El Obispo de Roma a los profesionales de la salud: “impulsar una atención más humana”

Pastoral para la Comunicación.- Este fin de semana de la cuarta semana de mayo, el Papa Francisco recibió a los profesionales de la salud. El Obispo de Roma situó en la actualidad los cambios que ha sufrido el sistema de salud en los últimos tiempos, así como la forma en que se atiende la medicina y la relación con los enfermos. Insistió en el análisis ético de la tecnología en el área de la salud, así como “cualquier práctica o intervención médica sobre el ser humano debe ser evaluada cuidadosamente si realmente respeta la vida y la dignidad humana”.

En efecto, el Papa define los alcances de la práctica de la objeción de conciencia: “en casos extremos en los que la integridad de la vida humana está en peligro, se basa, por lo tanto, en la necesidad personal de no actuar de forma diferente a la propia convicción ética, pero también representa un signo para el entorno sanitario en el que uno se encuentra, así como para los propios pacientes y sus familias”.

Hace un llamado a una praxis de la salud que involucre más agudamente el sentido de la vida “con respeto, para que no se convierta en motivo de desprecio o de orgullo lo que debe hacerse con humildad, a fin de no generar en quienes la observan un desprecio igual, que nos impida comprender las verdaderas razones que los impulsan”. Observando que los sistemas sanitarios actuales corren el riesgo de fijarse más en los costos que en la atención humana y olvidarse de curar el espíritu ya que “la curación, entre otras cosas, pasa no sólo por el cuerpo sino también por el espíritu, por la capacidad de recuperar la confianza y reaccionar, de modo que el paciente no puede ser tratado como una máquina, ni el sistema sanitario, público o privado, puede ser concebido como una línea de montaje”.

Finalizó, acentuando que los profesionales de la salud están llamados a ser constructores de humanidad siguiendo el ejemplo de Jesús: “Con sus gestos y palabras, nos hizo escuchar el toque y la voz de Dios y nos enseñó que cada individuo, en primer lugar, quien es el último, no es un número, sino una persona, única e irrepetible”.

 

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