Mateo 6,1-6.16-18

Mons. Salvador Cisneros
Parroquia Santa Teresa de Ávila

Miércoles de ceniza, 17 de febrero

Lectura

Mateo 6,1-6.16-18.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Cuiden de no practicar su justicia delante de los hombres para que los vean; de lo contrario no tendrán recompensa de su Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles con el fin de ser honrados por los hombres; les aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Cuando recen no sean como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas para que los vea la gente. Les aseguro que ya han recibido su paga. Cuando tú vayas a rezar entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunen no anden cabizbajos, como los farsantes que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Les aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.

 

REFLEXIÓN

La llamada a la conversión y al tiempo de cuaresma parte del mensaje de Pablo: «Ahora es el tiempo de la gracia; ahora es  el día de la salvación». El motivo es la obra de Dios: Cristo ha hecho ya por nosotros la mayor penitencia. Y nosotros debemos impulsarnos a no dejarle solo, alegrándonos de su gracia, estimulándonos también a  participar en su pasión para contribuir a la reconciliación en el mundo. Si hacemos penitencia no es para ser  recompensados, sino porque queremos seguir a Cristo con  agradecimiento y porque percibimos claramente que la mejor  manera de ayudar al mundo en que vivimos es hacer penitencia. Jesús nos sugiere tres  formas eficaces para ello: limosna, oración y ayuno. Se puede ayunar de muchas maneras: renunciando a la comida, a los placeres y comodidades de todo tipo, al sueño, a los amigos,  para preferir a los pobres, a los necesitados, a los enfermos: a aquellos que no pueden  pagarnos.

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