Laudes – JUEVES IV SEMANA DE CUARESMA 2020

Jueves, 26 de marzo de 2020.

  1. Señor, abre mis labios.
  2. Y mi boca proclamará tu alabanza.
  3. Dios mío, ven en mi auxilio.
  4. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno 1

Este es el día del Señor.

Este es el tiempo de la misericordia.

Delante de tus ojos

ya no enrojeceremos

a causa del antiguo

pecado de tu pueblo.

 

Arrancarás de cuajo

el corazón soberbio

y harás un pueblo humilde

de corazón sincero.

 

En medio de las gentes

nos guardas como un resto

para cantar tus obras

y adelantar tu reino.

 

Seremos raza nueva

para los cielos nuevos;

sacerdotal estirpe,

según tu Primogénito.

 

Caerán los opresores

y exultarán los siervos;

los hijos del oprobio

serán tus herederos.

 

Señalarás entonces

el día del regreso

para los que comían

su pan en el destierro.

 

¡Exulten mis entrañas!

¡Alégrese mi pueblo!

Porque el Señor que es justo

revoca sus decretos.

 

La salvación se anuncia

donde acechó el infierno,

porque el Señor habita

en medio de su pueblo.

 

Salmodia

Antífona 1: En la mañana, Señor, hazme escuchar tu gracia.

Salmo 142,1-11

Lamentación y súplica ante la angustia

El hombre no se justifica por cumplir la ley, sino por creer en Cristo Jesús. (Ga 2,16)

 

Señor, escucha mi oración;

tú, que eres fiel, atiende a mi súplica;

tú, que eres justo, escúchame.

No llames a juicio a tu siervo,

pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.

 

El enemigo me persigue a muerte,

empuja mi vida al sepulcro,

me confina a las tinieblas

como a los muertos ya olvidados.

Mi aliento desfallece,

mi corazón dentro de mí está yerto.

 

Recuerdo los tiempos antiguos,

medito todas tus acciones,

considero las obras de tus manos

y extiendo mis brazos hacia ti:

tengo sed de ti como tierra reseca.

 

Escúchame en seguida, Señor,

que me falta el aliento.

No me escondas tu rostro,

igual que a los que bajan a la fosa.

 

En la mañana hazme escuchar tu gracia,

ya que confío en ti.

Indícame el camino que he de seguir,

pues levanto mi alma a ti.

 

Líbrame del enemigo, Señor,

que me refugio en ti.

Enséñame a cumplir tu voluntad,

ya que tú eres mi Dios.

Tu espíritu, que es bueno,

me guíe por tierra llana.

 

Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;

por tu clemencia, sácame de la angustia.

 

Antífona 2: El Señor hará derivar hacia Jerusalén, como un río, la paz.

Is 66,10-14a

Consuelo y gozo para la ciudad santa

La Jerusalén de arriba es libre; ésa es nuestra madre. (Ga 4,26)

Festejad a Jerusalén, gozad con ella,

todos los que la amáis,

alegraos de su alegría,

los que por ella llevasteis luto;

mamaréis a sus pechos

y os saciaréis de sus consuelos,

y apuraréis las delicias

de sus ubres abundantes.

 

Porque así dice el Señor:

«Yo haré derivar hacia ella,

como un río, la paz,

como un torrente en crecida,

las riquezas de las naciones.

 

Llevarán en brazos a sus criaturas

y sobre las rodillas las acariciarán;

como a un niño a quien su madre consuela,

así os consolaré yo,

y en Jerusalén seréis consolados.

 

Al verlo, se alegrará vuestro corazón,

y vuestros huesos florecerán como un prado.»

 

Antífona 3: Nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.

 

Salmo 146 (1-11)

 

Poder y bondad de Dios

 

A ti, oh Dios, te alabamos; a ti, Señor, te reconocemos.

 

Alabad al Señor, que la música es buena;

nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.

 

El Señor reconstruye Jerusalén,

reúne a los deportados de Israel;

él sana los corazones destrozados,

venda sus heridas.

 

Cuenta el número de las estrellas,

a cada una la llama por su nombre.

Nuestro Señor es grande y poderoso,

su sabiduría no tiene medida.

El Señor sostiene a los humildes,

humilla hasta el polvo a los malvados.

 

Entonad la acción de gracias al Señor,

tocad la cítara para nuestro Dios,

que cubre el cielo de nubes,

preparando la lluvia para la tierra;

 

que hace brotar hierba en los montes,

para los que sirven al hombre;

que da su alimento al ganado

y a las crías de cuervo que graznan.

 

No aprecia el vigor de los caballos,

no estima los jarretes del hombre:

el Señor aprecia a sus fieles,

que confían en su misericordia.

 

Lectura Breve

Cf. 1R 8, 51a. 52-53a

 

Nosotros, Señor, somos tu pueblo y tu heredad; que tus ojos estén abiertos a las súplicas de tu siervo y a la súplica de tu pueblo Israel, para escuchar todos sus clamores hacia ti. Porque tú nos separaste para ti como herencia tuya de entre todos los pueblos de la tierra.

 

Responsorio Breve

  1. Él me librará de la red del cazador.
  2. Él me librará de la red del cazador.
  3. Me cubrirá con sus plumas.
  4. Él me librará de la red del cazador.
  5. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
  6. Él me librará de la red del cazador.

Latinoamérica

 

  1. Él me librará de la red del cazador.
  2. Él me librará de la red del cazador.
  3. Me cubrirá con su plumaje.
  4. Él me librará de la red del cazador.
  5. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
  6. Él me librará de la red del cazador.

 

Canto Evangélico

Antífona: “No es que yo quiera invocar a mi favor declaración alguna, prestada por los hombres; si aduzco ésta, es mirando por vuestra salvación”, dice el Señor.

 

Benedictus Lc 1, 68-79

 

El Mesías y su precursor

 

+ Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo,

por boca de sus santos profetas.

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia

que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

 

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

 

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Preces

Celebremos la bondad de Dios, que por Cristo se reveló como Padre nuestro, y digámosle de todo corazón:

Acuérdate, Señor, de que somos hijos tuyos.

Concédenos vivir con toda plenitud el misterio de la Iglesia,

— a fin de que nosotros y todos los hombres encontremos en ella un sacramento eficaz de salvación.

Padre, que amas a todos los hombres, haz que cooperemos al progreso de la comunidad humana,

— y que en todo busquemos tu reino con nuestros esfuerzos.

Haz que tengamos hambre y sed de justicia,

— y acudamos a nuestra fuente, que es Cristo, el cual entregó su vida para que fuéramos saciados.

Perdona, Señor, todos nuestros pecados,

— y dirige nuestra vida por el camino de la sencillez y de la santidad.

Aquí se pueden añadir algunas intenciones libres. Porque sabemos que somos hijos de Dios, llenos de confianza nos atrevemos a decir:

 

Padre Nuestro

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu nombre,

venga tu reino,

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día,

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en tentación,

y líbranos del mal.

 

Oración

Oremos:

Padre lleno de amor, te pedimos que, purificados por la penitencia y por la práctica de buenas obras, nos mantengamos fieles a tus mandamientos, para llegar, bien dispuestos, a las fiestas de Pascua. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

  1. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
  2. Amén.

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