El valor de una madre

Estos últimos años no han sido favorables para la imagen de la madre. Pero ella sigue siendo la formadora de las nuevas generaciones.

 

Cuando una madre cumple su papel,  es la fuente más poderosa de amor que se conozca en el mundo. Porque una madre buena es irremplazable. No hay computadora, ni escuela, ni educadora profesional que pueda tomar su lugar y hacer una obra tan completa y tan duradera como la que la madre puede realizar en el corazón de sus hijos.

 

¡Cuán poderoso es en el alma de un niño el impacto del rostro de su madre que le sonríe! Los bebés almacenan estas experiencias tempranas y las van convirtiendo en elementos básicos de su personalidad. Del amor que recibe de tan tierna fuente, el niño desarrolla el sentido de su propio valor como persona humana y también el concepto de lo que valen los demás. Aquí se encuentran el origen y la semilla de toda conciencia moral.

 

De la mirada tierna de los ojos maternos y del suave toque cálido y reconfortante de su cuerpo, el niño recibe la capacidad de enfrentar los grandes desafíos de la vida a la vez con paciencia y con fortaleza. Y aprende también a comunicarse con seguridad y con ternura y generosidad ante los demás.

 

Un abrazo por el Día de las Madres

Mons. Salvador Cisneros G.

Parroquia Santa Teresa de Ávila

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