Vísperas – DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR 2020

Domingo, 12 de abril de 2020.

 

  1. Dios mío, ven en mi auxilio.
  2. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

Himno 1

Nuestra Pascua inmolada, aleluya,

es Cristo el Señor, aleluya, aleluya.

Pascua sagrada, ¡oh fiesta universal!,

el mundo renovado

canta un himno a su Señor.

Pascua sagrada, ¡victoria de la cruz!

La muerte, derrotada,

ha perdido su aguijón.

Pascua sagrada,

 

¡oh noche bautismal!

Del seno de las aguas

renacemos al Señor.

Pascua sagrada, ¡eterna novedad!

Dejad al hombre viejo,

revestíos del Señor.

Pascua sagrada. La sala del festín

se llena de invitados

que celebran al Señor.

Pascua sagrada, ¡Cantemos al Señor!

Vivamos la alegría

dada a luz en el dolor.

 

Salmodia

Antífona 1: María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. Aleluya.

 

Salmo 109, 1-5. 7

 

Oráculo del Señor a mi Señor:

“siéntate a mi derecha,

y haré de tus enemigos

estrado de tus pies”.

Desde Sión extenderá el Señor

el poder de tu cetro:

somete en la batalla a tus enemigos.

“Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,

entre esplendores sagrados;

yo mismo te engendré, como rocío,

antes de la aurora”.

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:

“Tú eres sacerdote eterno,

según el rito de Melquisedec”.

El Señor a tu derecha, el día de su ira,

quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,

por eso, levantará la cabeza.

 

Antífona 2: Venid y ved el lugar donde habían puesto al Señor. Aleluya.

 

Salmo 113 A

 

Cuando Israel salió de Egipto,

los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,

Judá fue su santuario,

Israel fue su dominio.

El mar, al verlos, huyó,

el Jordán se echó atrás;

los montes saltaron como carneros;

las colinas, como corderos.

¿Qué te pasa, mar, que huyes,

y a ti, Jordán, que te echas atrás?

¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;

colinas, que saltáis como corderos?

En presencia del Señor se estremece la tierra,

en presencia del Dios de Jacob;

que transforma las peñas en estanques,

el pedernal en manantiales de agua.

 

Antífona 3: Dijo Jesús: “No temáis. Id a decir a mis hermanos que vayan a Galilea, que allí me verán.” Aleluya.

 

Cántico Cf. Ap 19, 1-7

 

Aleluya.

La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios.

(R. Aleluya.)

Porque sus juicios son verdaderos y justos.

  1. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.

Alabad al Señor, sus siervos todos.

(R. Aleluya.)

Los que le teméis, pequeños y grandes.

  1. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.

Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.

(R. Aleluya.)

Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.

  1. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.

Llegó la boda del Cordero.

(R. Aleluya.)

Su esposa se ha embellecido.

  1. Aleluya, (aleluya).

Ant. Dijo Jesús: “No temáis. Id a decir a mis hermanos que vayan a Galilea, que allí me verán.” Aleluya.

 

Lectura Breve

Hb 10, 12-14

 

Cristo, habiendo ofrecido un solo sacrificio en expiación de los pecados, está sentado para siempre a la diestra de Dios, y espera el tiempo que falta «hasta que sus enemigos sean puestos por escabel de sus pies». Así, con una sola oblación, ha llevado para siempre a la perfección en la gloria a los que ha santificado.

 

Responsorio Breve

En lugar del responsorio breve se dice la siguiente antífona: Ant. Este es el día en que actuó el Señor: sea él nuestra alegría y nuestro gozo. Aleluya.

 

Canto Evangélico

Antífona: La tarde de aquel mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se hallaban los discípulos, se presentó Jesús; y en presencia de todos exclamó: «La paz sea con vosotros.» Aleluya.

 

Magnificat Lc 1, 46-55

 

Alegría del alma en el Señor

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de la misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Preces

Oremos a Cristo, el Señor, que murió y resucitó por los hombres, y ahora intercede por nosotros, y digámosle:

Cristo, Rey victorioso, escucha nuestra oración.

Cristo, luz y salvación de todos los pueblos,

— derrama el fuego del Espíritu Santo sobre los que has querido fueran testigos de tu resurrección en el mundo.

Que el pueblo de Israel te reconozca como el Mesías de su esperanza,

— y la tierra toda se llene del conocimiento de tu gloria.

Consérvanos, Señor, en la comunión de tu Iglesia,

— y haz que juntamente con todos nuestros hermanos obtengamos el premio y el

descanso de nuestros trabajos.

Tú que has vencido a la muerte, nuestro enemigo, destruye en nosotros el poder del mal, tu enemigo,

— para que vivamos siempre para ti, vencedor inmortal.

Aquí se pueden añadir algunas intenciones libres.

Cristo Salvador, tú que te hiciste obediente hasta la muerte y has sido elevado a la

derecha del Padre,

— recibe en tu reino glorioso a nuestros hermanos difuntos.

Unamos nuestra oración a la de Jesús, nuestro abogado ante el Padre, y digamos como él nos enseñó:

 

Padre Nuestro

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu nombre,

venga tu reino,

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día,

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en tentación,

y líbranos del mal.

 

 

 

 

Oración

Señor Dios, que en este día nos has abierto las puertas de la vida por medio de tu Hijo, vencedor de la muerte, concede a los que celebramos la solemnidad de la Resurrección de Jesucristo, ser renovados por tu Espíritu, para resucitar en el reino de la luz y de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

 

Amén.

 

Conclusión

  1. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
  2. Amén.

Podría también gustarte...