuestras comunidades les recuerdo que no pierdan el sentido de la pobreza evang\u00e9lica que llevan impresa en su vida.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"5\">\n<li>Conocemos la gran dificultad que surge en el mundo contempor\u00e1neo para identificar de forma clara la pobreza. Sin embargo, nos desaf\u00eda todos los d\u00edas con sus muchas caras marcadas por el dolor, la marginaci\u00f3n, la opresi\u00f3n, la violencia, la tortura y el encarcelamiento, la guerra, la privaci\u00f3n de la libertad y de la dignidad, por la ignorancia y el analfabetismo, por la emergencia sanitaria y la falta de trabajo, el tr\u00e1fico de personas y la esclavitud, el exilio y la miseria, y por la migraci\u00f3n forzada. La pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y ni\u00f1os explotados por viles intereses, pisoteados por la l\u00f3gica perversa del poder y el dinero. Qu\u00e9 lista inacabable y cruel nos resulta cuando consideramos la pobreza como fruto de la injusticia social, la miseria moral, la codicia de unos pocos y la indiferencia generalizada.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy en d\u00eda, desafortunadamente, mientras emerge cada vez m\u00e1s la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompa\u00f1ada de la ilegalidad y la explotaci\u00f3n ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagaci\u00f3n de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera. Ante este escenario, no se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignados. A la pobreza que inhibe el esp\u00edritu de iniciativa de muchos j\u00f3venes, impidi\u00e9ndoles encontrar un trabajo; a la pobreza que adormece el sentido de responsabilidad e induce a preferir la delegaci\u00f3n y la b\u00fasqueda de favoritismos; a la pobreza que envenena las fuentes de la participaci\u00f3n y reduce los espacios de la profesionalidad, humillando de este modo el m\u00e9rito de quien trabaja y produce; a todo esto se debe responder con una nueva visi\u00f3n de la vida y de la sociedad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos estos pobres \u2014como sol\u00eda decir el beato Pablo VI\u2014 pertenecen a la Iglesia por \u00abderecho evang\u00e9lico\u00bb (<em><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/speeches\/1963\/documents\/hf_p-vi_spe_19630929_concilio-vaticano-ii.html\">Discurso en la apertura de la segunda sesi\u00f3n del Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II<\/a><\/em>, 29 septiembre 1963) y obligan a la opci\u00f3n fundamental por ellos. Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religi\u00f3n y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin \u00abperos\u00bb ni \u00abcondiciones\u00bb: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendici\u00f3n de Dios.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"6\">\n<li>Al final del Jubileo de la Misericordia quise ofrecer a la Iglesia la<em>Jornada Mundial de los Pobres<\/em>, para que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez m\u00e1s y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los \u00faltimos y los m\u00e1s necesitados. Quisiera que, a las dem\u00e1s Jornadas mundiales establecidas por mis predecesores, que son ya una tradici\u00f3n en la vida de nuestras comunidades, se a\u00f1ada esta, que aporta un elemento delicadamente evang\u00e9lico y que completa a todas en su conjunto, es decir, la predilecci\u00f3n de Jes\u00fas por los pobres.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Invito a toda la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad a mantener, en esta jornada, la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad. Son nuestros hermanos y hermanas, creados y amados por el Padre celestial. Esta\u00a0<em>Jornada<\/em>\u00a0tiene como objetivo, en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitaci\u00f3n est\u00e1 dirigida a todos, independientemente de su confesi\u00f3n religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a trav\u00e9s de cualquier acci\u00f3n de solidaridad, como signo concreto de fraternidad. Dios cre\u00f3 el cielo y la tierra para todos; son los hombres, por desgracia, quienes han levantado fronteras, muros y vallas, traicionando el don original destinado a la humanidad sin exclusi\u00f3n alguna.