El arte sacro y los ángeles custodios: visualizar lo invisible

Pastoral de la Comunicación

Tijuana, B.C.- Los ángeles abundan en las ábsides, las bóvedas, los frescos, retablos, paredes, pórticos, cuadros, esculturas, pinturas y demás formas artísticas. En efecto, para el arte uno de los primeros grandes esquemas visuales de ángeles se dio en la iglesia de Santa María la Mayor, donde en 1587 el papa Sixto V hizo una versión en miniatura de la cúpula que Miguel Ángel acababa de completar en San Pedro.

Se cuenta, que en alguna ocasión S. Juan Pablo II, de pie en el umbral de la recién restaurada Capilla Sixtina, quedó tan emocionado por las imágenes ante él que expresó su admiración en poesía preguntando: “¿Cómo hacer visible lo invisible, cómo penetrar más allá de los límites del bien y del mal?”. Ante la gloria de estos frescos recién revelados, con suma claridad después de eliminar 500 años de barniz, Juan Pablo articuló su asombro surgido de una visión de lo divino. La mano de Miguel Ángel había pintado los frescos, pero su intelecto había entrado en el misterio de la creación —no visto por ojos humanos— e hizo visible lo invisible.

De esta forma, el arte ha encontrado una función particular en la complicación de hacer visibles a los ángeles invisibles. La capacidad del arte para personificar y dar forma visual a las ideas era una de sus grandes fortalezas que solo podía ser encontrado a través de la pedagogía del arte.

San Ignacio de Loyola, fundador de la orden jesuita, escribió sobre los ángeles y su papel activo en el consuelo y la tentación en sus Ejercicios espirituales. Según su pensamiento, visibles o no, los ángeles afectan perceptiblemente al alma humana. “El buen ángel toca a la tal ánima dulce, leve y suavemente, como gota de agua que entra en una esponja; y el malo toca agudamente y con sonido e inquietud, como cuando la gota de agua cae sobre la piedra”. Incluso, para aumentar la concienciación sobre el papel de los ángeles, los jesuitas les dedicaron una capilla entera en el Gesú. Los frescos de Ventura Salimbeni comienzan en la bóveda con un relato bíblico de ángeles.

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