San Juan Pablo II y Benedicto XVI, peregrinos de Nuestra Señora de Loreto

Pastoral de la Comunicación

 

En la celebración de la Natividad el 08 de septiembre de 1979, llegaría a las plantas de Nuestra Señora de Loreto (Italia) el Papa misionero, San Juan Pablo II, el cual desde la “Casa de Loreto” en la homilía pronunciada en ese día decía que; “María irradie su luz sobre todas las Iglesias que hay en el orbe, desde aquí, en Loreto, que hoy es la meta de nuestra peregrinación común…deseo traer aquí hoy las cordiales palabras de veneración a María, las palabras que brotan de todos los corazones”.

En aquel peregrinar, el Santo Polaco, pedía que la luz que brota por la tradición de la casa de Nazaret en Loreto…fuese ese rayo de luz para las casas de todas las familias, ya que la casa, tutela los valores más profundos: humanos y divinos. Confirmando junto a la imagen de Nuestra Señora de Loreto, su plegaría; “Vengo aquí a buscar la luz en este santuario, por la intercesión de María, nuestra Madre, a la casa de la familia, símbolo de la unidad y del amor, para vencer todo lo que amenaza esta unidad y amor entre los hombres: el odio, la crueldad, la destrucción, la guerra.

Esta era la inspiración, que encontraba en Loreto, pues desde el planteamiento de la cultura de la vida, estaba convencido que “sin amor, sin el verdadero gran Amor, no hay casa para el hombre sobre la tierra. El hombre estaría condenado a vivir privado de todo, aunque levantase los edificios más espléndidos y los montase lo más modernamente posible”.  Su encuentro en el Santuario de Loreto, terminaba invocando a la tierna Madre: “Acepta, oh Señora de Loreto, Madre de la Casa de Nazaret, esta peregrinación mía y nuestra, que es una gran oración común por la casa del hombre de nuestra época, por la casa que prepara a los hijos de toda la tierra para la casa eterna del Padre en el cielo”.

Por su parte, el Papa Benedicto XVI, -hoy emérito- en su visita pastoral a Loreto, en el marco del 50° Aniversario del Papa Juan XXIII, el 04 octubre 2012, contextualizaba su visita a Loreto, en el preámbulo del Año de la fe, que comenzaría dentro de una semana, el 11 de octubre, y en el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que convocó para el mes de octubre con el tema «La nueva evangelización para la trasmisión de la fe cristiana». Acentuando, en su discurso que; “Precisamente aquí, en Loreto, tenemos la oportunidad de ponernos a la escuela de María, de aquella que ha sido proclamada «bienaventurada» porque «ha creído» (Lc 1,45). “Dios se hace hombre, María se hace «casa viviente» del Señor, templo donde habita el Altísimo. Ésta es una invitación que resuena hoy con particular fuerza. En la crisis actual, que afecta no sólo a la economía sino a varios sectores de la sociedad, la Encarnación del Hijo de Dios nos dice lo importante que es el hombre para Dios y Dios para el hombre”. Explicaba en esa ocasión que la fe nos hace habitar, vivir, pero también nos hace caminar por la senda de la vida.

En este sentido, explicaba el Papa Benedicto XVI: “la Santa Casa de Loreto conserva una enseñanza importante. Como sabemos, fue colocada en un camino. Esto podría parecer algo extraño: desde nuestro punto de vista, de hecho, la casa y el camino parecen excluirse mutuamente. En realidad, precisamente este aspecto singular de la casa, conserva un mensaje particular. No es una casa privada, no pertenece a una persona o a una familia, sino que es una morada abierta a todos, que está, por decirlo así, en el camino de todos nosotros…que nos hace caminar, nos recuerda que todos somos peregrinos, que debemos estar siempre en camino hacia otra morada, la casa definitiva, la Ciudad eterna, la morada de Dios con la humanidad redimida” (cf. Ap 21,3).

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