PALABRAS DEL ARZOBISPO EMÉRITO EN LA TOMA DE POSESIÓN DE MONS. FRANCISCO MORENO

 

       Hoy por la mañana fue la recepción de nuestro querido Arzobispo, mi sucesor Francisco Moreno Barrón en el aeropuerto. Después avanzamos un poco a lo largo de la línea y nos detuvimos en un punto en el que lo identificamos como el bordo, donde normalmente se hacía o se hace algún reconocimiento de nuestros hermanos migrantes que han sufrido lamentablemente la muerte y también el sufrimiento de tantos otros.

          Y en el momento de mis palabras comentaba que desde mi llegada hace 20 años, traía la conciencia clara de que este era un lugar singularísimo del paso de migrantes y quise decir que Tijuana tiene rostro de migrante. Y así es, lo vemos inclusive particularmente en estos últimos días con este movimiento fuerte de migrantes venidos de tantas partes del mundo. Ya no nada más de Centroamérica, El Caribe y de nuestros propios compatriotas necesitados que van en búsqueda de un modo mejor de vivir y también de encontrar aquella posibilidad de dar un mejor modo de vivir a su propia familia.

          Hoy nos reunimos aquí en este punto singular. Ahí les decía que además de ser Tijuana un rostro de migrante, también lo que ya es muy nuestro decir “aquí empieza la patria” porque somos el punto realmente más distante del centro del país. Aquí empieza la patria: un lugar en que aparentemente no es favorable para el establecimiento de una población como lo es Tijuana. La topografía no es la adecuada y sin embargo está aquí. Esta ciudad importante en todo lo que es la península de Baja California y particularmente en este Estado de Baja California. Y así simplemente lo decimos, tener que decir norte pero este es Baja California. Es un punto de muchas promesas, muy prometedor. Hay mucha pobreza también. Tenemos aquí como un signo singular que la diócesis, y digo diócesis, la Arquidiócesis de Tijuana tiene la presencia, prácticamente más fuerte de la familia de la Madre Teresa de Calcuta, que dentro de unos cuantos días será declarada santa, el día 4 de septiembre. Y aquí tenemos una presencia muy singular. Tenemos varias casas de ellas aquí en la ciudad, una más en la ciudad de Rosarito. Además de tener aquí también el nacimiento, la sede de la rama varonil. Aquí se inician todos los futuros Misioneros de la Caridad que tienen que pasar un tiempo aquí en Tijuana en su casa de formación, lo que corresponde a un seminario Menor, inclusive alcanzando hasta la Filosofía.

          Es esta ciudad una ciudad realmente de muchos retos y muy prometedora. Durante un tiempo me llamaba particularmente la atención que en los distintos puentes peatonales de la ciudad, de cualquier punto de la ciudad en los puentes peatonales de las vialidades principales se alcanzaba a leer: “Tijuana, capital mundial de la televisión”. Y esto impacta o impactaba. Y ahora todavía impacta, porque al igual de entonces podíamos ver en todas las empresas prácticamente: “solicitamos personal”, es decir, había y ahora también empieza a resurgir ofrecimiento de trabajo.

          Es esta pues una realidad muy singular. Una ciudad que en los 20 años que me ha tocado a mí servirla puedo decirlo literalmente que se ha duplicado al cien por ciento. A mi llegada escuchaba la expresión de una ciudad con 1 millón pasadito de habitantes. Y ahora supera los 2 millones de habitantes, crecida al cien por ciento. Una ciudad que promete mucho y ofrece mucho, y que por lo tanto también reta mucho. Es muy retadora.

          Para la Iglesia en su sentido pastoral es también un reto muy importante, mucho muy importante. Las parroquias también se han duplicado. De más o menos 50 en cuando yo llegué, ahora son 100. Los sacerdotes casi se han duplicado, de 110 que recibí entonces, incluyendo lo que ahora es Ensenada, ahora tenemos aquí 175 diocesanos y 65 de vida religiosa. Es una sede fuerte también en la capacidad de servir a los demás.

          La vida consagrada femenina para mi es también particularmente impactante porque tenemos cerca de 500 religiosas, y de esas 500 religiosas prácticamente el 25 por ciento son de vida contemplativa. Eso también es sumamente importante: vida contemplativa. Esta ciudad por lo tanto debe ser también muy prometedora en vocaciones.

          Recuerden los encuentros de renovación cuando tenían esas grandes multitudes y yo los visitaba y aclamaba y gritaba dónde están los jóvenes y un sector muy grande me decía: “aquí”. Y yo les decía a qué bueno muchas vocaciones. Y se sentaban. Sí, no han respondido las vocaciones. Mi oración ha sido de veras constante desde que llegué hasta que culmine mi vida seguiré rezando siempre por las vocaciones, pidiendo por las vocaciones, pidiendo al Señor que inspire a esta multitud de miles y miles de jóvenes, muchachos y muchachas que sean capaces, de veras, de esa valentía y generosidad, de que si el Señor les insinúa la posibilidad de la vida consagrada, a la vida sacerdotal, religiosa, misionera, contemplativa y de laicos comprometidos sean capaces de decirle con grande alegría: “aquí estoy Señor porque me has llamado”.

          Esta es pues esta realidad que ofrecemos hoy a nuestro querido Señor Arzobispo que lo recibimos con grandísima alegría. De corazón le decimos: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!” y así lo recibimos con todo ese corazón de que Dios es el que lo manda, Dios es el que ha puesto en su corazón este destino y por lo tanto, sabemos desde luego, que él recibe esta invitación con un corazón abierto y que está dispuesto a entregar su vida, como lo decimos en la recepción de los nuevos párrocos en su parroquia, que esté dispuesto a vivir su fe hasta el último suspiro de la vida para poder continuar implantando en estos sectores tan estupendos, tan magníficos, esa semilla de la fe que tiene que fructificar grandemente.

          Me siento verdaderamente feliz por ver la cantidad tan grande de hermanos obispos que nos acompañan, de todas las partes de México, nos acompañan estos hermanos obispos, y también Monseñor José Gómez, el Arzobispo de Los Ángeles, también está aquí con nosotros acompañándonos. Es una grandísima alegría. Yo tenía un reporte menor pero al ver ahorita la cantidad pensé ¡qué alegría!.

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