¡Feliz Día de las Madres!

 

DIMENSIÓN EPISCOPAL DE FAMILIA

    

Celebramos el 10 de mayo el “Día de las Madres” por una ya larga tradición de cada año. Toda celebración hace referencia a una persona o un acontecimiento y siempre es un motivo para vivir la alegría, la esperanza y experimentar el desafío de una mejor realización así como una relación personal y comunitaria. De ahí que, al encontrarnos con el acontecimiento que nos señala el día de la madre y siendo esta la persona que nos dio la vida, todos nosotros nos volvemos con amor, veneración, respeto y gratitud hacia aquella mujer, que nos llevó en sus entrañas, que nos dio su calor de Madre, nos cuidó y orientó providencialmente. Hoy muchos niños van de la mano de su madre y le ofrecen, con sus flores y sus besos, el cariño y la ternura que les expresan como agradecimiento del don de la vida. Celebrar el día de la Madre en muchas mujeres es ocasión propicia la reflexión sobre su identidad y la misión que tiene la mujer en la sociedad y en la Iglesia. Ante esta imagen de la maternidad, que de suyo es la expresión del amor de Dios, nos encontramos con una realidad desafortunadamente negativa: la mujer sigue siendo víctima de discriminación y violencia, maltrato psicológico, físico y moral. Se han multiplicado los crímenes y se ha dado muerte a muchas jóvenes. El comercio de la prostitución y la utilización de la mujer como gancho para las adicciones y complicidad con la mafia, de la drogadicción y el crimen organizado. Es cierto que estás expresiones de atentado contra la dignidad de la mujer no se pueden generalizar absolutamente, pero, por desgracia, son una llaga lacerante en nuestra sociedad mexicana. A pesar de esto, hemos de reconocer cómo la mujer se ha abierto paso, a veces contra corriente,  en los distintos campos del ámbito social: en el aspecto intelectual se ha profesionalizado con notable competencia, lo mismo que en el campo empresarial, cultural, científico, apostólico,  deportivo y artístico. También reconocemos la entrega amorosa de muchas madres que ofrecen su vida, convicciones y valores, su fe y esperanza como el patrimonio maternal en la educación de sus hijos. El venerable Juan Pablo II, el Pontífice que tanto amo a México nos dejo este pensamiento: “la maternidad es un don sublime que la Iglesia exalta. ¿Cómo no habría de hacerlo si cree y reconoce el inicio de la salvación, de su propia existencia, en la maternidad virginal de María Santísima, que engendró a Cristo? Esta perspectiva adquiere más amplias dimensiones a la luz de la carta a los gálatas que aluden a aquella mujer, María, de la cual nació Jesús (Cf. Ga 4,4). En efecto, “la figura de María de Nazaret proyecta luz sobre la mujer en cuanto tal por el hecho mismo de que Dios, en el sublime acontecimiento de la encarnación del Hijo, se ha entregado al ministerio libre y activo de una mujer. Por tanto, se puede afirmar que la mujer, al mirar a María, encuentra en ella el secreto para vivir dignamente su femineidad y para llevar a cabo su verdadera promoción”.

La Iglesia les recuerda el deber que tienen de educar a sus hijos, no sólo en lo cultural y social, sino también en la fe y en la vida cristiana, en las virtudes humanas y cívicas (Cfr. LG 35. 41). Por eso hoy nos dirigimos a ustedes para felicitarlas e invitarlas a vivir con generosidad esta noble vocación. En nuestra sociedad marcada por signos de muerte y desamor en todas sus expresiones como el aborto, la eutanasia, la marginación, ustedes están llamadas a mantener viva la llama de la vida y el respeto al misterio de toda nueva vida (Cfr. MD 30). La Dimensión de Familia del episcopado hace presente a todas las madres de México su felicitación y sus plegarias implorando al Señor sus dones sobre cada una de ustedes para que, en el cumplimiento de su misión dejen la huella de su amor, de su calidad de mujeres y de su dignidad humana plasmados en la mente, el corazón y la vida de sus hijos. No olviden que su vocación a la maternidad conlleva el hacer y el querer de Dios constantemente, escuchando su palabra y guardándola en su corazón de madre para sembrarla en el corazón de sus hijos. 

 

¡MUCHAS FELICIDADES! En nombre del Señor les bendecimos.  

 

+ Mons. Francisco Javier Chavolla Ramos

Obispo de Toluca

Responsable de la Dimensión Episcopal de Familia

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