Lucas 9,22-25

Mons. Salvador Cisneros
Parroquia Santa Teresa de Àvila

Jueves 18

Lectura

Lucas 9,22-25.

Entonces Jesús anunció  a sus discípulos: “El Hijo del hombre, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Después dijo a todos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?

 

REFLEXIÓN

Desde el inicio de la Cuaresma se nos propone la Pascua completa: la muerte y la nueva vida de Jesús. Ese es el camino que lleva a la salvación. Jesús nos presenta una verdad muy paradójica: «El que quiera salvar su vida, la perderá. El que pierda su vida por mi causa, la salvará». La Cuaresma es un tiempo de opciones. Se nos invita a revisar nuestra dirección en la vida.

Todos tenemos la experiencia de que una vida digna y honrada nos lleva a la felicidad, nos conduce a la vida y nos hace sentir las bendiciones de Dios. Y de que cuando hemos sido flojos y hemos cedido a las idolatrías que siempre nos acechan, a la larga nos tenemos que arrepentir, nos queda el regusto del remordimiento y padecemos muchas veces en nuestra propia piel el empobrecimiento que supone abandonar a Dios.

No es fácil el camino que Jesús propone. Es más bien paradójico: la vida a través de la muerte. Es un camino exigente, que incluye la subida a Jerusalén, la cruz y la negación de sí mismo: saber amar, perdonar, ofrecerse servicialmente a los demás, crucificar nuestra propia voluntad. Pero es el camino que vale la pena, el que siguió él. La Pascua está llena de alegría, pero también está cuesta arriba: es subir a la cruz de Jerusalén. Lo que vale, cuesta. Todo amor supone renuncias. En el fondo, para nosotros Cristo mismo es el camino: «yo soy el camino y la verdad y la vida». 

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