En el día Internacional del Migrante, “nuestros corazones no estén cerrados como las casas de Belén”: Papa Francisco

Pastoral de la Comunicación.- En el Día Internacional del Migrante, proclamado por las Naciones Unidas oficialmente en el año 2000 para ser celebrado cada 18 de diciembre, la Iglesia proclama y al mismo tiempo, se siente interpelada por los desafíos que representan hoy los desplazamientos humanos, los fenómeno migratorio y las realidades de refugiados que aquejan de forma global a las sociedades contemporáneas. A este propósito, el Papa Francisco ha denunciado el drama de millones de personas que son obligados a salir de sus tierras a causa de la guerra, la pobreza y la violencia. Lo cual,  implica nuestra respuesta común a través de cuatro ejes (cuatro verbos) que ha encomendado a la Iglesia y a los bautizados asumir en nuestras acciones: “acoger, proteger, promover e integrar”, explicados ampliamente en su Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2018.

En el marco de este día, el Pontífice escribió, a través de Twitter, que “Jesús conoce bien el dolor de no ser acogido” y pide que nuestros corazones “no estén cerrados como las casas de Belén”. Como había explicado en el pasado; “cada forastero que llama a nuestra puerta es una ocasión de encuentro con Jesucristo, que se identifica con el extranjero acogido o rechazado en cualquier época de la historia”.

Recientemente, en un mensaje enviado al Foro Social de Migraciones 2018, que se realizó el pasado noviembre en la Ciudad de México, el Obispo de Roma, señaló que la Sección Migrantes y Refugiados, que él mismo dirige, del Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral, prepara un documento del Vaticano en el que se “aboga por una serie de medidas eficaces y acreditadas que, en su conjunto, constituyen una respuesta coherente a los retos que se plantean en la actualidad”. Recientemente el Obispo de Roma, anunció la presentación del documento “20 Puntos de Acción para los Pactos Mundiales”, con el objetivo de ofrecer una contribución al desarrollo de los pactos mundiales para la migración segura, ordenada y regular, y sobre los refugiados, emprendido por la comunidad internacional.

Por otro parte, en este año se anunció que a petición de varias Conferencias Episcopales, el Papa Francisco transfirió la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, para el domingo 29 de septiembre de 2019. Recordemos que al inicio del año de esta por culminar en Pontífice en su Mensaje por la 51 Jornada Mundial de la Paz (1 enero 2018) llevaba por título: “Migrantes y refugiados: hombres y mujeres que buscan la paz” en el que advirtió el auge de los nacionalismos y de una política que culpa “a los inmigrantes de todos los males y priva a los pobres de la esperanza”, denunciando que “vivimos en estos tiempos en un clima de desconfianza que echa sus raíces en el miedo al otro o al extraño, en la ansiedad de perder beneficios personales”.

Un drama en rostros, historias, vidas y cifras:

Actualmente hay 68 millones de personas desplazadas por la fuerza, entre los que se incluyen 25 millones de refugiados, 3 millones de solicitantes de asilo y más de 40 millones de desplazados internos. Ante este panorama, la ONU pide como requisito indispensable tratar a los migrantes con dignidad: “debemos dignificar esas elecciones mostrando respeto y la manera de hacerlo es tratarles con dignidad por haber tomado las decisiones que han tomado” dice las Naciones Unidas en su página web.

Tras las cifras que ha dejado este año 2018, en el que alrededor de 3.400 migrantes y refugiados han perdido la vida en todo el mundo, y  según un informe de Save the Children, las principales víctimas son niños y niñas, destaca el caso de Jakelin, la niña migrante Guatemalteca de 7 años que perdió la vida el pasado 8 de diciembre tras un largo viaje atravesando el desierto. Aunque nunca se nos borrará de la memoria la impactante imagen del pequeño Aylan Kurdi, el niño refugiado sirio de tres años cuyo cuerpo fue hallado sin vida en 2015 en las costas de Turquía donde la embarcación en la que viajaba junto a sus padres y su hermano naufragó.

 

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