Vivir los viernes de cuaresma

Pastoral de la Comunicación.- No solo se conoce los viernes de cuaresma por la variada y sabrosa gastronomía que acompaña ese día la mesa de las familias. Por el contrario, los viernes cuaresmales son una fuente de espiritualidad que los fieles aprovechan para cultivar la vida espiritual.

La Iglesia establece como día de penitencia todo viernes por lo cual, se resalta el ayuno como una práctica penitencial. En el sentido de una virtud cristiana que inspira el arrepentimiento por los pecados. Ya que la penitencia es “una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión hacia Dios de todo nuestro corazón” (Catecismo de la Iglesia Católica – CIC –, 1431). En consecuencia, el ayuno no se reduce sólo a una cuestión alimentaria. Ayunar es “privarse voluntariamente del placer de los alimentos y de otros bienes materiales”, explicó el papa Benedicto XVI en el mensaje para la Cuaresma de 2009.

Los viernes recuerdan el camino de la cruz, por ello se reza el Vía Crucis (Viacrucis) es una de las devociones más antiguas de la Iglesia. Representa escenas de la Pasión de Jesús y sirven de oración que le acompaña desde su condena por Pilatos hasta su muerte en el Calvario y su sepultura. Aunque se reza durante todo el año, lo más común es la práctica del Viacrucis en los viernes de Cuaresma. Se reza en viernes porque Jesús murió en la cruz el Viernes Santo.

Además, puede contribuir cada viernes de cuaresma el encuentro con la oración y la meditación de la Palabra de Dios. Por ello, existe la posibilidad de cuidar y practicar la oración, dedicar más tiempo al silencio. Viviendo más hacia dentro y menos inclinados a lo superficial. De manera que los viernes de cuaresma se tiene la posibilidad de una sana creatividad para alimentar la vida espiritual, orientada hacía una oración en la que se pueda crecer más en este tiempo, más silenciosa  y de más vivencia de Dios.

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