“Las lágrimas” antídoto contra la indiferencia: Papa Francisco

Pastoral para la Comunicación.- Las lágrimas concentran una realidad tan humana e indescriptible y misteriosa del sufrimiento o del gozo a las que nadie queda excluido. En variadas intervenciones durante su pontificado el Obispo de Roma ha hecho alusión al “don de las lágrimas” recordamos algunos: “Solamente cuando Cristo lloró y fue capaz de llorar, entendió nuestros dramas”, porque “ciertas realidades sólo pueden verse con los ojos limpios de lágrimas” en el Viaje Apostólico a Filipinas en 2015. “Si Dios ha llorado, también yo puedo llorar sabiendo que se me comprende. El llanto de Jesús es el antídoto contra la indiferencia ante el sufrimiento de mis hermanos”, en la Vigilia de oración “Secar las lágrimas”, Basílica Vaticana en 2016.

Cercanamente, en estos días tan complejos y difíciles el Papa Francisco ha elevado su plegaria: “Señor, que yo pueda llorar contigo, llorar con tu pueblo que está sufriendo en este momento. Muchos lloran hoy…” En efecto, al inicio de esta quinta semana de Cuaresma en su predicación retornó, la meditación sobre la “gracia de las lágrimas” cuando Jesús llora por su amigo Lázaro.

El Papa, hablando a los jóvenes les decía en Filipinas: “¡Al mundo de hoy le falta llorar! Lloran los marginados, lloran aquellos que son dejados de lado, lloran los despreciados, pero aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades no sabemos llorar”. El llanto afecta a hombres y mujeres de todas las condiciones. Son lágrimas de arrepentimiento, de súplica, de consuelo, de angustia, etc. En este sentido, para el mundo antiguo el llanto no significaba ser débil, el llanto se consideraba  más bien una profunda manifestación de los sentimientos de dolor, frustración, nostalgia. Mientras que en el Antiguo y Nuevo Testamento y los Padres de la Iglesia, las lágrimas se repiten constantemente en la Biblia, invirtiendo una gama tan amplia de emociones, sentimientos y afectos.

Jesús también lloró, si recordamos tres momentos que abrazan las dimensiones de la vida. En el episodio de Lázaro Jesús derrama lágrimas en un llanto silencioso, mientras que el llanto sobre Jerusalén se caracteriza por llorar de forma sonora y audible, pues Jesús quiere ser escuchado por todos los que le rodean según los especialistas y de la misma forma llora en la angustia de lamentos en Getsemaní.

En conclusión, dichos sucesos parecieran indicarnos tres relaciones del hombre, yo-tú en Jesús y Lázaro.  La del yo-mundo toda la humanidad en Jesús y Jerusalén y finalmente la del yo-solo ante Él y Dios en Getsemaní.

Con información de Vatican News.

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