Teman a aquel que, después de matar, tiene poder para arrojar al fuego eterno

Viernes.

 

Evangelio: Lucas 12,1-7

 

En aquel tiempo, la gente se aglomeraba por millares, hasta pisarse unos a otros. Entonces Jesús, dirigiéndose principalmente a sus discípulos, les dijo:

-Guárdense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Pues nada hay oculto que no haya de manifestarse, nada secreto que no haya de saberse. Por eso, todo lo que digan en la oscuridad será oído a la luz, y lo que hablen al oído en una habitación será proclamado desde las azoteas.

 

A ustedes, amigos míos, les digo esto: No teman a los que matan el cuerpo y no pueden hacer nada más. Yo les diré a quién deben temer: Teman a aquel que, después de matar, tiene poder para arrojar al fuego eterno. A ése es a quien deben temer. ¿No se venden cinco pájaros por muy poco dinero? Y, sin embargo, Dios no se olvida ni de uno solo de ellos. Más aún, hasta los cabellos de su cabeza están todos contados. No teman: ustedes valen más que todos los pájaros.

 

 

ORATIO

 

Me ves en la transparencia de un cielo infinito, en la belleza arcana de los mil colores, en la magia instintiva de una hormiga: ¡visión que encanta! Me oyes en las notas diferentes de los grillos, las campanas y las fuentes, en el estruendo de una ola gigante, en el silencio de tu corazón: ¡concierto de voces que se hace alabanza! Me saboreas en el perdón dado y recibido, en el desierto sin caminos, en los ojos límpidos de un niño abierto a la vida: ¡sabor de dulzura! Me hueles en la vida de los mártires, en las lágrimas de un corazón quebrantado, en el sufrimiento de un pobre: ¡incienso de redención! Me tocas en cada acontecimiento que me revela como padre y como creador, en cada momento que me revela como amigo y esposo en el dolor y en la paz: ¡presencia de fidelidad! Me imaginas como padre bueno que te abraza, como madre tierna que te alimenta, como amigo fiel que te espera: ¡fuerza que consuela, guía y sostiene! Me recuerdas en los sueños de tu infancia, en las desilusiones de la juventud, en las pruebas de la madurez, en las amarguras de la vejez: ¡ancla de esperanza!

 

 

Mons. Salvador Cisneros

Parroquia Santa Teresa de Ávila

 

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