Los Sacramentos; sentido y realidad para el hoy

Pastoral para la Comunicación. – Del 4 al 6 de noviembre de 2019 la Arquidiócesis de Tijuana a través de la Dimensión de la Pastoral Litúrgica ha ofrecido como cada año el Congreso de Liturgia con referencia a los sacramentos de iniciación cristiana. Por ello, podríamos preguntarnos hoy ¿tiene sentido, hoy, recibir los sacramentos? ¿qué aportan en realidad? ¿Cómo impacto tienen en la sociedad y en la familia?

Los sacramentos son gestos, símbolos, acciones –como lavar y ungir, partir el pan y compartir la copa- que pueden captarse con los sentidos, pero cuyo significado y poder va mucho más allá de ellos. Como señala el Catecismo de la Iglesia católica, Cristo mismo ha instituido estos signos exteriores y sensibles para dar su ayuda y su gracia a las personas de todos los tiempos; para comunicar, a través de la Iglesia, la vida divina.

El contexto actual dificulta la comprensión de los símbolos y la dimensión trascendente de las cosas. A menudo se banalizan los sacramentos, pero para que produzcan en la persona todo el fruto que pueden producir, importa mucho comprenderlos bien. Dios se expresa en categorías humanas, a través de cosas sensibles perceptibles para la persona que está formada por cuerpo y alma. Y ha querido usarlas para dar gracia a quienes no la tienen, o aumentarla en los que ya la tienen. Los sacramentos santifican eficazmente a quienes los reciben dignamente, obran por el hecho mismo de que la acción es realizada, en virtud de la obra salvífica de Cristo. Como señala Santo Tomás de Aquino, “el sacramento no actúa en virtud de la justicia del hombre que lo da o que lo recibe, sino por el poder de Dios”.

Por eso, siempre que un sacramento es celebrado conforme a la intención de la Iglesia, el poder de Cristo y de su Espíritu actúa en él y por él, independientemente de la santidad personal del ministro. Aunque los ritos visibles bajo los cuales los sacramentos son celebrados ya significan y realizan las gracias, los frutos de los sacramentos dependen también de las disposiciones del que los recibe, destaca el Catecismo de la Iglesia Católica.

Las acciones simbólicas son ya un lenguaje, pero es preciso que la Palabra de Dios y la respuesta de fe acompañen y vivifiquen estas acciones. La persona debe abrirle las puertas a Dios, que siempre respeta su libertad. La contemporaneidad sobrevalora el valor instrumental y ve en la naturaleza casi solamente un objeto de explotación y manipulación, dificulta la comprensión de gestos y símbolos como los sacramentos. Esta civilización ha perdido, en buena medida, la capacidad de percibir la dimensión religiosa de los seres, de las cosas y de las personas.

Por otra parte, los sacramentos, en su simbolismo, en mil detalles de su celebración, están vinculados a la experiencia de la Iglesia y son incomprensibles cuando se les desvincula de esa experiencia. Es como el lenguaje de una familia, de un pueblo: sólo quien está adentro lo comprende bien. Sólo quien se adhiere de corazón a la Iglesia, sólo quien se deja enseñar por ella, y crece en ella, podrá apropiarse plenamente de la riqueza de los sacramentos.

 

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