“Cuando caminamos sin la cruz y cuando confesamos un Cristo sin cruz, no somos discípulos del Señor’’: Papa Francisco

Hoy la Iglesia católica celebra el día de la Santa Cruz -fiesta de la Cruz de Mayo, o de las cruces- como memoria de aquel madero donde murió Jesús, y que desde siempre ha sido considerado el signo más significativo del cristiano. No en vano el mismo San Mateo en su evangelio hizo referencia a ella: “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viviendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria”.

El origen de esta celebración, data del siglo IV en tiempo de Constantino I el Grande, de quien se dice, antes de enfrentarse a los bárbaros a orillas del Danubio, tuvo una visión en el cielo de una cruz que encima decía “Con esta señal vencerás”. La historia, que para algunos tiene un matiz legendario, dice que Constantino de inmediato mandó construir una cruz que fue puesta frente a su ejército, y que venció sin problema al ejército enemigo.

Más adelante, fue el mismo Constantino quien encomendó la misión a su madre, hoy Santa Elena, de buscar la verdadera cruz donde murió Cristo. En efecto así hizo la mujer, quien se dirigió a Jerusalén y con la ayuda de unos sabios sacerdotes encontró en el Monte Calvario 3 maderos ensangrentados.

Narra la tradición que para determinar cuál era la cruz en la que había muerto Jesús, pidieron a personas enfermas que tocaran una por una las 3 cruces, notando que una en particular sanaba a los enfermos.

El 3 de mayo se festeja el Día de la Santa Cruz, y se conoce más porque también se celebra a los trabajadores de la construcción, los albañiles, que acostumbran colocar una cruz de madera adornada con flores y papel de china de colores en lo alto de la obra en construcción, previamente bendecida en alguna iglesia adonde acuden a dar gracias por su trabajo. Los festejos incluyen comidas y bebidas en las obras, generalmente por cuenta del propietario o del contratista.

En la homilía de la Misa con los cardenales del 14 de marzo, el Papa Francisco dijo que “cuando caminamos sin la cruz, cuando edificamos sin la cruz y cuando confesamos un Cristo sin cruz, no somos discípulos del Señor: somos mundanos, somos obispos, sacerdotes, cardenales, papas, pero no discípulos del Señor”.

El Santo Padre expresó además que “quisiera que todos… tengamos el valor, precisamente el valor, de caminar en presencia del Señor, con la cruz del Señor; de edificar la Iglesia sobre la sangre del Señor, derramada en la cruz; y de confesar la única gloria: Cristo crucificado. Y así la Iglesia avanzará”.

 

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