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"7\">\n<li>Es mi deseo que las comunidades cristianas, en la semana anterior a la<em>Jornada Mundial de los Pobres<\/em>, que este a\u00f1o ser\u00e1 el 19 de noviembre, Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, se comprometan a organizar diversos momentos de encuentro y de amistad, de solidaridad y de ayuda concreta. Podr\u00e1n invitar a los pobres y a los voluntarios a participar juntos en la Eucarist\u00eda de ese domingo, de tal modo que se manifieste con m\u00e1s autenticidad la celebraci\u00f3n de la Solemnidad de Cristo Rey del universo, el domingo siguiente. De hecho, la realeza de Cristo emerge con todo su significado m\u00e1s genuino en el G\u00f3lgota, cuando el Inocente clavado en la cruz, pobre, desnudo y privado de todo, encarna y revela la plenitud del amor de Dios. Su completo abandono al Padre expresa su pobreza total, a la vez que hace evidente el poder de este Amor, que lo resucita a nueva vida el d\u00eda de Pascua.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">En ese domingo, si en nuestro vecindario viven pobres que solicitan protecci\u00f3n y ayuda, acerqu\u00e9monos a ellos: ser\u00e1 el momento propicio para encontrar al Dios que buscamos. De acuerdo con la ense\u00f1anza de la Escritura (cf.\u00a0<em>Gn<\/em>\u00a018, 3-5;\u00a0<em>Hb<\/em>\u00a013,2), sent\u00e9moslos a nuestra mesa como invitados de honor; podr\u00e1n ser maestros que nos ayuden a vivir la fe de manera m\u00e1s coherente. Con su confianza y disposici\u00f3n a dejarse ayudar, nos muestran de modo sobrio, y con frecuencia alegre, lo importante que es vivir con lo esencial y abandonarse a la providencia del Padre.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"8\">\n<li>El fundamento de las diversas iniciativas concretas que se llevar\u00e1n a cabo durante esta<em>Jornada<\/em>ser\u00e1 siempre la\u00a0<em>oraci\u00f3n<\/em>. No hay que olvidar que el\u00a0<em>Padre nuestro\u00a0<\/em>es la oraci\u00f3n de los pobres. La petici\u00f3n del pan expresa la confianza en Dios sobre las necesidades b\u00e1sicas de nuestra vida. Todo lo que Jes\u00fas nos ense\u00f1\u00f3 con esta oraci\u00f3n manifiesta y recoge el grito de quien sufre a causa de la precariedad de la existencia y de la falta de lo necesario. A los disc\u00edpulos que ped\u00edan a Jes\u00fas que les ense\u00f1ara a orar, \u00e9l les respondi\u00f3 con las palabras de los pobres que recurren al \u00fanico Padre en el que todos se reconocen como hermanos. El\u00a0<em>Padre nuestro<\/em>\u00a0es una oraci\u00f3n que se dice en plural: el pan que se pide es \u00abnuestro\u00bb, y esto implica comuni\u00f3n, preocupaci\u00f3n y responsabilidad com\u00fan. En esta oraci\u00f3n todos reconocemos la necesidad de superar cualquier forma de ego\u00edsmo para entrar en la alegr\u00eda de la mutua aceptaci\u00f3n.<\/li>\n<li>Pido a los hermanos obispos, a los sacerdotes, a los di\u00e1conos \u2014que tienen por vocaci\u00f3n la misi\u00f3n de ayudar a los pobres\u2014, a las personas consagradas, a las asociaciones, a los movimientos y al amplio mundo del voluntariado que se comprometan para que con esta<em>Jornada Mundial de los Pobres<\/em>se establezca una tradici\u00f3n que sea una contribuci\u00f3n concreta a la evangelizaci\u00f3n en el mundo contempor\u00e1neo.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Que esta nueva\u00a0<em>Jornada Mundial<\/em>\u00a0se convierta para nuestra conciencia creyente en un fuerte llamamiento, de modo que estemos cada vez m\u00e1s convencidos de que compartir con los pobres nos permite entender el Evangelio en su verdad m\u00e1s profunda. Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio.<\/p>\n<p><em>Vaticano, 13 de junio de 2017<\/em><\/p>\n<p><em>Memoria de San Antonio de Padua<\/em><\/p>\n<p><strong>Francisco<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario 19 de noviembre de 2017 &nbsp; No amemos de palabra sino con obras &nbsp; \u00abHijos m\u00edos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras\u00bb&#46;&#46;&#46;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":5702,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"class_list":["post-5701","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ultimas-noticias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5701","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5701"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5701\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5703,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5701\/revisions\/5703"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5702"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5701"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5701"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesiatijuana.org\/web\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5701"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}