Los Jóvenes “influencer” de Dios, para vivir la Semana Santa

Pastoral de la Comunicación.-El Pontífice en la Jornada mundial de la Juventud en Panamá explicó que María fue una joven con una fuerza tal que aceptó la voluntad de Dios, que fue más allá del “vamos a probar a ver qué pasa”.  Fue el “sí” de quien quiere comprometerse y arriesgar, de quien quiere apostarlo todo, sin más seguridad que la certeza de saber que era portadora de una promesa”.

 

Una joven que “tendría complicaciones, ciertamente, pero no serían las mismas complicaciones que se producen cuando la cobardía nos paraliza por no tener todo claro o asegurado de antemano, resaltó el Obispo de Roma. Por ello, la Semana Santa y en ella el sentido de la Pascua para el joven presenta una oportunidad para atreverse a ser distintos, a mostrar otros sueños que este mundo no ofrece, a testimo­niar la belleza de la generosidad, del servicio, de la pureza, de la fortaleza, del perdón, de la fidelidad a la propia vocación, de la oración, de la lucha por la justicia y el bien común, del amor a los pobres, de la amistad social.

Así, los Jóvenes pueden ser “influencer” de Dios a través de la vivencia de Semana Santa, apelando a diversas razones:

1.-Porque la Semana Santa es un espacio celebrativo y vivencial adecua­do para el encuentro con otros jóvenes, que in­tentan vivir su adhesión a Jesús de una forma madura y razonada.

2.-Porque la experiencia personal del misterio de la Muerte y la Resurrección del Señor es esencial para conseguir una identidad cristiana juvenil, que se enganche a la vida des­de la opción por Jesús.

3.-Porque si miramos la historia de muchas personas dedica­das desde su seguimiento de Jesús a la Pas­toral de Juventud, nos damos cuenta de que las celebraciones pascuales les han ayudado a fundamentar su fe en Dios, desde la experien­cia.

4.-Porque tenemos que conseguir que nuestros jóvenes descubran que Jesús entregó su vida por cada uno de ellos, de todos, y que desde la experiencia de la Resurrección nos llama personalmente a tra­bajar por la construcción de su Reino, del Rei­no de los últimos.

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