“Recibir la unción de enfermos, no es para morir”

Pastoral para la Comunicación. – Los sacerdotes tienen la oportunidad de servir y ser testigos de cómo muchos enfermos, incluso desahuciados, recobran la salud por la santa Unción. Es la fe de la Iglesia la que consigue la salud del cuerpo.

Por ello, el ungir a los enfermos es una costumbre que data desde los mismos apóstoles y que esa Unción es un sacramento instituido por Cristo para darnos la salud del cuerpo y del alma.

En la cultura actual se acepta la utilidad y la necesidad de este sacramento que forma parte de la fe católica; pero para algunos es algo que debe posponerse lo más posible porque se tiene la idea de que es la extremaunción, es decir, el último Sacramento antes de morir, y de allí a pensar que es para que se muera hay un solo paso. Sin embargo, de algunas formas hay un cambio de mentalidad: “va habiendo un cambio de mentalidad entre nosotros los cristianos respecto a este sacramento de la Unción. Hoy en día vemos cómo los enfermos buscan ser ungidos tan pronto como sienten que están en peligro de muerte” como consideran algunas familias.

Incluso hay quienes llaman al sacerdote para que unja a un enfermo que sufre de larga agonía, ya que es un sacramento que da la vida en cuanto que la salud física del enfermo es una buena noticia, un Evangelio, que recibe el cristiano cuando más lo necesita, ya que la enfermedad hace que nos sintamos sumamente necesitados de Dios y de los demás. La Unción tiene también el efecto de perdonar los pecados y regresar la gracia perdida por ellos.

 

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