Dicasterio para laicos, familia y vida en el Vaticano, dedicó su encuentro anual a la protección de menores

Pastoral para la Comunicación.- De acuerdo a lo publicado por el periódico Vaticano L’Osservatore Romano, respecto al reciente Encuentro anual del Dicasterio organizado junto a movimientos eclesiales, estuvo dedicado al tema de la protección de menores.

En efecto,  subraya el Cardenal Prefecto Kevin Farrell, en consonancia con su papel de vigilancia y acompañamiento, se ha convertido en “intérprete de la preocupación y urgencia según la cual el Santo Padre, el Papa Francisco, nos pide que actuemos, en todos los contextos sociales y eclesiales, saliendo a la luz, mirando la realidad de manera honesta, llamándola por su nombre con parresía, procediendo a la purificación necesaria y disponiendo la prevención adecuada”.

En consecuencia, el Dicasterio ha convocado a más de un centenar de moderadores, responsables y delegados de los movimientos eclesiales y de las asociaciones internacionales reconocidas por la Santa Sede para reflexionar sobre el tema: “La prevención de los abusos sexuales: el compromiso de las asociaciones y movimientos eclesiales”. El tema, subrayó el cardenal al comienzo de la obra, “asume un desafío que la Iglesia y la sociedad civil, en todas partes del mundo, tienen que afrontar”. En este sentido -explica el Cardenal Farrell- son fundamentales el ejercicio de la verdad, el conocimiento y la conciencia de “un crimen históricamente extendido en todas las culturas y sociedades”, y el deseo de superar la peligrosa tentación de la subestimación. “Sólo enfrentándose a este fenómeno, estudiándolo, se produce un cambio de mentalidad y de sensibilidad en la opinión pública”.

Sobre todo hay que recordar, explica el cardenal, que detrás de los números y las tablas que describen el fenómeno hay personas: “las personas implicadas, las víctimas y sus abusadores, tienen un nombre y un apellido, un rostro, una historia personal y familiar, social y eclesial, tienen heridas impresas en la mente, en el corazón, en la carne”. En consecuencia, la conciencia de la responsabilidad compartida, como miembros del cuerpo de la Iglesia, en virtud del bautismo y del compromiso propio de los movimientos eclesiales es necesaria.

 

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