Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores

LECTIO

 

Evangelio: Mateo 9,9-13

En aquel tiempo, cuando se marchaba de allí, vio Jesús a un hombre que se llamaba Mateo, sentado en la oficina de impuestos, y le dijo: Sígueme. Él se levantó y le siguió. Después, mientras Jesús estaba sentado a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores vinieron y se sen­taron con él y sus discípulos. Al verlo, los fariseos preguntaban a sus discípulos: ¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y los pecadores? Les oyó Jesús y les dijo: No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. En­tended lo que significa: misericordia quiero y no sacrificios; yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

 

ORATIO

 Haz, Señor, que, cuando nos acerquemos a tu mesa, nos acordemos siempre de nuestra doble vestimenta: nosotros te acogemos como huésped nuestro para que tú nos acojas como huéspedes tuyos. Sólo así, a través de este misterio de comunión, que es superación del pecado y don de salvación, podremos evitar que nuestro culto se trueque en lamento, en un cumplimiento vacío o en una repetición enajenadora.

Que tu Palabra y tu sangre, oh Jesús, nos vuelvan raudos al designio que has preparado para nosotros: tú has realizado ya lo que nosotros tenemos aún por delante como tarea, pero nos acompañas eternamente solidario también en nuestro trabajo cotidiano. Haz que podamos descubrir siempre en nuestra tarea tu don.

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 EI hambre es mi lugar nativo en la tierra de las pasiones. Hambre de comunión, hambre de rectitud; comunión basada en la rectitud, y rectitud alcanzada a través de la comunión. Sólo la vida podrá responder a las preguntas planteadas por la vida. Esta hambre se sacia sólo plasmando la vida de modo que mi individualidad sea un puente hacia los otros, una piedra en el edificio de la rectitud. No nos hemos de temer a nosotros mismos, sino vivir nuestra propia individualidad de manera acabada, buscando el bien. No hemos de seguir a los otros para adquirir la comunión, no hemos de erigir las convenciones en leyes en vez de vivir la rectitud. Libre y respon­sable. Sólo uno fue creado así, y si nos traiciona, su contribu­ción faltará eternamente (D. Hammerskjbld, Tracce di cammino, Milán 1997, p. 77).

Mons. Salvador Cisneros

Parroquia Santa Teresa de Ávila

 

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