El Apóstol Santiago sigue caminando con nosotros: El Camino de Santiago

Pastoral para la Comunicación.- En la Biblia se alude habitualmente a él bajo el nombre de Jacobo, término que pasó al latín como Iacobus y derivó en nombres como Iago, Tiago y Santiago (sanctus Iacobus). Santiago de Zebedeo o Santiago el Mayor fue uno de los primeros discípulos en derramar su sangre y morir por Jesús. Miembro de una familia de pescadores, hermano de Juan Evangelista -ambos apodados Boanerges (‘Hijos del Trueno’), por sus temperamentos impulsivos- y uno de los tres discípulos más cercanos a Jesucristo, el apóstol Santiago no solo estuvo presente en dos de los momentos más importantes de la vida del Mesías cristiano -la transfiguración en el monte Tabor y la oración en el huerto de los Olivos-, sino que también formó parte del grupo restringido que fue testigo de su último milagro, su aparición ya resucitado a orillas del lago de Tiberíades.

Tras la muerte de Cristo, Santiago, apasionado e impetuoso, formó parte del grupo inicial de la Iglesia primitiva de Jerusalén y, en su labor evangelizadora, se le adjudicó, según las tradiciones medievales, el territorio peninsular español, concretamente la región del noroeste, conocida entonces como Gallaecia.

Algunas especialistas en el tema apuntan a que el actual patrón de España llegó a las tierras del norte por la deshabitada costa de Portugal. Otras, sin embargo, dibujan su camino por el valle del Ebro y la vía romana cantábrica e incluso las hay que aseguran que Santiago llegó a la Península por la actual Cartagena, desde donde enfiló su viaje hasta la esquina occidental del mapa.

De aquí el famoso “camino de Santiago” el cual para una mayoría expresan que el “…el camino de Santiago es símbolo de fraternidad entre pueblos y personas del mundo entero, […] es respeto, comprensión, solidaridad, diálogo entre culturas y lenguas”. Ya que el peregrino en el camino, “no sólo aprende el origen y fundamento de sus creencias cristianas sino que las vive en lo más profundo de su corazón a través de la celebración de los misterios y del ejercicio de la caridad como imagen del auténtico Camino de la vida que no es otro sino el que nos lleva a la patria eterna”. En consecuencia contemplar el Camino como una ruta turística y ecológica, sería “mutilarlo” y “lo dejaríamos sin el auténtico sentido de experiencia de fe a través del arte y de la obra de la creación”.

“Hoy el Camino de Santiago sigue vivo, es actual”, “es el camino de fe que recorre el hombre de hoy en estos momentos difíciles para la evangelización, es por tanto un camino para la Nueva Evangelización, como se puede leer en los diversos documentos al respecto del tema.

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