Servicio y vocación de Misioneros Scalabrinianos, una respuesta al grito de los migrantes en esta frontera

Pastoral de la Comunicación.- En el contexto del reciente encuentro de los Misioneros de San Carlos con el Papa Francisco, con ocasión de su Capítulo General que se realiza en la Ciudad de Roma, el Pontífice ha señalado en su mensaje algunos aspectos del servicio y entrega a los migrantes, que no sólo valen para quienes desempeñan una loable y ardua labor a favor de los mismos, sino para todo fiel bautizado llamados a un compromiso con la Iglesia de frontera que continua animando y asumiendo el “rostro migrante” como lo ha acentuado nuestro Arzobispo Francisco; “nuestra Arquidiócesis tiene un rostro de migrante”.

En consecuencia, el Obispo de Roma, llama a encontrar siempre nuevos caminos de evangelización y de cercanía, de frente al fenómeno migratorio actual, amplio y complejo y evidencia que hoy como ayer, la misión de los padres scalabrinianos es una misión que “tiene lugar en contextos difíciles, a veces caracterizados por actitudes de sospecha y prejuicio, incluso de rechazo hacia la persona extranjera”.

En nuestra Arquidiócesis, el carisma scalabriniano se hace presente de diversas formas, concretamente en  la actual Casa del Migrante, fundada desde 1987, con el objetivo de atender a los migrantes más vulnerables que llegan a nuestra frontera, sean deportados, en tránsito, desplazados o refugiados. Ofrece servicios concretos de primera necesidad; techo, alimentos y vestido, además de una amplia gama de servicios complementarios totalmente gratuitos encaminados a la reinserción social de los migrantes. Abriendo sus puertas al ministerio de la acogida, de migrantes provenientes de todo el mundo, principalmente de diferentes estados del sur de México, Centroamérica y América del Sur.

Así, el Papa Francisco ha evidenciado que en el corazón de los migrantes existen historias “bellas y feas” y advierte del peligro que corren: “que sean eliminadas: las feas, por supuesto; pero también las bellas, porque recordarlas hace sufrir”. Por lo tanto, -advierte el Santo Padre – el riesgo es que el migrante se convierta en una persona desarraigada, sin rostro, sin identidad. Y ésta -señala- es “una pérdida muy grave, que puede evitarse escuchando, caminando al lado de las personas y las comunidades de migrantes. Poder hacerlo es una gracia, y es también un recurso para la Iglesia y para el mundo”.

Llevar adelante la misión con el carisma del beato Scalabrini, llevando adelante la propia misión “con el propio estilo madurado en el encuentro fecundo entre el carisma del beato Scalabrini y las circunstancias históricas” es el constante desafío, advirtió el Pontífice.

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