Las bibliotecas: “Un abrigo de calma y esperanza para respirar cultura”

Pastoral para la Comunicación.- En el contexto del “día del libro” aunque no solo hoy, sino constantemente los libros, lectura y cultura no deberían tener tregua en la vida de pequeños y mayores. ¿Quién no guarda en su memoria un vago y cálido recuerdo de una biblioteca? la alegría de firmar tu primer carnet de biblioteca, el olor del primer libro que tomaste prestado, aquel lugar tranquilo y abierto a la enseñanza de algo nuevo.

Por desgracia, hay informes que recogen que, cada año, menos personas pasan tiempo en bibliotecas, así que a veces se extiende la sensación de que las bibliotecas se han convertido únicamente en eso: un recuerdo difuso y nostálgico. Sin embargo, no se deberían dar por perdidas todavía. Las bibliotecas son mucho más que toda esta amplia y crucial oferta: son lugares idóneos para la reflexión tranquila, para el autodescubrimiento y para el fortalecimiento de un alma cultivada. Siempre será necesario disponer de un lugar tranquilo entre tanta palabrería y ruido, para estudiar, reflexionar, soñar y planificar. Ahí está lo especial, ese sentido de meditación y contemplación que ofrecen las bibliotecas.

Las bibliotecas de hoy en día ofrecen al mundo moderno: acceso a ordenadores, educación en formato de clases, alquiler de películas, conferencias con ponentes de relevancia, reuniones públicas, muestras de arte, eventos sociales, programas de formación básica para inmigrantes, y mucho más. Por mucha potencia que nos ofrezcan los motores de búsqueda en internet, los estudios indican que en realidad los buscadores en internet no son capaces de sustituir todo lo que las bibliotecas físicas pueden brindarnos.

 

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