Si uno se declara a mi favor delante de los hombres… el Hijo del hombre se declarará a favor suyo

Sábado

 

Evangelio: Lucas 12,8-12

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Les digo que si uno se declara a mi favor delante de los hombres, también el Hijo del hombre se declarará a favor suyo delante de los ángeles de Dios; pero si uno me niega delante de los hombres, también yo lo negaré delante de los ángeles de Dios. Quien hable mal del Hijo del hombre podrá ser perdonado, pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no será perdonado. Si los llevan a las sinagogas, ante los magistrados y autoridades, no se preocupen del modo de defenderse, ni de lo que van a decir; el Espíritu Santo les enseñará en ese mismo momento lo que deben decir.

 

 

ORATIO

 

Fe es creer que tu mano, oh Dios, lleva el volante de mi vida, es saber que ningún mal podrá hacerme daño, es certeza de tu amor: una fe que no me ayuda a despegar está muerta.

Fe es dar calor a quien tiene hielo en el alma, es ofrecer un trozo de pan a quien sufre los calambres del hambre, es inventar una meta para quien no tiene dónde reposar: una fe sin obras está muerta.

Fe es vivir tu designio inescrutable, oh Padre; es entrar en la perspectiva de tus invitaciones absurdas, es confianza en tu promesa todavía invisible: una fe que no se vuelve coraje está muerta.

Fe es también duda, inseguridad: «Tú también me has abandonado»; es debilidad y miedo: «Si es posible, que pase de mí este cáliz»; es muerte que da vida: «No mi voluntad, sino la tuya»: una fe que no se mide con la prueba está muerta.

Fe es un continuo proceso de aprender y reaprender qué significa amar a Dios, al prójimo y a nosotros mismos, es un devenir cotidiano hacia el bien, es viajar con él hacia la meta final: una fe que no engendra esperanza está muerta.

 

Mons. Salvador Cisneros

Parroquia Santa Teresa de Ávila

 

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